Esta columna busca reflexionar sobre un tema esencial, que merece debatirse en profundidad. Las modificaciones que plantea el presidente Milei para el mundo laboral pueden resultar más perjudiciales que beneficiosas para la nación. Es necesario comprender que el avance hacia la libertad no debe sacrificar los derechos ni el bienestar de los trabajadores, y nos debemos soluciones que promuevan un equilibrio entre la libertad empresarial y la libertad de los trabajadores.

Luego de su asunción, el presidente Javier Milei anunció una reforma laboral y sindical que contradecía lo que él mismo había dicho en televisión, que no iba a meterse en la vida interna de los sindicatos. Estas reformas, que según los libertarios buscan dinamizar las convenciones colectivas y democratizar los sindicatos, sólo contribuirán a sumir en un caos a las industrias y empresas de servicio. Nada bueno puede emerger de discutir miles y miles de convenciones colectivas entre las actuales y nuevas, es una idea que hasta suena utópica.

Fragmentar el modelo sindical actual, que contempla negociaciones colectivas entre las cámaras empresarias y las organizaciones sindicales más representativas, sólo traerá ineficiencia e inviabilidad en la organización del trabajo, y perjudicará a todo el conjunto productivo, tanto a los trabajadores como a las empresas.

El modelo sindical argentino ha demostrado su eficacia a lo largo del tiempo tanto para los trabajadores como para las industrias y las empresas de servicios. Así lo muestran sus imponentes ganancias, recordemos que el mayor crecimiento económico del país se registró en el gobierno de Juan Domingo Perón, etapa en la que se consolidó la industria argentina. Estas reformas que se plantean ahora atentan directamente contra la economía nacional y por ende la discusión merece un abordaje más amplio y profundo. Aporto a continuación algunos puntos que creo importantes.

Las convenciones colectivas, la ley de trabajo y su reglamentación.

Los convenios colectivos se ven atrasados debido a los avances y cambios que se dan globalmente, cambios tecnológicos y de nuevas relaciones laborales, entre otros. Los convenios son de los 70 y 80 y el mundo ha cambiado, ya no es el mismo, y hay que enfrentar el desafío de modernizar los convenios colectivos. De lo contrario, además, estaríamos dejando desprotegidos a más del 50 por ciento de trabajadores del país que hoy están por fuera del sistema actual.

Pero por otro lado, es importante tener en cuenta que la ley de contrato de trabajo, fue sancionada en el año 1975, en el gobierno de Isael Perón, y fue una ley de avanzada en el mundo, por lo que no hace falta cambiarla. Lo que hay que cambiar es el decreto que la reglamenta - del año 1976 - y lleva la firma de Videla y Martínez de Hoz. Sería un buen punto de partida que podría dar paso a la discusión de un marco regulatorio moderno.

Es importante señalar que nunca llegó a buen puerto el intento de implementar modificaciones en la ley de contrato de trabajo. En los 90, por ejemplo, la propia justicia laboral declaró inconstitucionales los decretos del ejecutivo que buscaban establecer cambios, paradójicamente, los mismos que hoy propone el gobierno libertario. Por lo tanto, el espíritu de esta reforma ya fue debatido durante el gobierno de Menem sin éxito alguno.

El gobierno propone cambios en varios aspectos laborales, como la creación de un fondo de cese laboral, la eliminación de multas laborales y la extensión del periodo de prueba. Sin embargo, estos cambios podrían aumentar la precarización laboral y generar problemas adicionales.

Las organizaciones sindicales deben ser parte del debate.

Como aporte importante al diálogo, en una discusión sobre modernización laboral, es fundamental sumar a las organizaciones sindicales en vez de escuchar solamente al sector empresarial. El gobierno aún está a tiempo de hacerlo, la historia demuestra que cualquier reforma laboral debe ser cuidadosamente considerada para evitar consecuencias negativas.

Como tema recurrente, cuando se habla de reforma o actualización laboral, vemos como sale a la luz la falta de creatividad de gran parte del empresariado, y parte de la política, que cae en el error de reducir la reforma a la quita de derechos del trabajador. Esto sólo redundará en convenios flexibilizados como nunca se vio y en trabajadores tomando posturas radicalizadas ante la injusticia. En consecuencia, el escenario sólo podría derivar en la espiralización de los conflictos sindicales. Más aún cuando se plantea que algunos de estos reclamos podrían ser declarados ilegales a partir de calificarlos como esenciales.

Libertad de precios y control de salarios ¿Es justo?

Los precios suben por ascensor y los salarios por escalera. Hoy estamos asistiendo a una liberación de precios nunca vista, tanto que hasta al propio Domingo Cavallo, acérrimo defensor de las leyes del mercado, le resultó demasiado. El economista liberal consideró que frente a la siempre reclamada liberación de precios las empresas están llevando adelante “aumentos exagerados” y aconsejó al presidente, a contramano de su propia lógica liberal, que se siente con los empresarios para buscar un equilibrio, de lo contrario esto tendrá un peso negativo en la propia economía.

Por otro lado, la libertad para negociar salarios pareciera no existir. Como los ingresos están pisados lo que realmente están planteando desde el ejecutivo es planchar el salario real medido en dólares, es decir, precios de primer mundo con salario de tercer mundo. ¿Será que necesita el gobierno salarios que coticen casi nada en dólares para que les resulte más barata la dolarización propuesta?

En resumen, las modificaciones que plantea el presidente pueden resultar más perjudiciales que beneficiosas para la nación. Es necesario comprender que el avance hacia la libertad no debe sacrificar los derechos, ni el bienestar de los trabajadores. Debemos buscar soluciones que promuevan un equilibrio entre la libertad empresarial y la libertad de los trabajadores, y esta última va de la mano de la protección de los derechos laborales, sin fragmentar el modelo sindical argentino, que ha demostrado su eficacia a lo largo del tiempo.

En un mercado concentrado y en varios rubros de características monopólicas se le dio a las empresas que dominan el juego la libertad de aumentar los precios. Y en ese escenario no dudaron en tomar la fría decisión de hacerlo exageradamente mientras se mantenían los salarios pisados. Ahora el gobierno nos pide darle a los mismos empresarios la libertad total para establecer nuevas condiciones de trabajo ¿alguien cree que esta vez van a favorecer a los trabajadores?

Facundo Aveiro, Secretario General de Spiqyp (Sindicato del Personal Químico y Petroquímico)

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