En un mano a mano con POPULAR, el titular de la APREVIDE anticipa la vuelta de los visitantes en territorio bonaerense y plantea la necesidad de que sean los socios quienes puedan seguir a su equipo fuera de su estadio. Ganar "la batalla cultural" es su principal objetivo

Las próximas fechas del torneo de Superliga -y algunas de Ascenso- tendrán la novedad en algunas canchas de la provincia de Buenos Aires de contar con público visitante. Aún no están diagramados los partidos ni el modo en que se llevarán adelante los operativos, así como tampoco el criterio general de admisión. ¿Será una ventaja para los socios, o las entradas estarán disponibles para todos? En una charla con POPULAR, el titular de la APREVIDE, Juan Manuel Lugones, adelantó algunos detalles.

—Estuvo en Rusia por cuestiones de seguridad. ¿Hay aspectos de su gestión que serán tenidos en cuenta en el Mundial?

—Fui acreditado por AFA y avalado por la FIFA en el espacio en el que se habla de Seguridad y se establecen las reglas del juego, no solamente con las delegaciones, sino afuera de la cancha. La invitación llegó por la valoración del trabajo desde diciembre de 2015. Mejoramos mucho el trabajo en la Provincia, una tarea pendiente de los últimos 25 años.

—¿La experiencia sirve para extrapolar cosas acá o a la inversa?

—Afuera hay respeto a las fuerzas de Seguridad y el apego a las normas. No la tenemos arraigada nosotros. A mí me pidieron limpiar el vaso por dentro, terminar con una APREVIDE como organismo recaudador y que no combatía a las barras bravas. Esa es la lucha de los fines de semana. La otra batalla es cultural: debemos empezarla ahora para tener resultados en algunos años. Hay que entender que la cancha es un espacio común, no se puede hacer lo que uno quiere. No puede haber falta de normas, pensar que en la cancha se puede hacer lo que quiere. Históricamente hubo otro comportamiento en las canchas, yo lo vi. La cantidad de drogas que detectamos en los partidos dan cuenta de esto, de querer ingresar con elementos indebidos. Es una mala idea ser barra brava con una gestión que las combate realmente.

—¿Sostiene diálogos con líderes de las barras o “negociadores”?

—Esta es una ventaja: no tenemos diálogo con los barras. Rompimos el paradigma que decía que había que tener buen diálogo con ellos. A los que no les gusta nuestro trabajo, buscan por todos los medios una relación con nosotros, establecer un diálogo. Hicieron hasta operaciones de prensa con una foto mía con Bebote (Álvarez). Cuando recién arrancamos, él se paraba en un pilar frente a la entrada de la cancha y repartía las entradas frente a la vista de la Policía. En el primer partido que fui, se paró delante de todos y delante mío. Quiso hablar y le dijimos que no. Alguien le sacó una foto de atrás: un grupo de periodistas inescrupulosos recortó la foto e hicieron una operación: El jefe de la APREVIDE, hablando con la barra de Independiente. No tener compromiso con los barras nos permite tener las manos limpias para hacer nuestra gestión. Acá no hacemos como algunos árbitros que miran la camiseta antes de tomar una decisión.

—¿Y piensa que vas ganando, perdiendo o empatando?

—Estamos ganando, pero todavía el partido sigue. Cuando vas a Lanús y ves que no se animan a ir a la cancha -porque los últimos dos partidos de local no fue la barra-, te das cuenta de que no hay privilegios. La barra ve los partidos por televisión… tuvo que haber sacado el codificado.

—La barra no está sólo en la tribuna. También cobra estacionamiento, suele ser dueña de las parrillas…

—Desde ya. Ahí es donde pedimos ayuda al Poder Judicial. Nos brinda fiscales maravillosos y valientes como la fiscal Viviana Giorgi o José Luis Juárez. Pero también tenemos jueces y fiscales que no se animan. Hay veces que metemos preso a un barra y cuando llego a mi casa ya está tuiteando que salió.

—¿Eso es porque el juez o fiscal no se anima o por otra cosa?

