Antes de entrar a las consideraciones puntuales de este muy buen invento argentino que hoy trasciende nuestras fronteras, es bueno recordar dos conceptos claves de los derechos al consumo: 1) El Derecho al “acceso al consumo”, 2) El Derecho a un “consumo
responsable y sustentable”

Antes de entrar a las consideraciones puntuales de este muy buen invento argentino que hoy trasciende nuestras fronteras, es bueno recordar dos conceptos claves de los derechos al
consumo: 1) El Derecho al “acceso al consumo”, 2) El Derecho a un “consumo responsable y sustentable”. En la medida que en las sociedades modernas la organización se ordena en
torno al consumo, cuando se difunden los derechos que tenemos los consumidores es necesario aclarar previamente que el primer derecho del consumidor es el derecho al acceso al consumo.

De otro modo se estaría relegando a millones de personas en nuestro país y en el mundo que directamente no acceden al consumo. De no cumplir con ese requisito previo señalando que todos tenemos derecho de acceder al consumo de bienes y servicios que nos aporten utilidad y bienestar, estaríamos abonando un derecho clasista o de sectores pudientes.

Del mismo modo señalar que tenemos derecho (y también obligación, por cierto) de acceder y promover a un “consumo responsable” es aportar un concepto clave que evite caer en el consumismo e incluso la degradación del medio ambiente. La voracidad por acceder a bienes de consumo cada vez más variados y de existencia efímera o descartable, es una carrera inútil, donde cada vez corro el riesgo de gastar más dinero para comprar más objetos que luego descarto y que finalmente no me brindan satisfacción. El costo lo termina pagando el medio ambiente y un modo de vida que deja afuera a la mayor parte de la población. Por eso además de señalar puntualmente en cada oportunidad nuestros derechos del consumidor (que son muchos y muy potentes) es bueno volver a los conceptos central y contar además buenos ejemplos que permiten que accedamos a productos que puedan ser de utilidad sin tener que gastar dinero, como el caso de las “gratiferias”.

En el slogan convocante de esta interesante y particular modalidad de FERIA, está bien definido el concepto central de la idea: “Traé lo que quieras (o nada) y llevate lo que quieras (o nada)”, se trata de un ámbito para obtener algún producto que estoy necesitando y que otra persona tiene
y no usa. Veamos como lo define en las redes sociales uno de sus impulsores Sebastián Verde: Una Gratiferia es una feria gratis. Lo particular de ésta es que esa gratuidad no se reemplaza con trueque o intercambio, sino que no existe el sentido de reciprocidad: yo doy algo porque no lo necesito y creo que a alguien le puede servir, no doy algo porque recibiré algo a cambio, no doy algo para recibir dinero sino porque sé que si está guardado en el closet de mi casa no le servirá de nada a nadie.

En una entrevista brindada hace algunos meses a la agencia Télam otro de los impulsores de la idea (quizás el pionero allá por 1.996), Ariel Rodríguez Bosio señaló: “Muchos nos preguntan cómo se hace para evitar que alguien vaya y se lleve todo. Nosotros les respondemos: que se lo lleve. Los objetos en la Gratiferia no pueden ser objeto de robo porque ya no son de nadie, son de propiedad común”, “cada quien se hace cargo del acarreo de los objetos que lleva a la gratiferia; si nadie los toma, el que los ofreció debe volverse con ellos porque todo se hace en un clima de cooperación y en función del bien común”.

Por ese motivo, añadió, para objetos grandes como muebles se está utilizando cada vez más la opción virtual, informó. Lo que sí se pide que si el objeto “está para arreglar, no está para la Gratiferia, está para arreglar; si está para lavar, no está para la Gratiferia, está para lavar; y si está para coser, no está para la Gratiferia, está para coser”.

“La experiencia nos muestra que la gente por lo general se autorregula cuando se la invita a llevarse algo sin poner nada a cambio”, contó el fundador de la Gratiferia. “Como el concepto de la Gratiferia nace con la idea de aportar a un mundo sin hambre, sin pobreza, sin excluidos, sin destrucción ambiental, pedimos que los alimentos compartidos en la Gratiferia sean veganos, es decir compasivos y sanos (de origen vegetal y no animal).

Actualmente las Gratiferias se organizan en varios lugares del país (Neuquén, Bariloche, Córdoba, etc.) en algunos del Gran Buenos Aires, en distintos barrios de Capital Federal, y ya se llegó a Chile, Colombia, España, Uruguay y Perú. No están exentas de algún traspié como ocurrió a principios de año donde una que se pretendió instalar en Córdoba fue “saqueada” en pocos minutos, pero de a poco vas siendo una verdadera opción para muchos que confiamos en un modelo de vinculación con lo material, más solidario o considerado con el prójimo.

En Parque Centenario (Caballito) el segundo domingo de cada mes por la tarde, En Parque Lezama el tercer domingo, y Plaza Almagro el primer domingo de cada mes, son solo algunos de los lugares donde conocer esta nueva forma de FERIA. ¡Se anima?.













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