En plena cuenta regresiva al arranque de Argentina en Rusia 2018 ante Islandia este sábado, está dentro del contexto detenerse en la agresividad futbolística que pretende imponer Sampaoli. Nada de caminos que vayan por el centro ni de cultivar tonos medios. El técnico, de perfil ecléctico, no cultiva teorías suicidas, pero la Selección que conduce va a dejar algo en claro algo: jugará a todo o nada, salvo que el plantel escriba su propia hoja de ruta

Jorge Sampaoli nunca fue un entrenador que haya frecuentado los tonos medios. O las posturas futbolísticas ancladas en la tibieza. Por el contrario; lo suyo se basó en apostar muy fuerte. En ir al frente, aún en circunstancias de alta complejidad.

Esta forma valiente pero no suicida de interpretar los misterios del juego la reveló con absoluta claridad mientras dirigió a la selección chilena durante las Eliminatorias para Brasil 2014. También en pleno Mundial cuando Chile en fase de grupos salió a imponerle condiciones a España (campeón del mundo en Sudáfrica 2010 y campeón en la edición 2008 y 2012 de la Eurocopa de selecciones), le ganó y lo eliminó de la competencia y después se cruzó en octavos de final ante Brasil y a muy poco estuvo de dejar al scratch con las manos vacías, aunque luego en definición por penales se quedó afuera.

Para confirmar este crecimiento notable de Chile, al año siguiente ganó por primera vez en su historia la Copa América en la final frente a Argentina (en definición por penales) luego de 120 minutos en los que sin ser superior, en ningún momento su equipo denunció un perfil especulativo o temeroso ante la presencia siempre amenazante de Messi.

¿Qué significan en términos de proyección estos antecedentes de Sampaoli? Por un lado, que acredita una valiosa experiencia internacional. Que ya participó de un Mundial y que no desconoce sus latidos.

Circunstancia que no puede subestimarse. Y por otra parte, que no parecen abrumarlo ni disminuirlo las grandes responsabilidades.

Argentina podrá jugar muy bien, bien regular o mal en Rusia 2018. Lo que con seguridad no va a hacer es jugar sin una actitud claramente ofensiva frente a cualquier rival y en cualquier contexto. Porque no forman parte del ideario de Sampaoli las respuestas conservadoras. Sin ser un tacticista clásico o un entrenador que se detiene demasiado en la sutileza de los sistemas, no relativiza el valor de la táctica ni de los sistemas.

¿Y entonces qué es? Un técnico de rasgos eclécticos. Un técnico que se fue nutriendo y formando haciendo foco en distintas líneas, estilos y escuelas. Se dejó influenciar Sampaoli por el Flaco Menotti, Carlos Bilardo, Marcelo Bielsa y Pep Guardiola, entre otros. De allí, de esa química inclasificable, surge él.

No como una copia sin valor agregado. Pero sí como una especie de esponja que intentó absorber el conocimiento que otros supieron transmitirle sin tener un contacto directo con él.

Ese es el perfil ecléctico que adoptó durante su carrera. A lo que le sumó su propia construcción, más solo que acompañado. Su convicción para lograr entender el fútbol siempre hizo pie en un lugar muy determinado: imponerle condiciones al adversario. No esperar. No ceder la iniciativa. No ser permeable a las luces de la historia y al presente del equipo que está enfrente. En definitiva, con mayores o menores recursos individuales, confirmar una presencia potente.

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Si conquistó la adhesión irrestricta o no de los jugadores argentinos o si este nivel de compromiso imprescindible puede claudicar más temprano o más tarde, se verá en los partidos del Mundial. No hay otra medida. Y no habrá otras evidencias irrefutables que sirvan como testimonio. La Selección que hace poco más de un año conduce Sampaoli será la Selección del todo o nada. Allí en el todo o nada, radica su identidad, aunque Javier Mascherano haya dejado una pista preocupante cuando en los últimos días afirmó: “Vamos a ser pragmáticos”. ¿Cómo hay que leer “el pragmatismo” que propone Mascherano? ¿En bajarle al técnico un manual de precauciones?

Para el entrenador nacido en Casilda hace 58 años, sin embargo no hay caminos intermedios. El libro del fútbol que lo convoca se nutre de la posesión y del ataque.. No para inmolarse o regalarse de manera inocente. Sí para ser consecuente con su mirada. Y con su religión futbolística.

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