Su conductor falleció en las cercanías de la ciudad de Pali y la moto, milagrosamente, volvía a aparecer en el lugar del accidente cada vez que la policía se la llevaba. Hoy allí se erige el templo a Om Banna, el dios de las motocicletas.

En la India, a unos 20 kilómetro de Pali, en la ruta que une a esta ciudad con Jodhpur, se alza un curioso y sorprendente templo, frente al que diariamente se detienen miles de motociclistas.

La motocicleta es uno de los medios de transporte más populares y extendidos en India, por su economicidad frente al automóvil y por la facilidad de movimientos en un entorno ciertamente atestado de vehículos.

Por ello son también frecuentes los accidentes. Eso, unido a la profunda religiosidad de los naturales del país, ha dado lugar al surgimiento de nuevas deidades, como la que protagoniza esta historia.

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Todo comenzó el 2 de diciembre de 1991, cuando un individuo llamado Om Singh Rathore viajaba con su motocicleta Royal Enfield Bullet de 350 centímetros cúbicos .

En un momento dado, a la altura de la localidad de Chotila, perdió el control de la moto e impactó contra un árbol, perdiendo la vida instantáneamente.

Según la leyenda (porque todas las deidades deben tener una) la policia retiró la motocicleta del lugar, llevándosela a una comisaría cercana.

Pero a la mañana siguiente el vehículo había desaparecido, volviendo a aparecer misteriosamente en el lugar del siniestro. Una vez más se la llevaron, pero esta vez se aseguraron de vaciar el depósito de combustible y amarrarla con cadenas.

No sirvió de nada porque al día siguiente otra vez apareció en el lugar del accidente. Parece que el hecho se repitió varias veces, lo que llevó a los vecinos de la zona a creer que se trataba de un milagro y enseguida construyeron un pequeño templo con un altar y una urna en la que se colocó la moto, a la que adoran como representante del malogrado Om Singh Rathore, ahora renombrado Om Banna, el dios de las motocicletas, también familiarmente conocido como Bullet Baba.

Por ello cada día todo conductor, no solo motociclistas, que pasa por el lugar se detiene un instante a presentar sus respetos, a dejar ofrendas o a rezar para que ese día no se vean envueltos en un accidente similar. Por supuesto, muchos creen que aquellos que no lo hacen se arriesgan a lo peor, aunque evidentemente nada puede ser más efectivo que la precaución al volante y contar con un buen seguro de moto.

Brazaletes, lazos rojos y pañuelos decoran el árbol del fatídico incidente, cerca del templo, que siempre está lleno de barras de incienso, flores, botellas de licor, cascos, y otra parafernalia. Incluso cuenta con su propio sacerdote, que oficia un ritual al amanecer y al anochecer. Y recibe peregrinos de todas partes del país.

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