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26 | 04 | 2016
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Archivo | Hace 25 años una razzia acabó con la vida de Walter Bulacio

Marcelo Pensa
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Por Marcelo Pensa


Fanático de San Lorenzo y de Los Redondos, el joven murió tras una golpiza de los uniformados en la comisaría 35.

Archivo | Hace 25 años una razzia acabó con la vida de Walter Bulacio
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Hoy tendría 42 años, podría ser padre de familia y seguiría siendo fanático de Los Redonditos de Ricota, como en su adolescencia. Sin embargo, Walter Bulacio, cuando con sus 17 años y cursaba 5º año del secundario en el Colegio Nacional Rivadavia, murió un 26 de abril de 1991 en medio de cientos de miradas hacia personal policial que lo había detenido y llevado a una comisaría siete días antes luego de un recital de su grupo preferido. 

Por su cabeza pasaba ser abogado en un futuro, no le escapaba a los estudios y le gustaba escribir cuentos. Era fanático de San Lorenzo y de los Redondos, y como sabía que sus padres no podían pagarle el viaje de egresados consiguió un trabajo como "caddie" en el campo municipal de golf.

El 19 de abril de 1991 Patricio Rey y los Redonditos de Ricota tenían un recital en el estadio Obras y un grupo de chicos de Aldo Bonzi alquiló un micro, porque resultaba más barato que viajar en colectivos de línea. Al llegar al barrio de Núñez aquellos que tenían entradas compradas de antemano se pusieron en la cola, mientras que quienes no las habían sacado, se desesperaron al saber que estaban agotadas.

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Walter tenía la plata que le había dado la abuela para poder comprarse su entrada y con un amigo dio un par de vueltas, tratando de encontrar a alguien que revendiera un ticket. Pero lo único que abundaban eran los uniformados en celulares, patrulleros y colectivos apostados, esperando la orden de empezar a cazar a quienes cometieran desmanes.

Los chicos de Aldo Bonzi no se resignaron a perderse el recital de su grupo favorito y rodeando la reja del Club Obras Sanitarias encontraron un hueco por donde entrar. Pero lo único que encontraron fue la razzia policial que, a palo limpio, los terminó subiendo a los colectivos apostados en la avenida del Libertador.

Nadie podía prever el triste desenlace de ese brutal accionar policial y que la memoria de Walter, hoy a 25 años, perdure en la historia como el Caso Bulacio. Un centenar de chicas y chicos fueron detenidos, pero sólo 73 fueron anotados en los libros de la Comisaría 35ª, con jurisdicción en la zona y a cargo del jefe del operativo, comisario Miguel Ángel Espósito.

Las detenciones se produjeron entre los jóvenes que estaban aglomerados frente a las puertas del estadio y en los bares de la zona, con quienes la policía tenía pendiente la "cuota voluntaria" que se les exigía.

Durante los traslados comenzaron a producirse todo tipo de incidentes entre los detenidos y el personal policial. Jóvenes intentando escaparse por la ventana de la golpiza de los uniformados, quienes después eran arrojados a los calabozos del subsuelo de la comisaría 35ª. Los chicos que compartieron el calabozo con Walter contaron que, desde que lo entraron, se quedó muy quieto en un rincón, tenía frío y estaba muy asustado. Era la primera vez que lo detenían. Por eso, o porque no lo veían bien, le dieron la única silla que había en el lugar.

Al amanecer, sólo Walter y otros dos menores quedaban en la celda. Bulacio no estaba bien: no podía pararse y se expresaba con cierta dificultad. Cuando vomitó, los chicos empezaron a llamar a la guardia. Un rato después los policías llevaron a Walter a la oficina de guardia, donde volvió a vomitar.

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Walter fue internado de urgencia en el Hospital Pirovano e informaron a los padres que estaban tranquilos en su casa de Aldo Bonzi, porque les había dicho que como el recital terminaba tarde se iría a trabajar directamente al club de golf.

Por decisión de los padres, Walter fue trasladado el domingo 21 de abril al Sanatorio Mitre, incluido en la cartilla de su obra social. Lo acompañaba un certificado del Dr. Tardivo del Pirovano informando "golpes faciales varios de 36 horas de evolución".

El 26 de abril de 1991, una semana después de su detención, Walter Bulacio murió en el sanatorio privado y, desde entonces, el operativo del 19 de abril de 1991 en el estadio Obras dejó de ser una razzia más entre tantas, para convertirse en "la noche que se llevaron a Walter". Una pared quedó como fiel testigo de la brutalidad ocurrida dentro y fuera de la comisaría, donde un graffiti rudimentario, en la sala de menores, rezaba: "JORGE, WALTER, KIKO, ERIK, LEO, NICO, NAZARENO, BETU Y HECTOR. CAIMOS POR ESTAR PARADOS. 19/4/91".

Todo lo demás fueron denuncias, acusaciones y juicios para dar con los responsables, en su mayoría personal y autoridades policiales, que hicieron enlutar una jornada de euforia y alegría para un grupo de jóvenes que sólo querían ver a sus ídolos musicales.


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