Por cada celíaco diagnosticado, hay otros 8 aún sin diagnosticar. Aumentan las consultas en los centros de salud, y son las mujeres las que reúnen a la mayoría de los casos. Seguir una dieta libre de gluten es la única manera de tratarla, cuidando alimentación y medicamentos.

Hoy la celiaquía es la enfermedad crónica intestinal más frecuente en Argentina: se estima que alrededor de 400.000 personas pueden ser celíacas y cada vez son más a quienes llegan al diagnóstico. En los niños, según estudios oficiales, la prevalencia es aún mayor, 1 de cada 79 puede ser celíaco. Si bien cada vez es más común que personas adultas lleguen al diagnóstico, por cada celíaco diagnosticado, hay 8 que todavía no lo saben.

La celiaquía es la intolerancia permanente al gluten, conjunto de proteínas presentes en el trigo, avena, cebada y centeno (TACC) y productos derivados de esos cuatro cereales. “El diagnóstico puede confirmarse en cualquier momento de la vida, desde la lactancia hasta la adultez, y tienen mayor predisposición de ser celíacas las personas con algún antecedente familiar que ya padezca esta intolerancia”, asegura Silvia Vera Tapia presidente de la Asociación Celíaca Argentina, institución que desde hace 40 años vela por los derechos de los celíacos.

Los síntomas son muy variados y no siempre se los asocia directamente con la enfermedad. Además de los síntomas típicos (diarrea crónica, la distensión abdominal, pérdida de peso y desnutrición) que son más frecuentes en los niños, existen otros que también pueden dar indicio de la enfermedad como son anemias sin otra causa, talla baja, trastornos del esmalte dental, aftas recurrentes, dermatitis herpetiforme, entre otros.

Está comprobado que la incidencia es mayor en mujeres que en varones y, al existir predisposición genética a padecerla, cuando un paciente confirma el diagnóstico, se suele indagar en el resto de los miembros de su grupo familiar de primer grado (padres, hermanos e hijos) ya que tienen mayor predisposición a padecer la enfermedad. En este grupo, la prevalencia oscila entre el 5 al 15% y la enfermedad puede permanecer de forma asintomática.

Una vez que se diagnostica la intolerancia al gluten, se debe confirmar con un examen de sangre, solicitando los anticuerpos antitransglutaminasa (tipo igA) y por último una endoscopia digestiva y biopsia duodenales. Si se detecta una atrofia vellositaria, el intestino no tiene capacidad para absorber minerales, vitaminas o alimentos en general; en este caso se produce una respuesta autoinmune a un antígeno externo como el gluten.

El único tratamiento posible es seguir una dieta estricta libre de gluten, sin transgresiones y de por vida. El no cumplimiento de la misma, puede ocasionar complicaciones en el organismo. Se estima que los pacientes adultos consiguen la mejoría de los síntomas a partir de las 2 semanas, la normalización serológica entre los 6 y 12 meses de tratamiento y la recuperación histológica a los 2 años aproximadamente

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