viernes 9.12.2016 - Actualizado hace
Tenis
27 | 11 | 2016
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Orsanic, de la nada a la gloria: un ex doblista armador de grupos

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Su carrera como jugador no tuvo trascendencia. Sin embargo, armó un grupo unido, le reconoció el liderazgo a Juan Martín del Potro y tomó decisiones puntuales que le dieron la Copa Davis a Argentina.

Orsanic, de la nada a la gloria: un ex doblista armador de grupos
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La historia de Daniel Orsanic es la de uno de esos personajes secundarios que, un día, se convierte en el capitán de la gloria. En su segundo año como líder del equipo argentino, hizo lo que nunca nadie jamás logró: conducir a un grupo de tenistas argentinos a ganar la Ensaladera de Plata. A saldar la gran cuenta pendiente de este deporte. 

Zurdo, nacido en Buenos Aires, no tiene un gran éxito deportivo en su carrera. Jamás superó la primera ronda de un Grand Slam como jugador. Ni siquiera alcanzó a colarse entre los cien primeros del ranking. En dobles, en cambio, fue un especialista. Estuvo en el puesto 24 del escalafón mundial y ganó ocho títulos. Se retiró en el '98 en el ostracismo, entre sombras, en una época en la que el tenis no era un deporte de atracción.

Desde entonces, se dedicó a entrenar jugadores. Orsanic siempre fue lo mismo: un trabajador del tenis. Sin nombre, sin pergaminos, sin trayectoria. Trabajó con Juan Pablo Guzmán, con José Acassuso, con Luis Horna, con Pablo Cuevas, con Thomaz Bellucci. Desde abajo, lejos del top ten, cerca del esfuerzo.

En mayo del 2014, asumió como director de desarrollo en la Asociación Argentina de Tenis. Encabezó un plan que buscaba que los chicos lleguen al circuito con mayor roce, con una preparación mejor. Sin embargo, entre líneas, había otro mensaje: la AAT buscaba que, lentamente, se transforme en el sucesor de Martín Jaite, en aquel entonces capitán del equipo de Davis. Orsanic no se parece a Jaite. Mientras Jaite dirigió con un perfil más alto, Orsanic se escondió detrás del grupo. Se encolumnó. Es que la AAT, con su designación, buscaba algo concreto: tentar a Juan Martín del Potro para que vuelva a integrar el equipo. De buen vínculo con el tandilense, Orsanic lo consiguió. Del Potro comenzó un regreso lento. Primero acompañó algunas series desde afuera. Después, acomodó sus calendarios con la Davis como eje. Orsanic siempre le abrió las puertas del vestuario. Le consultó sobre algunas decisiones álgidas.

Pero el mayor éxito es haber logrado la unidad del grupo. Armó un núcleo sólido. Limpió a Horacio Zeballos —peleado con Del Potro, sin jerarquía, se dedicaba a criticar desde afuera—, le dio confianza a Federico Del Bonis —lo convirtió en el segundo singlista—, incorporó a Guido Pella a la selección. Todos se enfocaron en lograr el gran éxito: la Copa Davis. Pero sabían que debían dejar brillar a Del Potro, fortalecerlo, mimarlo.

La humildad de Orsanic, la tranquilidad con la que vive los partidos, la visión estratégica para, entre otras decisiones, poner a Juan Martín del Potro a enfrentar a Andy Murray en Glasgow el primer día, funcionaron como una batuta para una orquesta perfecta. El final es apoteótico. Argentina consiguió la Copa Davis. Y Orsanic, convertirse en capitán de la historia en conseguirlo.

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