A pesar de las diferencias ideológicas, hay una premisa en común para la mayoría de los empleados judiciales: CFK es esperada con ansias. Algunos, dicen por lo bajo, quieren bajar a insultarla, a escracharla; otros, con el pecho inflado, a saludarla, a darle un beso, a agradecerle por los últimos 12 años. Fue tan grande la huella que dejó Cristina que su figura no es una más. No pasa desapercibida. Fuentes, de hecho, aseguran que el SiTraJu, el sindicato de judiciales de rama kirchnerista con fuerte actividad en Comodoro Py, tiene preparada una sorpresa para el momento en que la referente del Frente Para la Victoria se meta en el palacio, y se enfrente con el Poder Judicial que tantas trabas le puso durante sus ocho años de gestión.
En la calle, detrás de la primera valla —una fila más de las que hubo ayer, cuando declaró Axel Kicillof— que estará en la esquina de las avenidas Comodoro Py y Antártida Argentina, habrá miles de personas. Entre patrulleros, fotógrafos, camiones de bomberos y móviles de televisión, estarán ellos: miles de militantes, de simpatizantes, de creyentes que, auto convocados, irán a acompañar a la jefa del proyecto. Que no quieren —como repiten en las redes sociales— dejarla sola.
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