sábado 1.10.2016 - Actualizado hace
Boxeo
01 | 09 | 2016
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Boxeo bizarro

Gustavo Nigrelli
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Por Gustavo Nigrelli


Mientras el sábado pasado “La Bonita” Bermúdez y Emanuel Peralta dejaban en alto el pugilismo argentino con victorias de visitante, acá adentro pasaban cosas boxísticas diametralmente opuestas, también televisadas, organizadas por la WPC, y que conviene aclarar para no confundir al espectador. Insólitamente, tal entidad está legalmente aprobada y reconocida por la IGJ.

Boxeo bizarro
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Al mismo tiempo en que por otras pantallas se estaban disfrutando imágenes desde México y California de lo más destacado del boxeo argentino del finde, con "La Bonita" Bermúdez y Emanuel Peralta como protagonistas -vencieron como visitantes a "La Barbie" Juárez y a Robert Guerrero-, paradójicamente aquí contrastaba una velada televisada desde Casilda, Sta Fe, organizada por la WPC (Comisión Mundial de Pugilismo), una entidad emergente, que posee legalización de la IGJ (Inspección General de Justicia) para organizar combates y otorgar licencias.

A través de la pantalla que popularizó a "Amigacho" y a "Zulma Lobato" –entre otros- la misma anunciaba "títulos mundiales" y otros combates a 8 y 6 rounds entre desconocidos púgiles locales y extranjeros, preferentemente de Ecuador y México, más uno de Nigeria en categoría pesado.

El hecho de por sí resulta extraño, ya que la entidad con sede en Buenos Aires (barrio de Caballito), no posee siquiera un ránking mundial, algo indispensable para arrogarse la osadía de seleccionar a los contrincantes para disputar un título.

Y lo más absurdo aún –si es que pudiera haberlo- es que la WPC también otorga licencias y títulos argentinos, algo así como que los organismos internacionales como el CMB o la AMB tuvieran campeones propios pero a nivel nacional además de mundial.

O se es una entidad internacional, o se es nacional. Ambas cosas resultan incompatibles federativamente. Es como aunar a la FIFA y a la AFA en una sola y que la primera organice nuestro fútbol de 1ª división.

Pero hete aquí que tampoco tienen un ránking argentino como para organizar sus títulos y mostrar sus campeones y retadores.

La entidad encierra a su vez vacíos legales en su reglamento, tales como no estipular edades mínimas y máximas de los púgiles para la práctica del boxeo, y ni siquiera se habla de equivalencias, es decir, puede enfrentarse un chico de 8 años con un abuelo de 70, mientras estén dotados de requisitos físicos y técnicos –según la WPC-. Y puede hacerlo un debutante contra un veterano de 100 peleas.

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En la transmisión, que por momentos se quedó sin audio, otras sin imagen, e incluso cortó la definición de una pelea y nunca se supo quién ganó ni cómo, más allá del nivel de los púgiles, se cometieron contradicciones como que el anunciador presente un combate como título latino, y después los periodistas lo rectificaran como título mundial, sin ser las autoridades designadas para esa tarea.

Se consagró "campeón" bajo esas reglas el mexicano Javier "El Demonio" Martínez al vencer por puntos en 12 rounds al ecuatoriano Jorge Saquinga, teóricamente en categoría supermosca, aunque la página de records boxrec.com da a uno de ellos con peso de gallo.

Otro "campeón" consagrado fue el ecuatoriano Luis Singo, de 41 años –quien mejores condiciones boxísticas exhibió- que venció por KOT 3 al mendocino Adrián Dimas Garzón, púgil de 40 años y 10-21-0, 1 KO, que tiene 13 derrotas en sus últimas 15 peleas, y que desde noviembre de 2015 está cancelado definitivamente por la FAB.

Llama la atención que una entidad que dice manejar el 70 % del boxeo argentino, para tales menesteres deba apelar a púgiles extranjeros y apenas a uno de nuestro país, de 40 años y tan escaso nivel.

Sería bueno conocer además, si así como la WPC organiza títulos argentinos, lo mismo hace en los demás países con sus coronas nacionales y bajo qué criterios.

Pero siguiendo con la velada de Casilda, y con lo que mostró la TV, se presentó como máxima atracción a un pesado nigeriano de 28 años, de físico alto y escultural, que participó en los JJOO de Beijing 2008, y que marcha invicto como profesional en 12-0-0 (11 KO), llamado Onoriode Ehwarieme.

Lo extraño es que de esas 12 peleas el nigeriano hizo 9 en 2013, todas en Ghana y siempre ante perdedores sin ninguna victoria. En un sólo caso con 1 y en otro con 2. Las 3 peleas restantes las realizó a lo largo de 6 años.

El sábado por fin enfrentó a alguien de record positivo como el bonaerense de 39 años Julián "Chiquito" Ruiz (10-7-1, 7 KO a favor y 6 en contra), perdedor por KO 1 de Matías Vidondo, por KOT 3 de Ezequiel Zárate, y por KO 1 de Maxi Sosa, entre otros.

En un match programado a 6 vueltas, Onoriode -que mostró técnica precaria y asincronía de movimientos-, lo venció por KO 3 con una extraña mano en el cuello –vaya lugar inédito-, en la zona de la carótida, donde señalaba Ruiz que le dolía como si hubiesen intentado degollarlo.

Fueron estas algunas de las bizarras alternativas que se observaron en la velada de Casilda, que contribuyeron a opacar aún más la imagen del boxeo en general, especialmente para aquellos desprevenidos que ignoran de qué se trata la WPC.

Una entidad de la que sin ir más lejos acaba de descubrirse que hizo pelear a púgiles con la licencia de un muerto (asesinado hace 10 años en Concordia), y de otros retirados hace varios años que están alejados de la práctica del boxeo y ni enterados de que los están "programando" otra vez  con 43 años, tema que se está investigando y que se tocará más adelante.

No obstante, este organismo (WPC) es "legal". Está reconocido por la Inspección General de Justicia, y por ende habilitado para hacer todo esto. La culpa nunca la tiene el chancho, sino quien le da de comer.
 
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