¿Es posible desarrollar anticuerpos si uno se enfrenta a situaciones traumáticas? ¿Existirá algo así como la vacuna contra el estrés?

Se considera que los niños con vidas más estresantes muestran un incremento de la hormona que nos genera estrés y nos prepara para luchar o huir: el cortisol. Esta hormona es la encargada de redistribuir la energía en forma de glucosa a las regiones del cuerpo que más la necesitan: el cerebro, para tomar decisiones rápidas, y las extremidades del cuerpo. Al mismo tiempo, el cortisol inhibiría sistemas corporales no tan urgentes como el sistema digestivo.

Algunos factores son más relevantes a la hora de determinar si un evento traumático durante la niñez llevará a la vulnerabilidad o a la resiliencia que, como vimos en otras columnas de este mismo diario, se trata de la capacidad de adaptación que tenemos frente a una situación que nos perturba o que nos es adversa. El estrés infantil puede llevar a la resiliencia siempre que se tenga control sobre el estresor (por ejemplo, saber cuándo va a suceder). En cambio, eventos de estrés incontrolable pueden desencadenar indefensión aprendida, que hace que una persona crea que no puede cambiar las circunstancias de la situación en la que está viviendo. Si ocurre lo primero, probablemente el niño desarrolle algún tipo de anticuerpo al estrés; si ocurre lo segundo, es posible que cualquier evento traumático despierte la sensación de no poder controlarlo.

Una parte importante de la manera en que reaccionamos frente a los eventos estresantes es el ambiente en el que vivimos. La mayoría de los adolescentes que durante su niñez tuvieron un desarrollo lento o complicado a causa de algún evento traumático pudieron mejorar su situación y ponerse al día cuando se vieron en un ambiente amoroso y que le brindaba apoyo. Este hecho, junto con que no todos los humanos expuestos a experiencias traumáticas desarrollan un trastorno de estrés postraumático, apoya la idea de que los factores ambientales interactúan con los genéticos y que juntos afectan a la resiliencia.

Varios estudios científicos revelan que aquellas personas que pudieron controlar un evento estresante moderado (como, por ejemplo, la enfermedad de un ser querido, la mudanza de un gran amigo o una precoz ruptura amorosa) desarrollan resiliencia a otros eventos estresantes. Este fenómeno se llama “inoculación del estrés” y ocurre cuando una persona tiene una respuesta adaptativa al estrés y una resiliencia mayor que la media a los efectos negativos de los eventos estresantes. De alguna manera, la inoculación del estrés funciona como una vacuna contra algún virus: produce un grado de inmunidad ante los eventos estresantes.

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