lunes 5.12.2016 - Actualizado hace
Boxeo
11 | 08 | 2016
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Boxeo fantasma

Gustavo Nigrelli
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Por Gustavo Nigrelli


Una avalancha de festivales boxísticos incomprobables aparece de la nada tras cada finde en lugares ignotos, con personas ignotas, y autoridades o promotores irrastreables vía internet, que se dan por buenos y hasta se convalidan periodísticamente en algunos casos. Y además se mezclan con repentinas reapariciones de ex púgiles retirados hace una década. ¿Realidad o trampa virtual?

Mágicamente, tras cada fin de semana aparecen en la página de boxrec.com –referente en materia de estadística del boxeo mundial-, una serie de peleas en nuestro país, que no estaban anunciadas antes, ni subidas a ningún lado, ni siquiera en  la mencionada web.

Pero de la noche a la mañana, cual aparición Divina, uno se encuentra con una veintena o más, desparramadas en media docenas de festivales en distintos puntos del país -generalmente en el Conurbano-, que da la sensación de que a nadie les interesaría informar, ni siquiera a los organizadores.

Como si, contrariamente a lo que se acostumbra y la lógica indica, desearan pelear prácticamente a puertas cerradas y no quisieran que se enterara nadie.

La pregunta es cómo lo organizan en lo económico, sin TV, ni público, ni prensa. Y la otra pregunta es cuánto les pagan a los boxeadores, o mejor dicho, si les pagan, en cuyo caso de dónde sacarán la plata.

Aunque uno quisiera averiguarlo, se hace imposible, porque en su gran mayoría son púgiles desconocidos, sin licencia FAB –se ignora si tienen alguna otra y de qué organismo de contralor-, que terminan siendo conocidos simplemente por la periodicidad de sus combates y la reiteración de los nombres. Pero no poseen licencia siquiera amateur, ni paso por el amateurismo tradicional.

De tanto en cuando -en algunos festivales-, mezclados entre ignotos apellidos, aparecen púgiles federados, algunos que otros con licencias ya canceladas por la FAB por baja performance, o por temas de edad.

Hay otros que reaparecen tras 10 años de inactividad, siendo ya veteranos, y también una minoría con licencia oficial aún vigentes, pero que la FAB los cancela por haber combatido bajo otras reglas sin dar aviso, es decir, en festivales considerados "truchos".

Lo que llama la atención no son estos últimos casos, sino los otros, los desconocidos. Porque aunque uno quiera investigar, los nombres que figuran allí como autoridades, ya sea jueces, árbitros, promotores, o los mismos púgiles, son inubicables. Imposibles de rastrear por caminos naturales y periodísticos, o de "googlear", ya que –curiosamente- no poseen ni Facebook, ni Twitter, ni figuran en red social alguna. Qué extraño.

Es más; hasta pelean los domingos, donde se efectúan festivales de hasta 8 ó 10 combates. ¿Serán ciertos? ¿Le constará a alguien "ubicable" y "creíble", como para hacerle algunas consultas?

La cuestión es que en boxrec aparecen. Y más aún, hay veces que hasta se les da crédito en algún medio escrito o televisivo, como si tuvieran entidad.

Por ejemplo, Christian "el Relámpago" López, de 41 años y cancelado definitivamente por la FAB, peleó el mes pasado contra Julio Esteban Martínez (43 años y 10 inactivo, hasta que reapareció en marzo de este año e hizo 6 peleas en 4 meses, 4 de ellas en julio). Fue en algún lugar de Capital Federal, pero no se precisa en dónde. ¿Por qué?

Se supone que todo combate organizado en CABA debe ser controlado por la Comisión Municipal de Box. Al menos, así son las reglas que le hacen cumplir a la FAB y al resto de los deportes, y se supone que nadie tiene coronita.

Ahora bien; lo más extraño es que quien figura como promotor de tal velada es ¡el propio Christian López!

O sea, fue el promotor de su propia pelea, algo que luce de mínima, éticamente incorrecto. Y el inspector fue Facundo Simal, boxeador en actividad.

El Relámpago, el de record más "vendible", ganó dicha pelea por puntos en 4 rounds, y a los pocos días viajó a Australia a combatir por el título oceánico interino de la AMB, donde PKO 3. ¿Qué tendrá que ver un argentino con Oceanía, para pelear por un título de allí?

La AMB no ayuda demasiado a regular la actividad, pero más allá de eso, allí está la respuesta a los motivos por los cuales se organizan tales veladas, más allá de si son reales o no, y de si cobran o no. Y el por qué no se anuncian previamente, ni interesa que se sepan.

Este es apenas un caso testigo. Pero por ejemplo, el finde del 9 de julio hubo 41 combates de esta naturaleza. El domingo 10 –feriado largo-, uno de 7 peleas en Morón –tampoco se aclara en qué Club-. El 24 de julio, 4 festivales en CABA, sin decir dónde. Y así...

Nombres como Carlos Fabián Ambrosetti Rampoldi (promotor), o la árbitro Gabriela Kiss, asiduos intervinientes en tales espectáculos, son irrastreables por Google, Facebook, o Twitter, como si fueran fantasmas en esta sociedad. Y eso que Kiss dirigió nada menos que 6 peleas este último finde. ¡Seis peleas! Vaya que se ganó bien el pan.

Cualquier mujer estaría dichosa de ello –aunque humanamente es insalubre y está contraindicado- y lo divulgaría por cuanta vía pudiera. Es raro que, justo ella, no.

A esto se le suman las reapariciones de Eduardito Álvarez, con 41 años y 11 de inactividad. De Darío Galíndez (el hijo de Víctor Emilio), con 45, que estuvo 11 inactivo, reapareció en 2014 y este año ya lleva hechas ¡8 peleas! De Rodolfo Rolón, de 42 y 13 inactivo, con 4 repentinas peleas en un mes. O de Gustavo Kapussi, de 42 y 5 de inactividad.

Como si resucitaran súbitamente, los fondistas del pasado -ya retirados hace años, por edad, por baja performance, por lesiones, cancelados, etc-, de pronto a los 40 y pico vuelven, más activos que nunca, revitalizados, unos para inflar records, otros como voraces ganadores, y algunos como ambas cosas.

¡Atención, señores. Nos invaden! Entre fantasmas y reapariciones, no sabemos si estamos en la versión reality del "regreso de los muertos vivos" o en "Pesadilla XIII". Pero de seguro que algo anormal está pasando en una parte, ya no del boxeo argentino, sino de la sociedad -específicamente la deportiva-, usando al boxeo. Sin que unos se den cuenta, otros no se quieran dar, o peor aún, como si fuera natural.

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