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La seguridad Señor director:
Seguridad, seguridad y más seguridad. Más policías, más patrulleros, más guardianes en los bancos, más rejas y así y así. La inseguridad es una realidad aunque algunos todavía la quieran disfrazar de “sensación” y la sociedad entonces reclama y el estado responde como puede y como vengan las cosas.
Porfiar en las recetas tradicionales, a todas luces ineficaces como son la de endurecer las penas, construir más y más cárceles, otorgarle más potestades a la policía; no alcanza ni sirve aunque suene odioso y es un camino cantado al fracaso. Hasta ahora, parece que nadie quiere tener en cuenta que, sin una verdadera redistribución de la riqueza, sin una real planificación educativa, sin una real mejora de todos servicios públicos; en definitiva, todas políticas públicas a desarrollar y perfeccionar para empezar a cerrar definitivamente la brecha de exclusión social (mal llamada “pobreza”) es el primer camino que hay que emprender; pero, como son de largo plazo no son “vendibles”, como sí lo son para algunos integrantes del sector público cacarear sobre supuestas mejoras en la seguridad (“Vamos a ir hasta las últimas consecuencias”, etc., etc.).
La superabundancia de leyes y normas entrecruzadas alrededor de una “estrategia” punitiva causa el efecto de un placebo simbólico y momentáneo. Una verdadera e integral política de seguridad demanda que la ciudadanía crea y confíe en las instituciones incluida por supuesto en éstas la policía. Esto solamente es posible con políticas públicas integrales que generen una mayor y mejor inclusión social o sea, una verdadera democracia.
Alejandro Villa Abrille
Titular Asociación Civil CONEXUM
Carta de un perrito Señor director:
Yo soy Tomás y mi historia es cortita, porque soy jovencito. Por cierto, muy bonito. Alguna vez fui querido por Carolina, una hermosa estudiante de Ciencias Económicas. Cuando ella llegaba, yo bajaba de la cama a recibirla. Luego nos íbamos a dormir juntos. Por supuesto, que antes ella me contaba sobre su vida. Esos eran mis días felices con Caro.
Ella tuvo un accidente automovilístico y murió hace días. La mamá no elabora el duelo aún y estoy solito en la casa, sin que nadie se ocupe de mí y de mis cosas. Por tal razón, hoy salgo en el diario. Soy de Quilmes, soy muy jovencito y estos son mis números: 4200-9069 y 15-5932-5345 (Familia Laur).
Tomás (un perrito de Quilmes)
Pésimo ejemplo Señor director:
Quiero expresar el disgusto que me produjo la noticia de los excesos de velocidad de Di Palma (dando pésimo ejemplo), además de los que deben enormes sumas de impuestos y patentes por autos carísimos. Todo con aparente impunidad porque sólo piden disculpas. El tema es que a nosotros, los que con esfuerzo mantenemos un modesto auto, las multas nos resultan enormes y las intimaciones al pago muy duras. Ojalá algún día, haya una actitud justa para todos.
Elena Ríos
DNI 10.369.986
Partido Tres de Febrero
Los desocupados Señor director:
¿No son fantásticos nuestros políticos? Es que desconocen o no les conviene ponerlo en práctica. Miles de psicólogos aconsejan que los jubilados, a fin de prolongarles la vida y hacerla más interesante, deben tener una obligación u ocupación. Entonces, ¿los desocupados que cometen delitos, si tuviesen un trabajo decente no recurrirían al delito? Se prefiere mantener en esa condición a personas a quienes se pueda manejar y pedir actos inmorales, antes que proporcionarles una ocupación genuina. De ahí se surten para tener sus propias fuerzas de choque, patoteros y piqueteros. Si eso nos lleva cada vez más hacia el fondo del barranco, ¡qué les importa! Ellos ya han obtenido su objetivo, y los demás que revienten. Se llevan los dineros de todos, para sus secuaces y ellos. Mientras tanto, los trabajadores activos deben pagar un impuesto del 21.17 por ciento sobre los sueldos para mantener a los jubilados. Luego dicen que ellos los reparten como quieren. Y los usan para otras cosas pero no para mantener a los jubilados, que sería su finalidad legítima.
Julio S. Duarte
Villa Adelina
Derechos humanos Señor director:
Dijo el doctor Strassera: “... a los Kirchner, nunca les importó la Política de los Derechos Humanos”. Así es, por “hacer caja”, tenemos que soportar este “Genocidio a la Vejez”, que castiga dos veces al año, con un “aumento” por Ley de Inmoralidad (mal llamada de Movilidad), que en vez de sumar, resta mensualmente el Poder de Compra a todos los jubilados que hemos aportado durante 30, 40 o más años. “Nunca más” justa la frase del ex fiscal.
Osvaldo Gasparri
Lanús