La indignación por el reciente fallo en el caso Marita Verón, que absolvió a todos los acusados, fue el impulso necesario para materializar una lucha que, hasta ese momento, venían realizando desde otros espacios. Todas las semanas se juntan en el microcentro y, en distintos grupos, despegan los volantes de oferta sexual que encuentran en una parada de colectivo, una boca de subte o un palo de luz. Pretenden crear conciencia ciudadana y refuerzan aquello de que sin cliente, no hay trata

Un simple empujón hacía falta para transformar en acción y militancia ese pensamiento de que algo no anda bien en la sociedad y de que uno, con el mínimo aporte, puede revertirlo. La imagen perenne de Susana Trimarco frente a ese tribunal que absolvió a todos los acusados  por el secuestro y explotación sexual de su hija Marita Verón cumplió este rol en Martes Rojos, la agrupación que todas las semanas realiza despegatinas en distintos espacios públicos.

"(El fallo) fue una decepción total y sentimos que había que hacer algo para darle fuerzas a Susana Trimarco y hacerle sentir que no estaba sola", cuenta Guadalupe Urriticoechea, una de las activistas de las acciones de los martes. En simultáneo, querían apoyar un proyecto de ley de la diputada porteña Gabriela Seijo (Pro) que apunta a prohibir toda publicidad que en forma explícita o implícita comporte la oferta de servicios sexuales.

Redes sociales de por medio, organizaron la primera actividad, todavía sin un nombre que los identifique porque, hasta ese martes 18 de diciembre, sólo eran un grupo de personas que querían manifestarse, con acciones concretas, contra la trata y la explotación sexual. Así, casi sin dimensionar demasiado lo que estaban haciendo, la primera despegatina estaba en marcha. Y nunca más se detuvo.

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A despegar se ha dicho

Como su nombre lo indica, la despegatina es lo contrario a la pegatina: la acción concreta de Martes Rojos consiste en despegar volantes de oferta sexual. Miles de papelitos que pululan por el microcentro, en postes de luz, bocas de subte, paradas de colectivos, paredes, bancos de plaza y que difunden locales donde la prostitución es el negocio.

"Habíamos elegido bolsas rojas, no sólo para llamar la atención, sino para, de alguna manera, representar los residuos humanos", detalla Guadalupe. "La mayoría no nos conocíamos entre sí y pensamos que esto no podía morir en esa primera actividad, sino que para generar conciencia teníamos que darle una continuidad", agrega.

Necesitaban un nombre y el propio día de la semana se los dio. "Martes", dijeron, para que quede claro cuándo iban a juntarse de allí en más. "Rojos", completaron, mirando de reojo las bolsas con los volantes que habían despegado ese día. "Martes Rojos" ya era un hecho.

Abrir una cuenta de Facebook y otra de Twitter fue el paso siguiente, para centralizar en las redes sociales la difusión y comunicación de cada encuentro. Por el momento, la convocatoria es fácil de recordar: todos los martes, a las 13, en Corrientes y Carlos Pellegrini. 

La heterogeneidad del grupo (mujeres, hombres, jóvenes y no tanto, nenes y nenas) le da a Martes Rojos un condimento distinto cada semana. Y cientos de anécdotas para contar. La mayoría son buenas: gente que se suma, que los ven por la ventana de la oficina y bajan a caminar unas cuadras con ellos, curiosos que preguntan, otros que se acercan a contar que también despegan por su barrio.

Pero también hay de las malas: encontrarse cara a cara con los otros, los que pegan esos volantes, los que les sacan fotos para "marcarlos". "Al principio, nos provocaban, nos decían cosas como 'me vas a decir que tu marido nunca fue a un puterío', nos puteaban. Hoy vamos caminando y sólo dicen: 'ahí vienen los de Martes Rojos'... y se van", detalla Guadalupe.


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El cambio profundo

"Estamos a favor del lema de que sin clientes no hay trata. Es una medida desde lo formal que puede generar un cambio", asegura Guadalupe, pero enseguida aclara: "En lo que sí estamos de acuerdo, sobre todo, es que el tema de la trata depende de una voluntad política".

Desde Martes Rojos tienen en claro que "si los dirigentes quisieran que no existiera más la trata, podría dejar de existir, pero el problema es que mueve millones al año". "Vos pensá que no sólo tenés putas ahí: tenés narcotráfico y prostitución en un mismo lugar", advierte.

"Cuando vos tenés complicidades de quienes tendrían que impartir justicia, como jueces, policías, funcionarios que están viendo el delito que les pasa por sus narices y no hacen nada, ahí está el problema", agrega Carolina Barone, otra de las que milita en la causa y, además, preside la ONG "Mujeres como vos", dedicada a las problemáticas de trata y violencia de género.

"En el caso concreto de los volantes que vemos en la calle, hay una red en la que nadie piensa: está el que imprime, el que pega, el que manda a pegar, el proxeneta... todos ellos se llevan un sueldo que sale de un sólo lugar, que es el cuerpo de una mujer", destaca Carolina.

"Lo que nosotros intentamos con la despegatina, entonces, es informar a la gente de este delito que a veces forma parte del paisaje urbano y uno lo naturaliza... pero no debería ser así", afirma y concluye en lo que, acaso, sea un deseo: "si cada persona que baja a comprar la comida, que se mete en la boca de un subte, que está en una parada de colectivo, arranca en esos segundos los volantes con los que se cruza, multiplicalos por los cientos de miles de personas que están en microcentro que hagan eso... y no habrá más papelitos".

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Próximamente

La repercusión que Martes Rojos tuvo en las redes sociales, hizo que vecinos de otros barrios quieran sumarse a la iniciativa. Así, pronto se vienen Recoleta Rojo, Belgrano Rojo y Once Rojo, que no necesariamente se harán un martes, pero la esencia será la misma.

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