Nunca pensó que podía ser actor, simplemente porque le daba vergüenza subir a un escenario. Luego de una larga vida prestigiosa “por prepotencia de trabajo, honradez y éxito”, sigue actuando con más pasión que el primer día
Por MARCELA KORZENIEWSKI
Carlitos Balá forma parte de nuestra infancia, de nuestras primeras risas frente al televisor, de la leche con galletitas a la vuelta del colegio.
Un grande de la historia de la televisión y un personaje entrañable, quien a sus 85 años sigue haciendo las mismas bromas que lo hicieron famoso, porque le salen del alma. “Dame la mano. Blrlrlrlrlrlrlrlr”, dirá inflando y desinflando el cachete izquierdo al comenzar la entrevista. “¿Y sabés cuál es la última? La Z”, dirá al cabo de la misma.
Alejado de la televisión desde hace ya varios años (hizo algunas participaciones en ciclos de ficción), Carlitos sigue trabajando. Hace shows unipersonales en boliches y fiestas privadas en cualquier parte del país. Con él lleva el chupetómetro y la correa de Angueto, su perro invisible, dispuesto a revivir los mejores momentos de su carrera.
“Vienen a verme los chicos que eran hinchas míos ayer. Me hacen cantar ‘Aquí llegó Balá’, ‘La Carrindanga’, todas las canciones mías que quieren volver a oír. Es un recuerdo hermoso”, afirma feliz.
Es que Carlitos se está transformando cada día más en una leyenda. Porque esas generaciones que se rieron con él, hoy miran hacia atrás y ven crecer su figura en la nostalgia del recuerdo. “Yo sembré mucho y ahora estoy cosechando. Hoy, el público vuelve a mí”, dice el inventor del gestito de idea y del ‘ea-ea-ea-pe-pé’.
Comienzo tardío
-Usted empezó su carrera de grande, ¿por qué?
-Sí, yo ya tenía 30 años. Todo lo que hago ahora, lo hacía a los 12, 13 años, pero no me animaba a subir a un escenario. Yo no hacía ni un versito en el colegio, no era capaz de nada. Ni ‘la cena está servida’. Mi timidez no me dejaba.
-¿De qué trabajaba entonces?
-Hice de todo: fui cobrador de libros, repartidor, chofer. Eso sí, siempre haciéndome el cómico.
-Cuenta la leyenda que, haciéndose el cómico, hacía que vendía lápices en la línea 39 y que un día lo ve un integrante de “La revista dislocada”, quien lo contacta con Délfor para entrar a Radio Splendid...
-No, no fue así. Claro, se fue tergiversando todo. Cómo será que se tergiversa todo que decían que yo vendía lapiceras en el colectivo. Y yo nunca vendí nada en el colectivo porque no tuve la necesidad. Hacía que vendía para hacerme el gracioso.
-¿Cómo fue entonces que llegó a “La revista dislocada” -un hito de la radiofonía argentina-?
-Porque me llevó una vedette que andaba de novia con un muchacho amigo mío. Ella sabía de las cosas que yo hacía por la calle y un día le pregunta a mi amigo: ‘¿no le gustaría ser artista?’. ‘No, porque le da vergüenza subirse a un escenario’. Pero ella insistió: ‘Traelo, lo invitamos a cenar y lo veo, a ver qué es lo que hace’. Pero yo no quería agarrar viaje y ella, contra mi voluntad, se puso de acuerdo con Délfor y (Aldo) Cammarota, que eran los dueños de “La revista dislocada” y me citaron un jueves en Radio Splendid. Ahí di el examen. Y debuté en marzo del ‘55.
-¿Cuando empezó, ya soñaba con trabajar para los chicos?
-No. Yo siempre fui un cómico limpio. A mí me encasillaron como cómico de niños, pero yo me considero un cómico de la familia. Por ejemplo, Petronilo no es un personaje para los chiquitos, es un personaje para la familia. Para los chiquitos puede ser El pibe maleducado, el de ‘mamá, cuando nos vamos’, pero lo ven los grandes también...
El descubridor de Sofovich
-O sea que lo de los chicos se fue dando...
