Sin una buena nutrición y sin estímulos afectivos y cognitivos, el cerebro en desarrollo de los niños se vuelve débil y vulnerable. En su día, lo mejor que podemos hacer es comprometernos a trabajar para asegurarles un futuro

Hace pocos días conocimos un alarmante estudio de Unicef sobre la pobreza infantil en Argentina en el que midieron el impacto de la pandemia del Covid-19 en niños,niñas y adolescentes. Según sus estimaciones, hacia fin de año los niveles de pobreza en la niñez ascenderían a más del 62,9 %. Esto significaría que tendremos más de 8 millones de niñas y niños pobres. Es una verdadera inmoralidad y, al mismo tiempo, una hipoteca social para el futuro. Sin una buena nutrición y sin estímulos afectivos y cognitivos, el cerebro en desarrollo se vuelve débil y vulnerable.

La neurocientífica de la Universidad de Pensilvania Martha Farah comprobó, a partir de sus estudios, que una mala nutrición, la exposición a toxinas ambientales y la deficiente atención prenatal pueden causar trastornos en la formación del cerebro del niño. Otros estudios han encontrado cambios neuronales en niños asociados al estrés constante: ciertas neuronas logran menos conexiones en la corteza prefrontal, un área fundamental para todo tipo de tareas desde el razonamiento hasta la regulación emocional.

Por supuesto, todo esto es reversible si se actúa a tiempo. No hay, ni debe haber, política más prioritaria que proteger la integridad física y mental en la infancia. Porque cuando el Estado desprotege a un niño, estamos vedándole el presente y arrebatándole el futuro a alguien que necesita como nadie de su comunidad y de las instituciones públicas. Esto lo sabe la ciencia, pero lo resuelven las políticas públicas. Es imprescindible implementar con celeridad programas de intervención en la temprana infancia que puedan mitigar las condiciones de desventaja ambiental. Tenemos que involucrarnos todos para pensar, decidir, llevarlas adelante y aceptar como propias esas decisiones.

Es un escándalo que exista el hambre y la pobreza en un país como el nuestro. Esto, que en sí mismo resulta intolerable, tiene un impacto social mayúsculo. Estamos limitando las oportunidades de nuestros niños y niñas, pero también estamos frenando el desarrollo de una nación. Deberíamos sentirnos avergonzados y pedirles perdón por nuestra impericia, por nuestra inacción, por todas las veces que tomamos decisiones equivocadas e inmorales, por estar discutiendo nimiedades, por no protegerlos. Son quienes más nos necesitan.

Para combatir la pobreza es necesario comprender toda su complejidad. Los programas que han obtenido mayor éxito son los que consideran su multidimensionalidad y combinan estratégicamente acciones para el desarrollo de la primera infancia, la nutrición temprana, la salud, la educación de calidad, la vivienda, la infraestructura y los servicios. Hoy es el Día del Niño, lo mejor que podemos hacer es comprometernos sin dejar pasar un minuto más en trabajar para asegurarles un futuro.

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