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13 | 04 | 2016
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Crítica | Koblic: el fugitivo del horror

Hernán Khatchadourian (@hernankhat)
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Por Hernán Khatchadourian (@hernankhat)


Tras cinco años, el director Sebastián Borensztein regresa a la pantalla grande con un western que reúne a dos grandes “pistoleros”: Ricardo Darín Y Oscar Martínez.

Crítica | Koblic: el fugitivo del horror
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Luego de La Suerte está Echada y Un Cuento Chino, la lógica indicaba que el siguiente film del director Sebastián Borensztein sería otra comedia, pero lo cierto es que uno de los herederos del gran Tato Bores optó por cambiar de género y encaró su siguiente trabajo situándolo en el oscuro período que abarcó la última dictadura militar que asoló al país entre los años 1976 y 1983.

Pero no sólo a eso se animó Borensztein sino que también pergeñó junto al guionista Alejandro Ocon una historia más parecida a un "asado-western" (este término empleado en obvia referencia a los spaghetti western que se hacían en Italia) que a una película testimonial, sin pensar los riesgos que supone semejante apuesta.

El Kóblic del título es Tomás, un piloto de la Armada que decide desertar de la fuerza tras participar de uno de los tristemente célebres "vuelos de la muerte", y que huye a un pueblo del interior del país llamado Colonia Santa Elena, donde un amigo lo refugia y le da trabajo  mientras piensa en un destino mejor.

Sin embargo, Kóblic no tarda en entrar en contacto con Velarde, el comisario local, tan corrupto como desagradable, y que se obsesiona muy pronto con descubrir qué es lo que hace ese "porteño" en sus dominios.

Si bien el argumento suena sencillo, a poco de comenzar la película la intriga se hace con el dominio de la pantalla y tiende lazos por aquí y por allá, sobre todo con la inclusión de Nancy, una poco atípica "damisela en desgracia" que interpreta la española Inma Cuesta y que despierta en Kóblic algo de la humanidad que ha adormecido en su interior.

Pero a no engañarse, puesto que el que en un primer momento puede parecer el héroe del film, se revela en su accionar como una persona fría que por momentos hiela la sangre con sus decisiones.

Darín, sólido como en la mayoría de sus trabajos cinematográficos, se muestra cómodo en la piel Kóblic; a pesar de que muchos críticos se vayan a quejar de que "hace de Darín" que es lo que su público compra cada vez que va al cine a verlo. Este Kóblic lleva su carga pesadamente durante toda la película y este motor emocional le funciona a la perfección para traerlo al plano humano y confirmar los dichos del actor de que "no es un héroe, ni siquiera un antihéroe".

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Sin embargo, si hay una actuación por la que vale la pena ver este filme es por la impresionante caracterización de Oscar Martínez. El hombre de la sonrisa hosca, no se reconoce a primera vista (ni siquiera en el póster promocional del filme) gracias a las capas de maquillaje, peluquín y hasta unos horribles dientes postizos que se complementan con su gestualidad y un acento verdaderamente pueblerino. Una maravilla que deja de lado la imagen clásica de los personajes que le han tocado en suerte a lo largo de toda su carrera y que le abre una nueva puerta de acá al futuro.

La española Inma Cuesta también realiza un gran trabajo, impresionante si se tiene en cuenta que no sólo interpreta a un personaje que hasta unos días antes de empezar a filmar le era totalmente ajeno, sino que lo hace sin dejar rastro de su acento castizo. Increíble pero real (y sin doblador).

También hay revelaciones en Kóblic como es el caso de Marcos Cartoy Díaz que aquí compone al ayudante de Kóblic en el aeródromo donde éste trabaja y cuyo personaje crece con el correr de la trama hasta convertirse en alguien fundamental.

En el plano técnico, Borensztein consigue crear con climas y momentos de gran tensión  con planos e iluminación correctos, sin contar con una gran cantidad de tomas aéreas realizadas "a la vieja usanza" que le imprime al producto un dejo de clasicismo. Hay además, una oscura escena que recrea un "vuelo de la muerte" que provoca una sensación que oscila entre la desesperación y la angustia  más profunda.

En definitiva, nos encontramos ante un gran filme de manufactura nacional, digno de una buena crítica pero aún más de del favor del público -no sólo del que sigue a Darín- que lo puede convertir en uno de los más taquilleros en un año que ya es récord para el cine argentino.

Calificación: muy buena

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