-El chico se fue entregando a mí. Porque yo tenía un programa que se llamaba “Balabasadas” donde había un muñequito que se llamaba Balabacín, y el chico se atrajo con eso. Ahí fue que le dijimos al libretista ‘mirá, escribí más para los chicos’. Pero yo siempre fui el cómico para la familia. (Gerardo) Sofovich, por ejemplo, debutó conmigo como libretista de una comedia.
-¿Cómo fue eso?
-Cuando yo me voy a Canal 9, después de “La dislocada”, Y que me separo de Balá-Marchesini-Locati (famoso trío cómico de entonces), el productor me dice ‘¿tenés libretista Balá?’. ‘No’, le digo. ‘Yo tengo todos estos’, y tenía arriba del escritorio una torre de libretos. Y entre los dos elegimos a Gerardo Sofovich para hacer una comedia (“Balamicina”). Al año me llaman de Canal 13 debido al éxito y de ahí no me moví (en Canal 13 hizo “El soldado Balá”, “El flequillo de Balá”, “El clan de Balá”, “El circus show de Carlitos Balá”, “El circo mágico de Carlitos Balá” y “El show de Carlitos Balá”, paralelamente a una fructífera carrera cinematográfica con la saga de Canuto Cañete, las películas con Palito Ortega, con las Trillizas de Oro, etc.).
-¿Le gustaría volver a la televisión?
-Si me sirven todo, sí. Ir a hacerme mala sangre, no. Yo soy un tipo que si te digo ‘quiero un sillón Berger’ y me traés una silla de Viena, ya me joroba. Me gusta todo bien hechito. Y a veces pasa en la televisión que, con el apuro, ‘y bueno, dale, total...’.
-¿Qué quisiera hacer?
-Una comedia, vale decir, hacer yo lo que otros no hacen. Cuántas veces me han traído una película y les digo ‘esto lo puede hacer cualquier actor, no me llames a mí porque a lo mejor te salgo más caro yo. Vos haceme un libreto de acuerdo a mi personalidad’.
Lo que falta en la tele
-¿Qué cree que está faltando en la televisión actual?
-No hay más sketches como “La tuerca”, todas esas audiciones lindas que le daban trabajo a los actores, al libretista...
-¿Por qué piensa que hay un vacío en ese aspecto?
-Porque no se les da. Y porque son celosos los canales. Si uno hace algo en un canal, el otro es celoso y también busca hacer algo parecido.
-¿Siente que en los últimos años hay un movimiento muy grande alrededor de su persona, como una revaloración de su figura?
-Sí, una vez yo dije: ‘si quieren hacerme un homenaje, háganmelo ahora en vida. Después, ya no me interesa’. Y ahí empezó. Se acordaron. Y como yo no voy a ningún lado, muchos se habrán creído que yo me retiré: ‘ya está viejo, Balá se retiró, no trabaja más’. Y yo trabajo. Hago eventos, aniversarios, un unipersonal de una hora y media. Hago entretenimiento con los chicos grandes. Lindo...
-¿Qué lo motiva a salir a los boliches a los 85 años, de noche, a hacer sus shows?
-Me encanta. Lo que no hice cuando tenía vergüenza y timidez, hoy es la venganza mía. Pero yo soy un tipo de vocación cómica, soy un tipo feliz haciendo reír a otro.
-¿Es cierto que sigue haciendo un concurso de dibujos para tomar la leche con usted?
-Sí, ya está por terminar uno. El que gana se viene a tomar la leche conmigo a la hora de la merienda, con su familia. Es un concurso que organizo por Facebook (donde tiene más de 150.000 seguidores).
-¿Cómo hace para estar tan bien a los 85 años?
-Me cuido. Si está fresco, no salgo. No me gusta tomar frío. Cuando empieza el calorcito, ya empiezo a caminar. También me cuido en las comidas. Si como un chorizo o una morcilla, es cada tanto. No soy de comer cosas grasosas.
-¿Cree que el público infantil cambió de su época a ahora?
-En el caso mío, no creo. Yo agarro un pibe y le digo ‘¿Cómo te va? Fru,buru,buru’. Y ya está conmigo el pibe. Es como un humor universal.