Periodista de larga trayectoria, autor de varios libros, dos de ellos llevados al cine y referente del género policial en Argentina, Rubén Tizziani también se dió el gusto de saldar una deuda pendiente en su vida como cantante de tangos.

Hay quienes piensan que algunas frases hechas pueden convertirse en realidad si existe una decisión de darles vida. Y sin dudas, este es el caso de “nunca es tarde”, una máxima a la que se le animò Rubén Tizziani, escritor, periodista y guionista de larga trayectoria, que hace pocos meses le dio un cauce a un viejo deseo: el de debutar ante el público cantando tangos.

Cuando hace poco más de dos meses, Rubén debutó en el local Pista Urbana de San Telmo, para presentar su show llamado “El tango pide pista”, cumplió un sueño pendiente en su vida, y que los años fueron postergando ya que su destino lo llevó por el camino de la literatura y el periodismo, mundos entrelazados que le dieron satisfacciones y vivencias que atesora con la sensibilidad de quien sabe que son una puerta a un mundo fascinante.

Para Tizziani, nacido en la ciudad de Vera, en el norte de Santa Fe, y menor de una familia de diez hijos, “de chico yo escuchaba el famoso Glostora Tango Club en la radio y ahí conocí a los grandes del tango, además leía la revista El Alma que Canta, otro clásico, y era lógico, porque en las décadas del 40 y 50, ese género era como una biblia en Argentina, y en el interior sólo escuchabas tango y folklore”.

Hasta los 12 años, Rubén vivió en Santa Fe, pero asegura que “ya tenía la literatura en la cabeza” y aunque reconoce que en su casa no había demasiados libros, cuenta que mis hermanos compraban revistas de historietas, y yo por supuesto las leía todas, pero el primer libro que me llevó a este camino lo descubrí en la biblioteca de mi colegio, y era “Sandokán, el tigre de la Malasia” del gran Emilio Salgari, y ahí sentí que eso era lo que quería hacer”.

Rubén Tizziani

Cuando su padre vendió el negocio de frigorifico del pueblo y se instaló en Buenos Aires con la familia, Rubén se abrió a otra realidad. “Nos mudamos a Castelar y estudié en el Nacional de Morón. A los 15 años escribí mis primeros poemas, y empecé a leer a los románticos, como Becquer y Amado Nervo, pero un profesor me pres‘to un libro de Leopoldo Lugones, y quedé deslumbrado”.

Tizziani, como cuadraba al mandato de la época, empezó estudios como Derecho y Letras, pero no terminó ninguno. En cambio, a partir de los 18 años, en ronda de amigos, comenzó a frecuentar los bares del centro, donde se cocinaba la bohemia de los artistas, y fundó su primera revista literaria. Eran los tiempos del bar Moderno, los inicios de la Galería del Este y del Instituto Di Tella, y con su barra paraban en el bar Suárez de Corrientes y Maipú.

Luego de alumbrar su primer libro, “La Galería”, a fines de los ‘60, Tizziani viaja a Perú, para hacer una serie de notas para una revista local. Pero a los pocos días un golpe derroca al presidente Belaúnde Terry, y entroniza al general Velazco Alvarado.

Al volver al país, Rubén se convierte en redactor y luego director de la revista Siete Días, uno de los semanarios de mayor venta en los ‘70. Mientras, le da vida a “Los borrachos en el Cementerio”, su nuevo libro, donde mixtura historias marginales con un acercamiento al género policial, que abordó en pleno a mediados de los ‘70 con sus obras “Noches sin lunas ni soles” y “El Desquite”, que serían llevadas al cine con gran éxito en los ‘80.

Durante casi un año, en 1979, Tizziani se encarga de la dirección de Siete Días, pero tras una serie de presiones y amenazas de todo tipo, decide irse con su familia a París, donde continuó con su actividad periodística y literaria, escribiendo para la agencia France Press y para medios de Perú, México y de la Unesco, hasta que en 1983 vuelve al país para iniciar otra etapa en el marco democrático.

Historias que llegaron a la pantalla grande

El retorno de Tizziani al país se unió al de la democracia. Relata que “tenía terminado mi nuevo libro, ‘Mar de Olvido’, y poco después ‘No es triste el volver’, el primero tiene que ver con la historia de mi abuelo que salió de Génova para Argentina, y termina con mi ida al puerto de donde partió él, y el segundo retoma la saga de lo policial unido a los recuerdos de un periodista”.

Para Rubén, el estreno y el gran éxito de las dos películas basadas en sus libros lo ayudaron a instalarse como un escritor clave del género policial. Acerca de esto, destaca que “ambas fueron un gran éxito de público, la primera la pude guionar junto a José Martínez Suárez, que la dirigió, y El Desquite estuvo a cargo de Juan Carlos De Sanzo, la versión difiere en parte de la historia original, pero tuvo ingredientes que la transformaron en un éxito, y tenía como protagonistas a Ranni, Sofovich y un joven Darín”.

Pocos años despues, Rubén plasmó imágenes e historias de su gran amigo Alberto Olmedo en el libro “Un poco menos pobres”, sobre quien reflexiona que “era un gran tipo, siempre cenábamos con él y otros colegas en Fechoría”. Mientras tanto, dirige durante un tiempo La Revista, un semanario de actualidad y espectáculos.

En relación a su último libro, “Un tiburon de ojos tristes”, de 2001, y que sucede en una isla imaginaria del Caribe, Rubén dice que “uno cuando escribe no sabe como te va llevando la historia, por eso la literatura es un mundo fascinante, no sabés cuánto es tuyo y cuanto no”.

Música y dos novelas inéditas

Con respecto a su incursión en el tango, Rubén señala que “es algo que me gusta de chico, incluso estudié piano pero nunca me pude hacer un tiempo para seguir, aunque siempre en reunión de amigos despuntaba el vicio”.

La ocasión de debutar en un show se dio a partir de la invitación de una amiga, Julia Moro, para cantar un tango en uno de sus shows. “Otra pareja de amigos, Gustavo y la Negra Chagra, me alentó a hacerlo, y me decidí. Por suerte, surgió la posibilidad de que me acompañe un joven bandoneonista francés muy bueno, y luego de preparar un repertorio, salimos a la cancha”.

Tizziani señala que “en mi presentación intento representar los temas básicos del tango, la mujer que se va, el sueño de París, el barrio perdido, y elijo a autores claves, como Manzi, Contursi, Cadícamo, Catulo Castillo, Expósito y desde ya Gardel y Le Pera”, y siente que “mi recital es una pequeña historia de lo que es el tango para la gente”.

Aún así, Rubén no deja de escribir, y tiene dos novelas inéditas, que espera editar pronto, y en las que, asegura, “busco hacer un retorno a mi etapa de la experimentación”.

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