En el Día de la Armada, el almirante Juan Carlos Romay lanzó un fuerte reclamo por mayor inversión en equipamiento, tecnología y mantenimiento naval
Con un discurso atravesado por advertencias estratégicas, reclamos presupuestarios y definiciones geopolíticas, el jefe de la Armada Argentina, Juan Carlos Romay, utilizó la conmemoración del Día de la Armada para poner sobre la mesa las limitaciones operativas que enfrenta la fuerza y reclamar una política sostenida de inversión militar y marítima.
El acto se realizó en la Base Naval Puerto Belgrano y contó con la presencia del ministro de Defensa, Carlos Presti; el secretario de Finanzas, Pablo Quirno; legisladores nacionales y autoridades militares. Allí, Romay trazó un diagnóstico severo sobre el estado de la capacidad naval argentina y advirtió que el país no puede resignar presencia en el Atlántico Sur ni desatender la protección de sus recursos estratégicos.
“Cada 17 de mayo, Argentina recuerda un hecho que cambió su historia”, afirmó el almirante al inicio de su mensaje, en referencia a la victoria del almirante Guillermo Brown sobre la flota realista en el combate naval de Montevideo de 1814. Para Romay, aquel episodio dejó una enseñanza vigente: “Sin control del mar no hay independencia posible y sin presencia naval sostenida no hay soberanía real”.
El jefe naval vinculó esa mirada histórica con los desafíos contemporáneos y sostuvo que el Atlántico Sur representa una pieza central para el desarrollo económico, social y estratégico del país.
Recordó que más del 90% del comercio exterior argentino se realiza por vía marítima y advirtió que los conflictos internacionales recientes, desde el Golfo Pérsico hasta el Mar Rojo, exponen la fragilidad de las rutas comerciales globales.
“La vida y la grandeza de la República Argentina dependen principalmente de su intercambio comercial”, expresó Romay, quien llamó a consolidar una verdadera “conciencia marítima” para proteger los 4.700 kilómetros de litoral argentino, la Zona Económica Exclusiva y la proyección nacional sobre la Antártida.
En uno de los tramos más sensibles de su discurso, el almirante expuso las consecuencias de la falta de inversión sostenida en Defensa. “Las Armadas son muy sensibles a la discontinuidad presupuestaria. Un buque sin mantenimiento pierde disponibilidad. Un sistema de armas sin actualización queda obsoleto. Un stock crítico sin reposición deja a la Fuerza sin respuesta”, afirmó ante la plana mayor militar y representantes del poder político.
Aunque evitó referencias directas a gobiernos anteriores o a la actual administración, el mensaje fue interpretado como un reclamo concreto por el deterioro acumulado en materia de equipamiento naval, mantenimiento y recuperación de capacidades estratégicas.
La situación de la fuerza continúa marcada por las secuelas del hundimiento del submarino ARA San Juan en 2017, tragedia que dejó a la Armada sin capacidad submarina operativa. Desde entonces, los submarinistas argentinos realizan capacitaciones en el exterior, principalmente en Perú, mientras la incorporación de nuevas unidades continúa pendiente.
Romay también puso el foco en el cambio de paradigma que atraviesa la guerra moderna y sostuvo que el control marítimo ya no depende exclusivamente de la cantidad de barcos disponibles, sino de la capacidad tecnológica, la inteligencia y la integración de información.
“Hoy se combinan drones, misiles de precisión, guerra electrónica y manipulación de identidades”, explicó. Según detalló, los buques militares y civiles tienen capacidad para realizar relevamientos del fondo marino, explorar recursos estratégicos y operar en espacios marítimos jurisdiccionales sin ser detectados a tiempo si no existen sistemas avanzados de vigilancia y monitoreo.
En esa línea, insistió en la necesidad de desarrollar una “conciencia situacional marítima” basada en la integración de sensores, plataformas tecnológicas, bases de datos y organismos estatales. “Sin información integrada no hay control real”, resumió.
Otro de los ejes centrales del discurso estuvo vinculado al fortalecimiento de la industria nacional de defensa. Para el jefe naval, depender excesivamente de proveedores externos implica una vulnerabilidad creciente en un contexto global atravesado por restricciones tecnológicas, sanciones y tensiones geopolíticas.
“Mantener, reparar y eventualmente producir medios navales en el país no es un lujo: es autonomía estratégica”, sostuvo. En ese sentido, defendió la necesidad de impulsar capacidades industriales propias para garantizar libertad de acción y reducir la dependencia externa.
La innovación tecnológica también ocupó un lugar central en el mensaje del jefe naval. Romay mencionó las enseñanzas que dejaron la guerra entre Rusia y Ucrania en el Mar Negro y los conflictos en Medio Oriente, donde drones, sistemas autónomos y guerra electrónica demostraron capacidad para generar impactos estratégicos a bajo costo.
“La superioridad militar ya no depende solo de plataformas complejas, sino de la integración entre sensores, armamentos innovadores, sistemas autónomos, guerra electrónica y protección cibernética”, afirmó. Y agregó que las unidades tripuladas continúan siendo fundamentales, aunque deben operar integradas con medios no tripulados y sistemas robustos de comando y control.
El discurso también incluyó una advertencia sobre la presencia de buques extranjeros en áreas cercanas a la Zona Económica Exclusiva argentina y sobre el riesgo de perder control efectivo sobre recursos pesqueros, energéticos y de infraestructura offshore.
“El mar se controla estando en el mar”, remarcó Romay, quien reclamó construir una política marítima de largo plazo articulada entre Defensa, ciencia, economía y distintos organismos estatales.
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