Se debe ver al bien común como metas que nos unen como sociedad y que, más allá de cualquier interés individual, deben guiarnos.

Hemos escuchado a lo largo de tanto tiempo que lo que se requiere para la Argentina, al fin y al cabo, es un “verdadero proyecto de país”. Parece lógico, hasta obvio para cualquier comunidad. El problema es que muchas veces no se tiene en cuenta que la mayor eficacia para conseguir logros comunes reside en los propósitos colectivos.

La manera de actuar de cada uno puede (o no) ser beneficiosa para el bien común. Por eso, además de la buena voluntad particular, son necesarias instituciones que busquen asociar el interés individual y los intereses colectivos.

En este sentido, Jean Tirole, premio Nobel de Economía, propone pensar acerca del bien común como metas que nos unen como sociedad y que, más allá de cualquier interés individual, deben guiarnos. Según Tirole, la economía –así como otras ciencias– debe aportar a mejorar las condiciones de vida y las oportunidades para todos, englobando las dimensiones tanto individual como colectiva en sus análisis.

¿Cómo podemos naturalizar que haya niños y niñas que no tengan lo necesario para el desayuno de cada mañana, que haya personas en nuestras ciudades que pasen frío en la intemperie de la noche porque no tienen casa donde abrigarse, que nuestros ancianos no tengan la medicación imprescindible para tratarse?

Una comunidad se construye sobre la base de la cooperación y la empatía. Por eso debemos comprender lo que le pasa al que sufre, pero también debe dolernos como si nos pasara a nosotros mismos. Y actuar en consecuencia.

Las motivaciones sociales tienen fundamentales implicancias para las políticas públicas. Cuando el diseño de las organizaciones e instituciones no es consistente con los verdaderos propósitos de sus miembros, lo más probable es que tengan dificultades para lograr sus objetivos.

Aunque resulta evidente, siempre es bueno recordar que la conducta de las personas determina la viabilidad y el funcionamiento de los grupos que conforman. Un enfoque que considera esto nos acerca a entendernos y responsabilizarnos como personas que actuamos organizadamente en respuesta a nuestras propias necesidades y preocupaciones.

Muchas veces se desconsideran estas estrategias porque se trata de caminos largos, que se andan de a poco y a partir de consensos entre los que no piensan del todo igual, donde no hay iluminados que dicen “es así” y es así.

Una sociedad en la que sus integrantes viven privilegiando sus intereses particulares en desmedro de los comunes no deja lugar para el trabajo en conjunto. Nuestra supervivencia está atada a saber cooperar, confiar en los demás. Por eso, necesitamos una estrategia colectiva a largo plazo centrada en el bien común.

Facundo Manes es neurólogo y neurocientífico. Presidente de la Fundación INECO

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