Laura:
Hola doctor Manes, lo felicito por sus libros, sus artículos y sus reportajes. Quería preguntarle cómo hace el cerebro para tomar decisiones.
Hola Laura, gracias por sus palabras y por el interés en estos temas. Como dije en la columna del domingo anterior, la toma de decisiones es un proceso complejo en el que interactúan los procesos emocionales y procesamientos más lógicos. La evaluación de la situación es un primer paso. Tenemos que seleccionar y organizar la información. Para ello, el cerebro utiliza "etiquetas" emocionales que se imprimen en los pensamientos y las experiencias almacenadas en la memoria. Así, cada recuerdo es "etiquetado", calificado. Cuando volvemos a vivir una situación similar, podemos decidir rápidamente porque tenemos la información útil que necesitamos. El valor y la intensidad con los que clasificamos la información influyen en su disponibilidad. Esto explica la facilidad con la que se accede a ella al momento de buscarla y hace que el proceso de búsqueda resulte más eficiente y rápido. Después de comprender la situación y contar con un análisis de las opciones, es necesario valorar cada una de esas alternativas para reflexionar acerca de cuál es la más conveniente.
¿Se pueden evitar las decisiones equivocadas?
Es una pregunta interesante, Analía. Es posible identificar que en algunos casos los errores se deben a fallas en la atención y la concentración. En otros casos, es fundamental la práctica y el entrenamiento. El manejo de la tensión emocional también ayuda a prevenir errores.
Carlos:¿Hay enfermedades que alteran las decisiones que se toman?
Una condición patológica que involucra la toma de decisiones se produce a causa de la alteración en ciertas áreas del cerebro que se encargan de controlar los impulsos, pensar y planificar el largo plazo. Entonces, cuando toman decisiones, estas personas privilegian la recompensa inmediata, aunque su consecuencia tenga impacto negativo a mediano o a largo plazo. Hay un caso decisivo que permitió estudiar esta patología. Es el caso del joven ferroviario estadounidense, Phineas Gage. Era un hombre trabajador, confiable, eficiente, equilibrado y capaz; hasta que sufrió un terrible accidente laboral en el que una barra de hierro atravesó su lóbulo frontal. Tras la recuperación, su personalidad había cambiado completamente y de manera permanente. Se convirtió en alguien impulsivo y desinhibido que elegía siempre opciones riesgosas e irresponsables. Sus decisiones eran desventajosas: no consideraba las consecuencias negativas de sus acciones, solo podía pensar en el beneficio presente.