En tiempos muy inquietantes y urgentes, surgen voces que reflejan estupor, como la del campeón del mundo y goleador argentino en el Mundial 78, describiendo en países centrales prioridades económicas que no comparte y quizás uniendo mensajes de otros colegas que juegan al fútbol en Europa

Hace unos días, desde su residencia en Connecticut ( Estados Unidos) donde vive junto a su esposa venezolana Julia, Mario Kempes comentaba: " En este país ni siquiera han puesto la cuarentena. Lo único que preocupaba es la economía. Yo no sé lo que puede pasar si vos solo te preocupas por la economía. Es muy angustiante. Son muchísimos los infectados y las personas infectadas que ya murieron".

Por su parte, en Italia, España y Francia ( geografías muy vapuleadas por el coronavirus), no son pocos los jugadores argentinos que cabalgan entre el miedo, el desconcierto y la incertidumbre al descubrir de la noche a la mañana que en el idealizado Viejo Continente la pandemia desgarra esa falsa presunción de que en Europa la seguridad y la salud estaba totalmente garantizada por los organismos del Estado y sobre todo por las corporaciones privatizadas.

Pero la verdad que ahora estalló a los ojos de cualquier observador, es que esa contrucción tan atractiva e irresistible para amplios sectores de las sociedades contemporáneas formaba parte de una gran puesta en escena que la crisis sanitaria reveló.

La seguridad y la salud siempre reivindicados como valores absolutos e innegociables del estado de bienestar europeo y del american way of life ( sistema o estilo de vida americano), se terminaron desvaneciendo en el aire frente a la aparición fulminante y disruptiva del COVID-19.

Los protagonistas del fútbol ( y del deporte en general) que partieron hace poco meses o varios años con el objetivo de encontrar en Europa y en Estados Unidos plenitudes económicas y una calidad de vida notablemente superior a la que tenían en Argentina, pudieron ver en estos días urgentes la película no deseada que nunca lograron anticipar.

Porque lo que siempre estuvo presente en el imaginario colectivo de varias generaciones de argentinos fue la postal perfecta de que en Estados Unidos y Europa estás cosas no pasan. Y si pasan se resuelven en cinco minutos.

El contraste con la realidad, sin ninguna duda, fue abrumador. Porque entre otras circunstancias de altísima complejidad, obliga a replantear sobre la marcha lecturas e interpretaciones sociales, culturales, económicas y políticas. Todo quedó patas para arriba. Las certezas de ayer son las incertidumbres e inseguridades existenciales de hoy.

Es, en definitiva, el abrupto descubrimiento de perfiles ocultos. No invisibles. Ocultos. Kempes pareció sorprendido y hasta indignado cuando el pasado domingo en comunicación con un medio radial argentino afirmó que en Estados Unidos " lo único que preocupa es la economía"

Es muy probable que Kempes tuviera otra opinión antes de la propagación del virus. Una opinión menos crítica y más elogiosa con respecto al modelo de vida americano.

Y también es muy probable que no pocos argentinos que juegan en Europa se hayan dejado ganar en estás jornadas aciagas que nos interpelan y desafían a todos ( o a casi todos), por dudas que hasta hace muy poco no registraban ni vislumbraban.

Dudas que a veces esclarecen. Dudas por las que vale la pena intentar abrazar una reflexión. Dudas que hasta pueden derribar la marca registrada de una verdad absoluta que no es tal. Y que podría revisarse. Sin apuro, pero sin pausas.

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