La precaria situación que atraviesa Honduras ofrece un sombrío panorama al que se suma la contemplación de abandonar el CIADI.

Con una fuerte sensación de déjà vu, se observan las recientes maquinaciones del gobierno hondureño, que se tambalea al borde de un abismo económico. La precaria situación que atraviesa Honduras ofrece un sombrío panorama que recuerda a la fábula de Esopo: ignorar las lecciones de la historia y caer en la misma trampa. La presidenta Xiomara Castro parece decidida a dar un paso que dejaría la salud económica del país tambaleándose y sin aliento.

En efecto, Honduras está barajando la idea de abandonar el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) del Banco Mundial, un paso que ya dieron sus malhadados compatriotas Bolivia, Ecuador y Venezuela. ¿Con qué consecuencias para ellos? Desolación económica y aislamiento.

En un mundo en el que a menudo se olvida la historia, corramos las cortinas y echemos un vistazo a las experiencias de Venezuela. Se retiró del CIADI con mucha fanfarria, sólo para encontrarse atrapada en la maraña de los procedimientos de arbitraje internacional, incluyendo un golpe notablemente doloroso asestado por la Corte Penal Internacional contra la compañía petrolera nacional, PDVSA. El guion está escrito y, sin embargo, Honduras parece ansiosa por repetir la misma tragedia.

Honduras, que ya se tambaleaba al borde del anonimato económico, figuraba como un punto apenas perceptible en la lista de los 10 países más atractivos para hacer negocios en América Latina de Forbes Centroamérica. Abandonar el CIADI no sólo le quitaría las muletas a esta economía en apuros, sino que también desplegaría la bandera roja de "riesgo" ante los inversores extranjeros. No olvidemos que Bolivia, Ecuador y Venezuela brillan por su ausencia en esta lista.

El pararrayos de las disputas de Honduras con el CIADI es una demanda de 11.000 millones de dólares presentada por la empresa estadounidense Honduras Prospera, una cantidad asombrosa que podría arrasar la frágil economía del país. La demanda, que ha sido una piedra de molino alrededor del cuello de la nación, alega que las acciones del gobierno contra las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE) violan los acuerdos comerciales. El gobierno de la presidenta Xiomara Castro se queja de que el CIADI ha violado "la ley y el procedimiento".

Sin embargo, la cacofonía de sus quejas no oculta el hecho evidente de que, en caso de que Prospera triunfe, la suma exigida equivale a dos tercios del presupuesto de Honduras para 2023. Estamos hablando de un vacío económico que acabaría con el empleo y el crecimiento.

En lugar de fortalecer alianzas con economías occidentales estables, Castro está haciendo la vista gorda ante el precipicio y reforzando lazos con China. Ahí está el problema: este pivote hacia China, a la vez que corta precipitadamente raíces que podrían ofrecer sustento, puede relegar a Honduras a un mero peón en la grandiosa Iniciativa de la Franja y la Ruta de China. Un peón que podría ser sacrificado sin pensárselo dos veces.

El flirteo del gobierno hondureño con la posibilidad de abandonar el CIADI no sólo es desconcertante desde el punto de vista económico, sino que resulta alarmante porque sugiere que no tienen confianza en ganar el caso contra Prospera. Su argumento se asemeja a tratar de construir un castillo de naipes en medio de un huracán, señalando la corrupción de la administración de Porfirio Lobo Sosa como motivo para invalidar las leyes bajo las cuales se crearon las ZEDE. Sin embargo, bajo esa lógica, se abrirían las compuertas para cuestionar la validez de miles de leyes aprobadas durante ese mandato. Es un arma de doble filo que podría resultar catastróficamente contraproducente.

En el meollo de este atolladero se encuentra el aparente desdén del gobierno hondureño por defender la Constitución de la nación y salvaguardar su integridad jurídica. La descarada contemplación de abandonar el CIADI es una táctica peligrosa que amenaza con hacer retroceder el reloj del país a una era de oscuridad económica.

Por el bien de Honduras y de su pueblo, esperemos que prevalezca la sensatez sobre la bravuconería, y que se tengan en cuenta las lecciones de la historia antes de que el país se convierta en otra historia con moraleja en los anales de los errores económicos. No nos andemos con rodeos: al abandonar el CIADI, Honduras estaría empujando a una economía que ya cruje hacia un precipicio.

Sin embargo, cabe preguntarse dónde está la reflexión sobre el panorama general. ¿Dónde está la consideración por el ciudadano hondureño que se llevaría la peor parte de esta imprudencia? La presidenta Castro, que ascendió al poder con el mandato de mejorar la vida de los hondureños, parece demasiado dispuesto a abandonar los salvavidas económicos.

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