Definitivamente Maravilla se luce más cuanto más nombre tiene su rival, es decir, cuanto más de punto va.
Y Macklin siguió siendo peligroso con su derecha precisa de contra, a tal punto que en el 5° ambos se dieron con todo, en un intercambio que por un lado hizo zapatear al argentino, quien también hizo estragos con sus golpes.
Le costó una caídaFuerte, guapo, el británico hizo honor a su estirpe y en el 6° puso en aprietos al argentino, con su fórmula de la contra diestra y aguante, sin dejar llevarse por delante aunque la velocidad y precisión del campeón fueran superiores. Así en el 7° sucedió una circunstancia inesperada, por culpa del mal árbitro Eddie Cotton, que le contó al argentino una caída que había sido ocasionada por una zancadilla.
No parecía hasta el 8° la lucha entre el 3° del mundo y alguien del montón, por lo cual Maravilla se dio cuenta de que era preferible boxearlo tranquilo, sin pretender noquearlo, y fue entonces que se le hizo la luz, y -tal como había pronosticado- comenzó a demolerlo en los rounds finales.
Comenzó en el 9°, siguió en el 10°, cada vez con una paliza in crescendo, hasta que en el 11° siguió acribillándolo. Un concierto de mano derecha en punta, de fintas, de baile con pasos al costado, y, cual torero con el toro, una izquierda de remate dieron la estocada final.
Con la izquierda recta le provocó la primera caída en el 11°, arrojándolo contra un rincón, aunque Macklin se levantó con una imagen de derrota, sangrando del cuero cabelludo en la parte de la sien derecha, además de presentar maltrechos ambos ojos. Y luego lo volvió a tirar con otra izquierda, que pese a que lo salvó la campana, fue la final, porque ya no salió al 12°.
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