El violador fue condenado en 2009 a cumplir 38 años de prisión por nueve ataques sexuales (siete consumados y dos en grado de tentativa), y se sabe que logró seducir a una mujer casada para que, a escondidas de su marido, presuntamente venda una propiedad, le robe el documento de identidad y lo ayude en el escape, que se concretó un día sábado.
La historia de la amante es apenas una parte del plan maestro ideado por Brawton. Es que también fue clave su "excelente comportamiento" en las dos unidades penitenciarias en las que estuvo. En la primera, la Unidad 30 de General Alvear, de máxima seguridad, hizo tan bien las cosas que cuando pidió el traslado a una cárcel de mediana seguridad (la 39, de Ituzaingó), nadie en la Justicia opuso resistencia.
Adormeció a custodio con empanadas
Las autoridades de la cárcel de Ituzaingó intentaron resistir el traslado del violador serial Walter Brawton, alertando sobre la inconveniencia de tener alojado allí a una persona condenada por delitos tan graves. Igualmente, venció el "expediente intachable" del contador. Ese fue, en agosto de 2011, el primer gran paso hacia la anticipada libertad.
Luego, ya instalado en la cárcel de la zona Oeste del Conurbano, el depredador sexual (a sus víctimas las elegía jóvenes, incluso menores) tejió relaciones con personal penitenciario y población carcelaria. Se convirtió en uno de los más respetados internos. En ese marco, comenzó a insistir para que le permitan visitar a su madre enferma, domiciliada en Mariano Acosta.
"Comenzó diciendo que la mujer, de 70 años, era hipertensa. Hay una carta de agradecimiento muy emotiva, enviada al magistrado Humberto González, por permitirle las salidas de visita a su madre. Le cuenta del abrazo largo que se dieron, de la alegría de la mujer, de lo importante que era para él ese beneficio. Verdaderamente para llorar. El detalle que no tuvieron en cuenta es que estaba escrita de puño y letra por un sanguinario violador", dijo Angiono.
Esa confianza que le tenían a Brawton permitió que el sábado 17 de agosto, cuando fue a visitar a su mamá, sólo se quedara con él de custodia un efectivo del Servicio Penitenciario, el mismo que aceptó unas empanadas y gaseosa, tras lo cual se quedó profundamente dormido. "Lo último que recuerdo es la imagen difusa de Brawton con su pareja alejándose", dijo el efectivo ante el fiscal Carlos Oviedo, de la Fiscalía Descentralizada de Ituzaingó, que intenta seguir los pasos del abusador.