Así lo señaló un informe realizado por Luchemos por la Vida. En algunas provincias, la cifra alcanza picos de hasta el 60%. El avance del delivery y la falta de capacitación agravan los riesgos.
Es una postal que se repite en las ciudades argentinas: motocicletas tiradas sobre el asfalto, con sus conductores caídos a un costado o ya trasladados a un hospital. Los motociclistas, los usuarios más vulnerables de la vía pública, concentran una proporción cada vez mayor de las muertes provocadas por siniestros de tránsito.
Según datos difundidos por Luchemos por la Vida, en 2012 los ocupantes de motocicletas y ciclomotores representaban el 34% de las víctimas mortales por siniestros viales en la Argentina. Pero en 2025 llegaron al 47% del total, con picos de hasta el 60% en algunas provincias. El crecimiento coincide con una mayor presencia de repartidores que trabajan para empresas de aplicaciones, una salida laboral rápida para personas desempleadas o con bajos ingresos, pero también una actividad que los expone a situaciones de riesgo.
Para comprender las causas, Luchemos por la Vida observó comportamientos de riesgo de motociclistas en la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano, donde realizó entrevistas individuales, en su mayoría a trabajadores de delivery. El objetivo fue conocer sus experiencias y profundizar en su percepción del riesgo y las razones de sus conductas.
Entre las situaciones observadas aparecieron el no uso del casco, el filtrado entre vehículos, la utilización del celular durante la marcha, la falta de respeto por la prioridad peatonal y el no uso de las luces de giro. También se detectaron conductas como no aminorar la velocidad al llegar a esquinas sin semáforo y no detenerse ante un semáforo en rojo.
El estudio mostró una contradicción preocupante. El 90% de los motociclistas entrevistados consideró probable o muy probable sufrir un siniestro. Sin embargo, la mayoría responsabilizó a los automovilistas, a quienes atribuyó un escaso o nulo respeto por quienes circulan en moto. Además, el 75% había sufrido dos o más siniestros en los dos años anteriores.
Pese a esa experiencia, muchos consideraron que los hechos eran inevitables y no los relacionaron con sus propias decisiones al conducir. Los datos preliminares, según la entidad, revelan así una baja percepción del riesgo, y puede favorecer conductas peligrosas para todos los usuarios de la vía pública.
Además, hay un dato que expone otra dificultad: el 100% de los entrevistados manifestó no haber recibido ningún curso de conducción segura. Esto cobra importancia en una actividad en la que cada minuto cuenta y los trabajadores deben circular durante horas. Un sindicato de mensajeros desarrolló una aplicación para brindar asesoramiento ante un siniestro, una herramienta útil ante el hecho. Pero la prevención requiere ir más allá.
Para reducir la cantidad de víctimas resulta urgente trabajar sobre la percepción del riesgo y ofrecer cursos de conducción y movilidad segura. La capacitación debería incluir entrenamiento para detectar situaciones potencialmente peligrosas, anticiparse a ellas y conocer las maniobras adecuadas para evitarlas. Porque cuando la moto se convierte en una herramienta de trabajo, el riesgo no debería formar parte de las condiciones del empleo.
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