Después de caer ante River en Madrid, el delantero que hoy está en Francia hizo todo lo posible para abandonar Boca. Ahora repite que desea regresar, en sintonía con otros jugadores que se despiden y luego apuestan por la vuelta en una dinámica desconcertante

Aquel gol a River que no alcanzó en la final de la Copa Libertadores disputada en Madrid el 9 de diciembre de 2018, aquel gesto burlón a Gonzalo Montiel que quedó grabado como la canchereada de alguien que ya se sentía ganador, aunque recién se estaba jugando el primer tiempo. Y el 3-1 final que postergó a Boca y coronó a River en el Santiago Bernabeu.

Desde aquel día aciago para el sentimiento xeneize, Darío Benedetto comenzó su tarea diaria para abandonar Boca y partir hacia Europa. El objetivo lo conquistó cuando después de cumplir 29 años, en julio de 2019 quedó vinculado al Olympique de Marsella.

Desde allí, en cada oportunidad que se le presentó, recurrió al viejo lugar común que suelen repetir los jugadores argentinos en el exterior: “Me gustaría volver a jugar en Boca. Se que esto algún día va a ocurrir. Y si no ocurre, regresaré a La Bombonera como hincha”.

La salida apresurada y desprolija de Benedetto de Boca en un momento de altísima complejidad, producto de la caída histórica ante River en Madrid, dejó cicatrices por todos los rincones. Cicatrices que por otra parte nunca se cerraron, más allá del último campeonato que Boca (bajo la gestión de Ameal, Pergolini y Riquelme) terminó ganándole a River en la última fecha cuando derrotó a Gimnasia en La Bombonera.

El Pepe Basualdo, multicampeón con ese Boca macizo y demoledor que dirigió Carlos Bianchi, nunca se caracterizó por frecuentar la diplomacia a la hora de efectuar declaraciones. Hace unos días, replicó: “Si se quería ir, que se vaya. Habría que preguntarle al Pipa Benedetto porque quiere volver ahora. ¿Por qué esta Román, salió campeón y se tranquilizó todo? Hay que poner el pecho en las buenas y en las malas. Si te fuiste bancatela y no te la pases diciendo que querés volver. Deja pasar unos años y después se verá”.

La interpretación de Basualdo no parece desafortunada. El se fue y volvió a Boca, porque Carlos Bilardo (“fue de quien más aprendí”, afirmó en más de una ocasión) cuando ejerció como entrenador, lo dejó a un costado acusándolo de “traidor”. Basualdo regresó a Boca cuando asumió Bianchi como técnico en julio de 1998.

A mí me corrieron, no me fui porque quise. Lo de Benedetto es distinto”, planteó el subcampeón del mundo en Italia 90. La pregunta que se construye bajo el peso de estas circunstancias trasciende al ex goleador de Boca: ¿cuántos Benedettos hay en el fútbol argentino?

La respuesta no podría sorprender a nadie: muchos. Porque son muchos los jugadores argentinos que, antes y ahora, apenas se instalan en el exterior, intentan promover un regreso revelando que quizás se equivocaron cuando decidieron irse. O que se apuraron y se confundieron.

Uno de los casos testigo lo expresa Ezequiel Barco, quien apenas Independiente obtuvo la Copa Sudamericana el 13 de diciembre de 2017, en plena vuelta olímpica en el Maracaná manifestaba que no iba a jugar más en el equipo que por aquellos días conducía el lacrimógeno Ariel Holan.

Barco dejó de entrenarse en Independiente, presionó sin pausas a la dirigencia para abandonar de inmediato el club y en los primeros días de enero de 2018 fue transferido al Atlanta United de Estados Unidos.

Me gustaría volver a Independiente. Creo que me apuré en irme, con el tiempo me doy cuenta que me fui muy temprano. Tendría que haber jugado con el Rojo la Copa Libertadores. Pero en ese momento quería seguir progresando”, comentó hace un par de meses.

La conexión que vincula a Benedetto y Barco sirve para definir el alcance de decisiones que los jugadores ejecutan con una ligereza muy sensible a las necesidades del mercado y de sus representantes, pero muy alejadas de las necesidades propias.

Se van como si se fueran a comprar una docena de medialunas a la panadería de la esquina. Y quieren volver como si fueran pasajeros de una gran calesita.

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