La alegría y el fervor desbordante se mezclaron con una pizca de desahogo, y cada hincha repasó seguramente los momentos más intensos vividos en algún estadio al que los llevó la pasión por el Gallo. Intensos de los buenos y de los malos, porque así se escriben las historias de los clubes. Ninguno ha gozado eternamente. Y ninguno ha soportado sólo capítulos negativos. Entonces, ahora, cuando Deportivo Morón acaba de asegurarse por anticipado la obtención del título de Primera B y el pasaje a la B Nacional, en medio de la felicidad plena también hay espacio para desempolvar recuerdos que terminan de pintar los sentimientos.
El 20 de junio, el club cumplirá 70 años, y no será un cumpleaños más. Este llegará con la enorme satisfacción de haber subido de categoría y de desembarcar en la segunda división de nuestro fútbol, tal como ocurrió hace 27 años. En 1990, el gran festejo se desató el 14 de abril, con un triunfo por 2 a 0 sobre Defensores de Belgrano que consagró campeones a los dirigidos por Salvador Daniele.
Tras diez años en la B Nacional, Morón descendió a Primera B en la temporada 1999-2000 y, desde entonces, en un par de ocasiones acarició el regreso, pero recibió golpes durísimos. Por ejemplo, aquel de la promoción ante Defensa y Justicia, en junio de 2006. Tenía la serie prácticamente en sus manos, ganaba 3-1 la revancha en Florencio Varela luego de un empate en el oeste, pero en tiempo adicionado el Halcón metió dos goles, igualó e hizo pesar la ventaja deportiva, por lo que mantuvo su sitio en la categoría.
Ese mismo año, en diciembre, Morón dispuso de una magnífica chance de ganar el torneo Apertura y garantizar así su presencia en una finalísima por el Ascenso. Sólo le faltaba un punto y enfrentaba en casa a Español, que dio la sorpresa. Ante una multitud, el 1-0 en favor del equipo gallego permitió que Estudiantes se adjudicara el torneo por mejor diferencia de goles.
Pero la rueda del fútbol nunca se detiene y constantemente ofrece revancha. Y esta vez Morón no dejó dudas ni falló frente a la oportunidad que se le presentó para cortar el largo ayuno. Aunque arrancó mal, con sendas derrotas ante Tristán Suárez y Estudiantes, después de esos dos tropezones iniciales edificó una campaña espectacular.
En los treinta partidos posteriores sólo perdió una vez -contra Atlanta en Villa Crespo- y con mucha autoridad y notable equilibrio confirmó que es, sin dudas, el mejor del campeonato. Los goles del superhéroe Damián Akerman (el hombre que más veces vistió esa camiseta oficialmente y el que más tantos anotó en la historia del club) y el variado aporte individual y colectivo que distinguió al equipo de Walter Otta hicieron que la coronación se diera cuatro fechas antes del final.
Así, habrá más tiempo para que la gente extienda la celebración, archive penas del pasado y comience a pensar en un futuro con desafíos bravos en la B Nacional. A punto de apagar setenta velitas, el Gallo canta “Dale Campeón” luego de imponer condiciones en el siempre exigente campeonato de la B. Por lo que desplegó en la cancha, la gloria que disfruta no le queda grande.
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