La generación y puesta en marcha de juicios por jurados no deja de asombrar a jueces, fiscales y abogados en la Provincia de Buenos Aires. Hace pocas semanas, en la localidad de San Martín, se llevó a cabo el primer juicio bajo esta modalidad. Doce ciudadanos se reunieron durante tres días para juzgar a un hombre acusado de matar a su cuñado, en medio de una discusión familiar. ¿Se hizo justicia? Por supuesto que no. El acusado fue declarado inocente, y puesto inmediatamente en libertad. La decisión del jurado fue legal, pero inmensamente injusta y contraria al Derecho Penal. Fue legal toda vez que el jurado estaba legítimamente constituido y en el marco de una nueva ley de juicio por jurado. Pero hubo allí una enorme injusticia: La absolución del acusado y su liberación como consecuencia. Se lo declaró inocente, sin serlo. A lo lago del juicio se observó, bien a las claras, que el imputado mató a la víctima actuando con discrecionalidad, de manera consiente, con discernimiento y absoluta libertad. En este marco, de la única forma en que el asesino pudo haber sido declarado inocente, fue solo y precisamente en torno a una interpretación errónea y arbitraria de un jurado ciudadano y lego. Es por ello que no se hizo justicia. Es por ello que el asesinato quedó legalmente impune.