El entrenador campeón del mundo analiza el presente y sobre todo el futuro de la actividad futbolística, planteando a su vez la necesidad de enfocarse en otras prioridades que hoy tienen conexión directa con la grave emergencia sanitaria producida por el COVID-19

“Estoy como todo el mundo: metido en mi casa y sin salir. Esperando que la situación algún día mejore. Porque algún día tendrá que mejorar”.

-¿Y mientras tanto?

-Mientras tanto trato de no forzar situaciones. Lo contrario de lo que se está haciendo en el fútbol mundial.

El Flaco Menotti y sus circunstancias. Y sus observaciones más o menos filosas. Casi siempre diferentes a lo que el ambiente del fútbol suele proponer. En este caso bajo la tempestad que desató el coronavirus.

-Escribiste hace un par de semanas en el diario Sports de Barcelona que hoy pensar en el fútbol te parece algo muy lejano.

-Es que en estos momentos de tanta incertidumbre y desolación, al fútbol hay que darle un tiempo y un espacio que no es el actual. ¿De qué vamos a estar hablando? ¿De táctica? ¿De estrategia? ¿De partidos? ¿De entrenamientos? La realidad es que no tiene ningún sentido. Son otras las necesidades. Otras las expectativas. Yo sigo siendo un hombre del fútbol, pero… La vida ahora pasa por otro lado. Por eso no me gustan para nada ciertas cosas que vienen ocurriendo.

-¿Como cuáles?

-Lo que hacen muchos entrenadores mostrando lo que les piden y exigen a los jugadores a la distancia, controlando las series de abdominales y los movimientos que hacen o dejan de hacer en un departamento de dos o tres ambientes. En eso no coincido. ¿Para qué sirve todo eso? Los jugadores saben como cuidarse, como mantenerse, como enfrentarse a las exigencias de su profesión. Los que no lo saben, aprenden. Mostrar como cada uno entrena en su casa no es algo que rescato. Al contrario.

-Pero por estos tiempos el exhibicionismo es una moneda que las sociedades compran.

-Sí, ya lo sé. Por eso mismo no es lo mejor estar ahí todo el tiempo. ¿Qué se gana? Forma parte de ese exhibicionismo que planteaste. Como ya dije antes: el fútbol tendrá que esperar. Y no me vengan con que de aquí en adelante se organicen partidos sin público. Si no se puede jugar con público por una cuestión lógica de seguridad sanitaria, entonces que siga suspendido el fútbol. Es lo que corresponde.

-¿Sin gente en las canchas no se justifica el fútbol?

-No, sin gente no se justifica. Sería como pedirle a Osvaldo Pugliese que dirija su orquesta o al Polaco Goyeneche que cante unos tangos en una sala de teatro completamente vacía. Es absurdo. Es insólito. Eso vale para un ensayo. O para muchísimos ensayos. Pero no para una actuación. Y con el fútbol pasa exactamente lo mismo. Es horrible el fútbol sin gente. No dan ganas de ver nada. Pierde atracción. Pierde el espectáculo. Pierden todos. A mí no me genera nada agradable el fútbol rodeado de esos grandes silencios, en los que hasta los jugadores se terminan cuidando a la hora de hablarse en la cancha, porque la televisión registra todo. Hasta el sonido que marca si se le pegó bien o mal a la pelota. Volver a jugar en estas condiciones no le sirve al fútbol.

-¿Y a quién le sirve, entonces?

-Como siempre, al negocio del fútbol. Pero no al juego. Los apuros no conducen a ningún lugar importante ni virtuoso. Siempre lo pensé. El apuro confunde, perturba. Porque en todas las actividades hay tiempos que tienen que respetarse. El fútbol no puede estar ajeno a esa naturaleza.

-¿Consumís en estos días partidos de fútbol históricos que la televisión programa?

-No, en absoluto.

-¿Por qué?

-Porque me aburren. Aunque sean las finales de un mundial. Incluso la de Argentina en el 78. O cualquier otra. Son películas que ya ví. Que sé como se desarrollaron, quién ganó, quién perdió, qué pasó y que cosas no ocurrieron. La verdad es que no me despierta ningún interés ver noventa minutos de un partido que en otro momento y en otro contexto me pudo haber emocionado. Pero hoy no. Ahora quisiera ver lo que todavía no vi.

-Vas a tener que esperar bastante.

-Sí, seguro. Pero que sea con público. Y si no puede darse, muy simple: no jugar. Las prioridades, claramente, están en otros lugares. Y las prioridades de los jugadores también deben estar en otros lugares.

-¿En qué lugares?

-Por ejemplo, en cuidar a la familia. En vivir con armonía estos momentos tan difíciles. En comunicarse con los padres, con los hermanos, con las parejas, con los amigos, con toda la gente que quieren. Esta es la gran prioridad. El fútbol, si la vida poco a poco se va acomodando, va a volver a estar donde casi siempre estuvo. No tengo dudas. Pero ahora es tiempo de organizar la tristeza. La alegría, sin ninguna duda, algún día va a regresar.

-¿Organizar la tristeza?

-Claro. Esta tristeza y este dolor que estamos padeciendo hay que organizarlo. Es como una especie de duelo. No se puede clausurar. Hay que transitarlo. No queda otra. Y transitarlo de la mejor manera posible. Por eso es muy necesario, diría que imprescindible, organizar esta tristeza. Hasta que regrese lo que todos deseamos que regrese. Que por supuesto no es solo el fútbol. Es todo. Creo que esta es la gran tarea. Y cada uno tendrá que hacer su aporte.

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