—Porque no se animan, sin dudas. Aunque también hay jueces que parece que juegan para las barras…

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—Antes de la función pública, usted luchaba desde otro espacio contra la violencia en las canchas. ¿Cambió su visión ahora?

—Lo principal lo llevamos adelante porque es la decisión política. Yo decía que sin la decisión política, no se podía hacer nada. Esa decisión está. Con el tiempo, yo cambié alguna postura: antes pensaba que la responsabilidad mayor era de los dirigentes. Ahora me doy cuenta que no. Hay algunos dirigentes que juegan con la barra, sí. Pero hay otros que nos prestan apoyo y otros que tienen miedo. Hay tres grandes grupos. Por suerte, hay muchos que confían en nosotros. Pero hay otros que tratamos como barras porque las encubren.

—También tienen cobijo en el ámbito político...

—Sí, sin dudas. Pero tengo luz verde para combatir aunque sean empleados de municipios. No hay paraguas político que los contenga. Claro que hay barras que tienen cobijo en intendencias o lugares en los que no deberían estar. Pero cuando nos encontramos con estas cuestiones, lo denunciamos ante la Justicia. A nadie se le puede sacar el laburo, pero es una señal que los barras sean empleados municipales. Hay muchos que ni laburan…

—¿Qué tiene pendiente?

—La batalla cultural, nos va a faltar tiempo. Hay que modificar leyes.

—¿Cuáles?

—El presidente Macri que tanto fue criticado en Boca y uno también tenía sus reparos, ha hecho lo que no hizo nadie. Pasamos de aquellos muchachos que gritan y alientan de espalda de Cristina Kirchner, a Macri dándonos las herramientas para que el derecho de admisión lo aplique el Estado. Aún el Congreso debería tratar cuestiones como que sea un delito la reventa de entradas. La cuestión de los trapitos y no una contravención. Leyes más severas en relación a ellos. También estamos de acuerdo con tipificar la figura del barrabrava, que se traten como asociación ilícita. El Poder Legislativo tendría que avanzar en este sentido. Metemos preso a los barras por la buena Policía que tenemos en la Provincia, porque hay quienes manchan el uniforme y hay otros que nos permiten esto.

—Cuando Macri fue presidente de Boca…

—(Interrumpe) Como presidente de Boca, presidente de Boca. Como presidente de la Nación, combate a las barras desde el minuto cero. Veníamos del “barra brava para todos” a una lista de admisión de barras que no van a poder ir al Mundial en Rusia. Cambió la historia, ya el Estado no manda barras a los mundiales, sino que impide que salgan de la Argentina. Lo demás es cartón pintado. El Macri del 98 es otra cosa distinta a este que lucha contra los barras.

—¿Por qué ahora sí pueden volver los visitantes?

—Está el deseo de AFA y Superliga y las autoridades de la Provincia y Nación. Hay un compromiso conjunto. Hay clubes que no los tendrán. El que quiera tenerlos, deberá ajustarse a los requerimientos. También tenemos el desafío de que suceda en el Ascenso. Vamos a tener partidos en las próximas fechas y hay canchas que están preparadas. Los partidos de rivalidad manifiesta, tal vez no.

—Se avecina el clásico entre Lanús y Banfield. ¿Será sin público?

—Es un lindo partido para tener visitantes, sí. Los únicos que pueden prohibir los visitantes son los hinchas. Los que no entienden el tiempo que se vive. Si el hincha de Banfield hace incidentes en su propia cancha, ¿para qué llevarlos como visitante a Lanús?

—¿Tomarán en cuenta antecedentes?

—Lo ideal es que vaya el socio, no el barrabrava. En la Superliga quieren que vayan identificados. Si vamos a llevar 1000 hinchas de Banfield a la cancha de Lanús, pero hay 100 barras, no tiene sentido todo esto. Tenemos que empezar al revés. Por aquellos que son socios y pagan la cuota, el club tiene que darle la garantía de poder ir de visitantes. Racing fue a Bahía Blanca y no fue la barra.

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—¿No hay un tratamiento igualitario para el barra y quien no lo es? A los chicos no los dejan entrar con un jugo o agua...

