Una joven mexicana de 22 años, que se identificó ante los medios como "Zunduri" para preservar su verdadero nombre, relató a los medios de su país la odisea de un año y medio que le tocó vivir tras escapar de su casa y ser sometida a la esclavitud por la dueña de una tintorería que, inclusive, la encadenó a una máquina de planchado.
"Yo no tenía miedo a nada, a pesar de los golpes tan fuertes que ella me daba, por eso sigo viva", declaró la mujer de 22 años que tiene las funciones orgánicas de una persona de 81, debido a los maltratos recibidos en su cautiverio.
Zunduri que eligió este nombre ay que en japonés significa "niña hermosa", explicó que desde que escapó el pasado 25 de abril, ha brindado numerosas entrevistas para dar a conocer su caso –el primero registrado en la capital mexicana- y evitar que otras personas sufran lo mismo.
El caso de Zunduri sacudió a la sociedad azteca por el nivel del maltrato y las repercusiones físicas y emocionales en la víctima y el peligro que supone el agravamiento de la situación de la trata de personas en ese país.
"Tuve una niñez un poco difícil, (...) tomé la decisión de salir de mi casa para irme con un muchacho. Al terminar la relación con él acudí con Leticia (su captora) en busca de casa, pero sobre todo de empleo", le contó la joven a la prensa local.
La Leticia a la que hace referencia Zunduri, era dueña de una tintorería ubicada en Lomas de Padierna, en el sur de la Ciudad de México y fue detenida junto con su hermana, dos de sus hijas y un hombre más por el delito de trata de personas.
En un principio, todo lo que Zunduri tenía que hacer era sencillo: planchar ropa y esperar a recibir su sueldo; pero con el tiempo "la carga de trabajo aumentó, al igual que el cansancio", y "fue ahí donde comenzaron los problemas". "Yo no rendía, empecé a quemar las prendas, se extraviaban, por lo cual ella empezó a molestarse y comenzó a golpearme y a agredirme", explicó la joven, que vivía encadenada de la cintura a una de las planchas industriales.
Zunduri comía solo una vez al día, lo que le hacía masticar el plástico con el que cubría las prendas de vestir que planchaba para mitigar su hambre. Además, los diversos estudios que se le practicaron a la víctima reflejan que la joven tiene un aspecto físico de 14 años, pero sus órganos internos y funciones de los mismos corresponden a una persona de 81, debido al daño que se le causó durante su cautiverio.
Zunduri relató cómo fue que logró escapar de sus captores la madrugada del 25 de abril. "Tres días antes de mi huida, pedí permiso para ir al baño, me desataron y cuando regresé a mi lugar de trabajo noté que la cadena no estaba bien cerrada, así que tuve que fingir. Esa noche yo me aseguré que todos durmieran, en el baño había una ventana que daba al patio, salté y corrí hasta llegar a casa de una amiga", señaló.
La joven, quien se encuentra protegida por una fundación que defiende a las víctimas de trata de personas, dijo que tiene muchas ganas de vivir y que está "sorprendida" de todas las muestras de apoyo que ha recibido.
Mientras sueña con ser repostera, Zunduri no descarta la idea de ser activista, ya que piensa que si algún día se le presenta una persona con sus mismos problemas, no se negaría a ayudarla.
La joven tiene previsto venir a la Argentina para participar en un encuentro sobre trata de personas, en el que habrá personas que han vivido experiencias como la suya.
Según la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, la cifra de personas explotadas aumentó exponencialmente en los últimos tres años. Mientras que 2012 se abrieron 396 investigaciones por trata de personas, en 2013 el número de casos aumentó hasta los 660 y en el primer semestre de 2014 (el dato más reciente que se tiene) ascendió a 413.
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