A puro fútbol y sin reservas, el capitán de la Selección campeona del mundo en Argentina 78 aborda la actualidad, elogia a River y a Gallardo, le apunta a viejos interrogantes siempre presentes, plantea que su deseo de volver a ejercer como entrenador está intacto y nunca tira la pelota afuera

-¿Compartís lo que nos dijo el Flaco Menotti, respecto a que el “fútbol sin público es horrible?”

-Y por ahí debe andar. Más bien que pierde atracción, clima, color. Tanto para los que juegan como para aquellos que lo miran por televisión. Claro que es muy difícil resolver en el futuro esta situación, porque van a existir muchísimos intereses en juego. Y habrá que ver como quedarían las cosas. Y que se termina haciendo.

-Ahora, sin fútbol, ¿ves en la tele partidos de décadas pasadas? Por ejemplo, algunos de viejos mundiales. Incluso del mundial 78 que ganaron con la Selección.

-No. Me aburren. Y eso que nunca abandoné el fútbol. Es más: los domingos me veía tres o cuatro partidos al hilo. Estaba sentado desde las dos de la tarde hasta las once de la noche. Pero ahora no me engancho con partidos viejos. No los disfruto.

Tiene tiempo y ganas Daniel Alberto Passarella de afrontar una charla larga y sin apuros. De hablar sobre los temas que vayan surgiendo. “Ojo que yo no soy de dar notas”, nos anticipa. Pero la nota poco a poco se va construyendo. Y él lo sabe.

-¿Cómo vivís esta gravísima emergencia sanitaria que nos desafía a todos?

-No puedo ser original. La vivo adentro de mi casa y extrañando una enormidad a mis tres nietos. Y esperando que todo esto algún día quede atrás. Será dentro de un par de semanas o un par de meses, pero no se sabe. Y creo que no lo sabe nadie. Hoy la prioridad está en ese lugar. El fútbol puede esperar.

-Sí, es cierto, el fútbol puede esperar y tiene que esperar, aunque las urgencias económicas están empujando a que no pocos dirigentes hayan instalado rebajas en los salarios de los jugadores.

-Creo que debería haber un acuerdo entre AFA, Agremiados y el Gobierno. No se pueden tomar las mismas medidas para todos. No sería justo. Porque no es lo mismo un jugador de Boca, River, Independente, Racing o San Lorenzo que otro jugador de un club más humilde y con un presupuesto mucho más modesto. Esto no creo que nadie lo desconozca. Lo sabemos todos.

-¿En qué quedaron tus deseos de volver a ser el entrenador de un equipo?

-Ese deseo no lo perdí. Lo mantengo.

-¿Estuviste realmente cerca en octubre del año pasado de ser el técnico de Cerro Porteño de Paraguay? Por lo menos eso es lo que nos comentaste en aquella oportunidad.

-Me parece que estuve cerca hasta que en un momento esa chance se terminó derrumbando por cuestiones que no manejo. Pero mi iniciativa no se modificó. Me gustaría volver a hacerme cargo de un equipo en la Argentina o en el exterior. Por supuesto que con algunas reservas.

-¿Qué tipo de reservas?

-Saber bien cuál es el proyecto. Qué es lo que quieren en definitiva.

-El proyecto de los dirigentes con más o menos capacidades para conducir un club, es siempre el mismo: que el equipo gane todos los partidos. Lo del proyecto hay que tomarlo con pinzas.

-No, no puede ser así. Hay equipos que no están en condiciones de ganar todos los partidos, o casi todos. Depende de la constitución del plantel. De los jugadores que integran ese plantel. De la fortaleza que tenga. Y de las ambiciones generales. Hay equipos que están para ganar todo y hay equipos que están para acompañar. Pasa en todos los campeonatos.

-Antes dijiste que mirabas una gran cantidad de partidos del fútbol argentino. ¿A qué jugadores destacas?

-Hay buenos jugadores, pero no hay grandes jugadores. Esa diferencia no es menor. Antes, hace muchos años, por ejemplo cuando yo jugaba en River, los grandes jugadores estaban acá, jugaban acá, en la Argentina. Ahora ya no. A mí me siguen gustando los tipos que gambetean. Una gambeta desarma cualquier sistema defensivo. Y para tener desequilibrio ofensivo continúa siendo muy pero muy importante el poder de la gambeta. Porque rompe todo.

-¿Qué te despierta este River que dirige hace varios años Marcelo Gallardo?

-Me gusta Gallardo y me gusta River.

-Profundizá un poco más.

-Sí, en general me gusta cómo juega River. Sus movimientos, su actitud, su manera de ir a buscar los partidos. Cómo va al ataque, cómo presiona, cómo ejecuta rápido. Y con la cantidad de gente que pasa al ataque. Esto lo viene manteniendo. Porque no es fácil jugar en ataque. Y no perder la pelota en zonas complicadas donde todos pueden quedar mal parados. Tenés que encontrar jugadores que manejen bien la pelota. Y que después lleguen a posición de gol. River lo hace con mucha gente. Y sigue ahí.

-Es pimpante como dicen en Italia cuando un equipo es veloz y agresivo.

-Sí, tal cual.

-Te llevo a lo que declaró Maradona hace dos días. Comentó que en México 86 nadie te echó, que vos te “echaste” solo. Y que vos repetías que “teniendo en la cabeza a Menotti no se podía jugar con Bilardo”.

-Yo creo que vos me conocés bien. Conocés mi trayectoria, mi pasado como jugador, mi carácter, mi personalidad, lo que hice en el fútbol…

-¿Y entonces?

-Todos saben lo que pasó en aquel mundial de México 86. Y yo mejor que nadie.

-No creas que lo saben todos. Las nuevas generaciones se quedan afuera de muchas cosas.

-Te repito: para mí todos saben lo que pasó.

-Sigamos en el pasado. Después de España 82 pasaste a la Fiorentina. Sin embargo por esos días pudiste ir al Real Madrid. Alfredo Di Stéfano te había elegido y recomendado. La chance era concreta. ¿Qué pasó?

-Es cierto. Alfredo me había tanteado cuando dirigió a River en el 81 de ir después del Mundial del 82 al Real Madrid. Me preguntó si me gustaba. Más bien que le respondí que sí. Que ojalá se diera. Pero llegó antes una oferta bien concreta de la Fiorentina y cerré todo con los tanos. Alfredo a los dos días se enteró y me dijo, “más vale pájaro en mano que cien volando”.

-¿Cómo era Di Stéfano en el trato cotidiano?

-Yo tenía una muy buena relación con él. Era directo y duro pero con un gran sentido del humor. Y cuando fue entrenador de River compartí muchas cenas con él junto a Pipo Rossi que vivía enfrente del Monumental. En una de las tantas noches que compartimos, hablando del fútbol de antes y del fútbol de estos tiempos, me dijo muy serio que aquella Máquina de River a la Selección Argentina campeona del mundo en el 78 le metía por lo menos tres goles. No lo decía para bromear. Lo planteaba con ese tono tan especial que identificaba a Alfredo.

-La última. Cuando pase el temblor universal del coronavirus, ¿cómo te imaginás?

-No lo sé. Eso sí: espero que ese día llegue lo más rápido posible.

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