—No se puede entrar con elementos que puedan lastimar a otros y es una regla. La misma regla para el barrabrava es para la gente común, hasta que logremos sacar a la barra brava de la cancha. Esto es un poco lo que puede entender la gente. Estamos dando una batalla contra los barras y los tenemos presentes en la cancha. Hasta que no le saquemos el cáncer al fútbol, hay algunas cosas que tienen que pagar los hinchas comunes. La mayoría de la gente que va a un estadio, va a vivir la fiesta del fútbol. No son barrabravas y van sin problemas. Lo que tenemos que hacer es trabajar todos juntos, con dirigentes e hinchas para evitar que sean los barras los protagonistas desde una tribuna. Es a favor de la gente, en este tiempo tenemos que trabajar de esta manera. Cuando llegamos a la APREVIDE, había cero personas con prohibición de concurrencia a las canchas. Ahora tenemos más de 540. Se nos respeta porque hemos hecho. Lo que parecía imposible, es posible.

—¿Por qué se sigue utilizando la técnica de encapsulamiento? Es decir, escoltar los micros de barras y cortar el tránsito para el resto. Se hace desde la época del COPROSEDE...

—Es un problema que tenemos que cambiar y lo vamos a cambiar cuando se termine la historia de los barrabravas. Es para proteger a la gente. Saquean kioscos y estaciones de servicio. En el verano hicimos ocho partidos en 10 días con dos públicos en Mar del Plata. Garantizamos que no se cerraran estaciones de servicio en la ruta. Pensamos más en la gente que en los que tienen que ver con el operativo.

—Cuándo vuelvan los visitantes, ¿será de ese mismo modo?

—Ahora con el público visitante en Banfield o en Lanús, pensamos más en los vecinos que no van a la cancha. Hacemos el encapsulamiento para que la familia que camina por la calle no tenga que sufrirlos. Es esta cuestión cultural: a mí, o a vos, no se nos ocurre bajar de un micro a robar. A ellos sí, porque están más cerca del delito que del fútbol.

—¿Cuándo se va a dejar de tratar al hincha de fútbol como un barrabrava?

—Es cultural. Muchos de los hinchas van al mundial. No los barras: hinchas. Cuando las autoridades rusas les digan: “señor, por acá no se puede”, van a acatar e ir por el lugar que le indique la autoridad. Acá no es así. Acá un hincha común, de la mano de su hijo, discute por el lugar donde tiene que ir. Y cuando pasa por detrás del policía que los requisó, lo insulta. Es cultural. Lo que no hacemos acá, lo hacemos sin problemas afuera. Los barras, lo mismo: tan guapos acá, en el exterior agachan la cabeza. En la Copa América de Chile los carabineros les decían a los barras “bajen la vista” y los machos que acá se paran de manos, bajaban la vista…

—¿No se puede distinguir a un barra de un chico que entra con una botellita o al menos identificarlo con las cámaras si agrede con el envase?

—Cuando metemos preso a alguien con drogas a la cancha, me dice “¿por qué, si esto es faso?”. O “esto es cocaína que tomo yo”. Yo le digo: mientras la ley me diga que no se puede entrar a la cancha con drogas, vamos a hacer cumplir la ley. Si no se puede entrar con una botella porque puede lastimar a otro, lo mismo. Cuando le rompen de un botellazo a un (juez de) línea, la culpa es nuestra porque entraron con una botella. No entres con la botella, comprá la gaseosa adentro….

—Adentro, una gaseosa caliente, cara, en un puesto que probablemente tiene nexos con la barra…

—Nosotros no apañamos negocios de la barra…

—Ni dejan entrar con un encendedor…

—No se puede. El día que se pueda entrar con encendedores, todo bien.

—¿No es una ridiculez?

—Yo creo que no. Se puede prender fuego algo. No, no.

—¿Cuando llueve no le gusta usar paraguas para no mojarse? Porque tampoco los dejan entrar…

—Sí, pero ¿sabés qué hago? Me pongo un impermeable con capucha. Hay que respetar la ley. Mirá: te estás yendo de la batalla cultural.

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