La humildad de la mesa familiar en la que nada abundaba, nutrió desde niña el corazón de una deportista por excelencia que hoy, junto a su marido, lleva adelante una cruzada a la que sin duda le pone el cuerpo
La solidaridad es un valor que se ha hecho carne en Jimena Gallardo, quizás como producto de la enseñanza recibida de sus padres en el humilde hogar familiar de Luján de Cuyo, en Mendoza, donde a pesar que había poco para poner sobre la mesa, nunca faltó un plato para algún necesitado.

Las privaciones de aquellos tiempos no fueron obstáculo para que Jimena se desarrollara y descollara en cuanto deporte se animara a practicar, al punto que en un exclusivo club mendocino el presidente de la institución tuvo que confesarle "sos pobre pero sos buena" cuando vio el rendimiento de la entonces adolescente en handball.

Un día, a los 17 años, decidió empezar a correr y se dio cuenta que esa práctica atlética,
infinidad de veces compartida con Hugo, su padre, un ex futbolista de Gimnasia y Esgrima de Mendoza, se ajustaba de maravillas a su concepto como deportista en el que la clave reside en su resistencia física para superar desafíos.

El triatlón y las ultramaratones la absorbieron, del mismo modo que una iniciativa de profundo espíritu solidario que comenzó a desplegar cuando conoció a su marido
, justamente en una prueba pedestre, y que terminó en un proyecto destinado a combatir a un enemigo paradójicamente voraz: el hambre.

"El hambre se siente y se ve y por eso con Santi, mi esposo, decidimos llevar a cabo la cruzada que empezamos hace 8 años y por la cual la organización Mil Milenios de Paz nos designó embajadores de la Paz", relató a HISTORIAS DE VIDA Jimena, quien sin duda le pone el cuerpo a esa actividad.

De hecho ahora está abocada a la realización del Proyecto Runner 300 kilómetros de Polo a Polo No + Hambre, tal el nombre de la cruzada que impulsa y en la que hasta el propio Papa Francisco se ha interesado.

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No para hasta Alaska



"Esta vez voy a correr cien kilómetros en Ushuaia el 28 de marzo, otros cien en Vancouver, Canadá, el 28 de julio y otra cantidad similar en Juneaut, Alaska, el 28 de agosto, para que lo que aporten sponsors y empresas pueda ser donado en alimentos y partidas proteínicas a familias y comunidades que lo necesiten", explicó entusiasmada tras recibir en ese momento la confirmación que el Sindicato de Camioneros patrocinará el proyecto que empezará a cristalizar en marzo.

Para los que no creen en los caprichos del destino, esta deportista por naturaleza, que es profesora de química, también se especializó en nutrición, justamente el rubro sobre el cual el doctor Santiago Burastero Torres, desde hace diez años su esposo y padre de sus hijos Santiago, de 8 años, y Lola, de 6.

"La primera vez que corrí en el marco de la cruzada fue en el 2006 para recolectar datos sobre todo de comedores y merenderos rurales y enviarles asistencia; la segunda fue para ver como seguían las cosas" apuntó Jimena, que ironiza en ser la 'Primera Dama' de la cooperadora del jardín Infantes Esquina, en La Recoleta, cuyo presidente es Santiago y a donde asisten chiquitos de la Villa 31.

Pero el sentir solidario de Jimena conoce otras facetas que van más allá de mantenerse entrenada para las ultramaratones, como la de cocinar lunes, miércoles y viernes en casa de su hija mayor, Tatiana, y de otras voluntarias, para repartir comida a indigentes en una amplia zona desde el Congreso hasta Libertador y de Pueyrredón a Cerrito. Y en todas las versiones, disfruta de lo que hace, comprometida como está en ganarle la carrera al hambre.

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