Supo volar en la cancha el campeón del mundo con Independiente en el 84 y con la Selección en México 86, sin embargo su idea como entrenador se aleja de aquel jugador que fue y plantea con una actitud reaccionaria que la influencia del Barça es negativa

El Barcelona hace años que gana, gusta y golea. La síntesis ideal del fútbol de todos los tiempos. ¿Esto significa que hay que expandir sus relieves y hacer en la medida de lo posible lo que viene haciendo el Barça para estar a tono con las circunstancias?

Por lo pronto, Jorge Burruchaga, en una entrevista que concedió al diario La Nación el pasado 16 de abril, fue a fondo en su apreciación y sentenció: “El peor error que cometió el fútbol argentino en los últimos años fue decir que la Selección debía jugar como el Barcelona. No. A veces lo digo en joda, pero es en serio: Barcelona le hizo mal al fútbol. ¿Por qué? Porque muchos quieren ser el Barcelona y ese equipo fue único, marcó una época. No todos lo pueden hacer, pero hoy para muchos si no intentás jugar así, no sirve, o no es fútbol lo que hacés. Y acá tenés un gran ejemplo: River es el equipo más pragmático, resuelve según las necesidades”.

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La explicación de Burruchaga por supuesto está atada a la línea que nunca aplicó mientras jugaba y que siempre abrazó después como entrenador. ¿Qué línea? La del fútbol conservador. Que no necesariamente es el fútbol defensivo. Pero es el fútbol que no da puntada sin hilo. El fútbol mezquino, en definitiva. El que da poco y ofrece menos. Por eso su figura muy valorada y reconocida en Independiente por sus brillantes condiciones técnicas a la hora de elaborar juego y ser un eslabón muy resolutivo del equipo que integró, nunca encontró esa misma admiración cuando ejerció como entrenador en otros clubes e incluso cuando dirigió al Rojo durante el segundo semestre de 2006 y parte de 2007, hasta su despedida anticipada el 14 de abril después de aquella derrota 2-0 ante Godoy Cruz en el estadio de Racing. Ese Independiente tímido e insustancial reveló su doctrina.

Es extraño que alguien que jugó con la calidad que lo hizo Burruchaga durante una década y media en el alto nivel, sea reactivo e impermeable a la influencia que irradia el Barcelona. Y también es extraño que un poco en broma y un poco en serio como él comenta en la nota, afirme desde su convicción que el equipo blaugrana “le hizo mal al fútbol”.

Curioso el razonamiento de Burruchaga. Según su particular interpretación, intentar mirar las lecciones de fútbol del Barça para tratar de conquistar o incorporar algo de su idea es para el campeón del mundo en México 86 algo negativo.

En realidad lo que enfoca como un escenario perjudicial es lo que él prefirió no hacer con los equipos que condujo. Porque luego de colgar la pilcha de jugador a mediados de 1998 (el técnico de Independiente era el Flaco Menotti), eligió otra idea. Otra búsqueda. Otro método. Más compatible con el fútbol que Burruchaga nunca practicó.

La dualidad jugador-técnico nunca la terminó de saldar. O de procesar de la mejor manera. Como si haber salido multicampeón con aquel Independiente del Pato Pastoriza y consagrarse en México 86 bajo la conducción de Carlos Bilardo, empujara a Burruchaga a quedarse en el medio del ring. Ni una cosa ni la otra. Ni Pastoriza ni Bilardo. Nada.

Esa tibieza conceptual para afirmar su idea y su palabra (“Yo no soy bilardista”, declaró en varias oportunidades) lo terminó desperfilando. Tanto que hace unos años, Ricardo Bochini opinó: “No sé dónde está parado Burru como técnico. Lo que sé es que jugar al lado de él fue una gran ventaja. Era la clase de jugadores que me gustaba que me acompañaran. Aparecía libre por cualquier lado. Iba vacío. Tenía ritmo, dinámica. Estaba en permanente movimiento. Me daba opciones de pase. Y llegaba mucho al gol arrancando desde atrás. Ahora como entrenador no lo veo definido. No sé lo que quiere”.

Lo que por lo menos dejaron en claro las palabras de Burruchaga que en el arranque del texto reproducimos, es precisamente lo que no quiere. La inspiración individual y colectiva del Barcelona dice que “le hizo mal al fútbol”.

A confesión de parte, relevo de pruebas.

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