Lo que parecía un partido abierto a espaldas de los mediocampistas de una y otra Selección se convirtió en una repetición de errores. Tras el gol de Chile, luego de que
Felipe Gutiérrez cabeceara solito en un córner ante la atenta mirada de
Lucas Biglia, Argentina decidió tapar a sus errores con carácter. El peso de sus individualidades lo llevó al empate (corajeada de Agüero y definición con clase, y con la de palo, de Di María) e incluso al 2-1, con alta cuota de responsabilidad de Otamendi al ir con todo para bajar de cabeza una pelota en el área, cuyo rechazo de Isla le quedó a
Gabriel Mercado, el héroe menos pensado, para meter el gol de la victoria con una pirueta.