Alfredo Pesquera y Miguel Ángel Graffigna se conocían muy bien. Compartieron muchas horas en un club porteño y allí surgió la idea de un negocio conjunto. Pero las deudas de uno y los reclamos de pago del otro llevaron al crimen del financista
Alfredo Pesquera y Miguel Ángel Graffigna se conocían muy bien. Ambos habían compartido horas en un club de la Capital Federal, donde se juntaban con amigos y socios. Además de asados y charlas, habían coincidido en la idea de hacer un negocio financiero. Pero las deudas del primero, y la necesidad de cobrar ese dinero por parte del segundo, habrían desembocado en el horroroso asesinato.

Pesquera, nacido en Berisso aunque viviendo en Buenos Aires desde hace por lo menos una década, fue encontrado este sábado muerto en Saavedra dentro de su camioneta BMW X6, después de haber estado veinticuatro horas prófugo de la justicia. El juez de instrucción Javier Feliciano Ríos, luego de una investigación de seis meses de la fiscal Paula Asaro, había ordenado la captura nacional e internacional del empresario, acusándolo de ser el presunto autor material del homicidio de Graffigna, ocurrido el 7 de junio pasado en el porteño barrio de Villa Ortúzar.

El empresario fallecido el sábado, hasta la madrugada del 24 de junio de 2000, era un hombre de muy bajo perfil, dedicado junto a un hermano al rentable e incipiente negocio de la tecnología informática, aunque ya había tenido sus primeros problemas con la justicia. Había sido denunciado (años después sería condenado) por haber vendido autos que no eran de él. Desde aquella madrugada, cuando protagonizó un accidente que le costó la vida al cantante cuartetero Rodrigo Bueno y al actor Fernando Olmedo en la autopista Buenos Aires-La Plata, se hizo un personaje conocido de las crónicas policiales.

Graffigna, dedicado al negocio financiero, había tenido también sus problemas con la justicia. Junto a su ex pareja había estado preso por un doble crimen ocurrido en Villa Elisa, en las afueras de La Plata. Si bien estuvo varios meses en prisión, en la causa se demostraría que no había tenido nada que ver con los asesinatos, que había sido víctima de una mujer despechada.

Tanto Pesquera como Graffigna, vaya la paradoja, de un día para el otro, se habían transformado en nombres citados por dos casos policiales que tuvieron mucha trascendencia pública, especialmente, en la ciudad de La Plata. En ambos casos, los dos serían absueltos.

En el club Lavalle de Capital Federal, que es una entidad que se centraliza en la actividad del luchador y empresario Jorge "Acero" Cali, los dos se cruzaron de nuevo. Allí comenzaría a gestarse el crimen de Miguel Graffigna. Según la investigación de la fiscal Asaro, Pesquera le habría pedido a Cali que lo ayudara para cambiar varios cheques que tenía en su poder. El peleador así lo hizo. El monto ascendería a 500.000 pesos. Pero esos documentos jamás se pudieron cobrar, ninguno tenía fondos.

Graffigna lo habría visitado varias veces para cobrar ese dinero. En el expediente por el crimen figuran los textos de varios mensajes enviados por el financista a Pesquera, en los que le reclamaba el pago de dicha deuda. Los mensajes fueron cada vez más fuertes. La última comunicación habría ocurrido el 7 de junio pasado, el mismo día del asesinato.

Hasta ahora se sabe que Graffigna, que un mes antes de su homicidio había comprado una pistola Glock .40, salió del microcentro porteño a última hora de la tarde. Iba en su recientemente adquirido Peugeot RCZ. En su casa lo esperaba su hija y su actual pareja. En el cruce de las avenidas Córdoba y Dorrego, en Colegiales, se detuvo a cargar nafta en la estación de servicio YPF. Habló con Carolina, su novia, a quien le dijo que llegaría en poco tiempo, que sólo se detendría a comprar algo para la cena. También habló por teléfono con algunos conocidos y, si bien hay comunicaciones que aún no han sido identificadas, sospechan que también pudo haber hablado con Pesquera.

El GPS instalado en el Peugeot RCZ fue clave para la causa. Según el recorrido del vehículo, luego de salir de la estación de servicio, fue hasta la puerta de una casa de esa zona, donde se detuvo unos minutos y, después, comenzó a transitar unas quince cuadras más, hasta que finalmente se estacionó en la calle Fraga al 1.300, en Villa Ortúzar. En ese lugar aún estaba el auto el día sábado, pero con el cadáver de Graffigna en el interior. Un balazo con una pistola calibre .40 (arma que no fue encontrada hasta el momento) había entrado por el ojo derecho de la víctima, matándolo en el acto.

Cuando los investigadores analizaron el recorrido del auto, se percataron que la anteúltima parada del Peugeot coincide exactamente con el domicilio particular de entonces de Pesquera. Por eso sospechan que lo pasó a buscar, pudieron haber discutido por la deuda, y el empresario lo habría asesinado con el arma de la víctima.

A partir de ese día, Pesquera se mudó tres veces en seis meses. Nunca más se comunicó con los amigos en común que tenía con Graffigna ni se acercó a negociar la deuda.

Ayer, en otra trágica coincidencia, Pesquera fue encontrado también muerto dentro de su auto. Pero a diferencia de Graffigna, los investigadores sospechan que pudo haber sido un suicidio.

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