La ciudadana japonesa Megumi Igarashi fue arrestada el sábado en su país bajo cargos de distribuir materiales obscenos. Es conocida por sus obras inspiradas en los genitales femeninos.

Veinte mil personas reclamaron a través de Internet la liberación de Megumi Igarashi, mejor conocida como la "artista de la vagina", quien permanece detenida desde el sábado último en Tokio (Japón) acusada de distribuir material calificado como "obsceno" por el código penal nipón.

La petición, dirigida a la policía metropolitana de Tokio e impulsada a través de la plataforma Change.org, llegó a juntar 20 mil firmas y refleja el gran revuelo causado en Japón por el caso de Igarashi, que también fue registrado por los medios internacionales.

Igarashi es una artista de 42 años residente en Tokio que, aunque trabaja bajo el alias de Rokudenashi-ko ('chica mala'), se ganó el sobrenombre de "artista de la vagina" por sus diversas esculturas e instalaciones de arte pop inspiradas en los genitales femeninos.

La artista permanece detenida desde el sábado por la supuesta distribución de material obsceno, y en particular, por enviar datos digitales que permitirían reproducir sus genitales con una impresora en tres dimensiones, a cambio de una suma de dinero.

Igarashi puso en marcha una iniciativa de "crowdfunding" en la red con el objeto de recaudar fondos para construir un "kayak" con la forma del aparato reproductor femenino, y hasta la fecha  consiguió 9.800 dólares, de unos 125 donantes, de acuerdo a los datos de la policía nipona.

La artista, que protagonizó en mayo una muestra en Tokio, alegó que únicamente envió a sus donantes datos digitalizados y afirmó que no considera la información para la impresión en 3D como material obsceno.

Su objetivo es "desafiar los tabúes" y "luchar contra la discriminación" sobre la sexualidad femenina en la sociedad japonesa, afirmó la propia Igarashi, quien también anunció su intención de "defenderse ante la justicia", en declaraciones citadas por el diario Japan Times.

La petición a través de internet emplea estos mismos argumentos y destaca asimismo que las "expresiones" de Igarashi "no vulneran los derechos humanos" y "no se realizan en el espacio público".

El código penal nipón prohíbe la distribución de materiales "obscenos", aunque no incluye una definición exacta de esta categoría.

Por ejemplo, la industria pornográfica japonesa, que no se dedica precisamente al arte, con sólo censurar las reproducciones de genitales humanos evita los problemas legales.

De ser declarada culpable, Igarashi podría ser condenada a una pena de hasta dos años de prisión o multada con 24.769 dólares.

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