El gol decisivo de Benítez a Boca se produjo después de una habilitación formidable de Sánchez Miño, un lateral que también puede ser volante por adentro o por afuera, pero al que en definitiva lo distingue su claridad y concepto para interpretar el juego. A la usanza de los estupendos laterales brasileños que tocan, pasan y agreden por su lectura y panorama, el jugador de Independiente es una pieza muy influyente del equipo.

Segundos después de convertir el gol de la victoria frente a Boca, Martín Benítez, se abrazó con Juan Manuel Sánchez Miño y con su mano derecha lo enfocó como el responsable directo de la conquista de Independiente. Había sido Sánchez Miño quien luego de recibir un perfecto anticipo ofensivo de Nicolás Figal a Pavón, la cruzó de zurda para que ese delantero desequilibrante que es Benítez aun sin entrarle diez puntos a la pelota, la clavara dentro del arco xeneize decretando el triunfo Rojo.

La mención a Sánchez Miño no es anecdótica. El ex jugador de Boca, Torino, Estudiantes y Cruzeiro que arribó a Independiente por sugerencia de Gabriel Milito cuando ejerció como técnico del equipo en el segundo semestre de 2016, fue una incorporación muy resistida por los hinchas del club. Más aun cuando por la Copa Sudamericana y en definición por penales en Brasil ante Chapecoense, su remate fue atajado, al igual que las ejecuciones de Rigoni, Tagiafico y Benítez.

Independiente quedó eliminado y Sánchez Miño quedó marcado como un protagonista de la frustración.

Esa noche en Chapecó pareció ilevantable para el jugador que hoy tiene 28 años. Sin embargo en la adversidad no se deprimió ni se borró Sánchez Miño. Y las evidencias posteriores revelaron que Milito (también promovió a Fabian Bustos y pidió por Maximiliano Meza) de ninguna manera se había equivocado en pedirlo para sumarlo al plantel de Independiente.

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Tiene una cualidad irreprochable: juega bien al fútbol. Cualidad fundamental. Juega bien en varias posiciones, desde lateral, volante por afuera o volante por adentro. Sabe con la pelota y sabe sin la pelota. Entiende el juego, como diría el Flaco Menotti, concepto que después adoptó Daniel Passarella.

Como lateral su riqueza de movimientos nos remite a los históricos y muy buenos laterales brasileños. Esos que tocan y pasan. O esos que reciben, gambetean, miran y eligen el destinatario exacto del pase que perfora a cualquier defensa. El gol de Benítez a Boca expresa algo de esa virtud, aunque Sánchez Miño no tuvo la necesidad de gambetear a un rival. Pero eligió la habilitación al espacio. Vio la jugada en definitiva.

Esa lectura del juego parece una lectura propia de un jugador con un estupendo panorama. Con mirada. Con paisaje. Con recursos. Es ir al ataque desde la banda con sentido del tiempo y del espacio.

Ya lo había hecho frente a River cuando sobre el cierre del partido arrancó como un tren desde la izquierda, llegó hasta el fondo y se la sirvió en bandeja para que Nicolás Domingo festejara el 1-0. O cuando ante Defensa y Justicia en el campeonato anterior, se soltó en ataque picando vacío y casi pìnchando la pelota metió el 2-1 de la victoria en Florencio Varela.

Las jugadas citadas son apenas una pequeña muestra. Un perfil. No es que pretendemos calificar a Sánchez Miño como un fenómeno, pero tiene lo que no abunda: calidad.

Por eso entra por un compañero lesionado, como ocurrió frente a Boca y se acomoda rápidamente a las necesidades del equipo. Y va de volante o de lateral. Y juega bien. O muy bien.

Es probable que de lateral no tenga el physique du rol de un marcador super aguerrido. No es una estampilla que no deja ni respirar a su adversario. Podríamos comentar que ningún gran lateral izquierdo brasileño (Nilton Santos, Francisco Marinho, Junior, Branco y Roberto Carlos entre otros) lo fue ni lo es. Pero eran piezas sensibles y vitales de un equipo. Controlaban el espacio defensivo y cuando pasaban, eran temibles. Sánchez Miño también es temible. Porque encuentra con claridad la proyección y el pase que agrede.

Esta capacidad naturalizada para ir y volver sin perder el orden lo muestra como un jugador más valioso de lo que el ambiente del fútbol suele interpretar. Quizás en Independiente halló la regularidad y el reconocimiento que todavía no había descubierto. Y aunque parezcan materias simples de aprobar, no lo son. Sánchez Miño lo sabe mejor que nadie.

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