Estos grandes enojos que tienen son perfectamente normales en esta etapa. No se trata de chicos mal educados ni caprichosos, es la forma que encuentran en su escaso poder de comunicación que aún tienen, de mostrar lo que les sucede. Estas explosiones pueden ser manifestadas con llantos, gritos, tirarse al suelo y patalear, entre otras. La frecuencia de estos berrinches depende de cada niño, algunos tienen estos estados cada tanto y otros a diario.
No hay que alarmarse, son normales y frecuentes hasta los 4 años, especialmente a los 2 años, y se van a medida que el niño crece. Se necesita grandes dosis de paciencia, de comprensión hacia la etapa que están atravesando nuestros niños y sus características particulares. Si conocemos momentos y las situaciones en las que es más probable que nuestros niños estallen de rabia, podemos evitar situaciones dolorosas para todos:
-Ofrecerles dos posibilidades y dejarlos que ellos elijan por una.
-Cuando el niño siente frustración por no poder realizar una habilidad se puede sacar de su presencia esos juguetes o enseñarle otra manera drealizar eso que les resulta complicado.
-Algunos juegos sobreexcitan a los niños y pierden el control. Cortar un juego de este tipo a tiempo, presentando otras actividades.
- Si existen en la casa objetos con los que no se les deja jugar, ponerlos fuera de su vista evita la frustración por no poder agarrarlos.
- Cuando tienen sueño, hambre o si están cansados, son situaciones con probabilidad de berrinches.
-Avisarles con tiempo lo que van a hacer en las próximas horas hace que estén preparados y se evita el berrinche que les produce una imposición instantánea. Ser empáticos con nuestros hijos es el mejor regalo que les podemos hacer.