A la hora del poder, con Grondona las cosas estaban claras: él lo tenía y el resto no. De a poquito, cada uno va por su conquista en AFA pero nadie tiene siquiera la mitad más uno y, de a ratos, entre ellos mismos se van demostrando terrenos ganados.
Fechas atrás, mientras el presidente de River presentaba la nueva camiseta en Palermo y despotricaba con el cambio de horario que ponía a su equipo a jugar a las 21.30, en la vereda de Viamonte el vice de Independiente Noray Nakis salía a correr su camioneta mal estacionada y contestaba con sapiencia armenia lo que sabía respecto a la polémica: "A las nueve y media de la noche, papá ¿cuál es la duda?".
Rodolfo D'Onofrio declaraba en paralelo a varios medios sus intenciones de modificar el horario y logró que el Comité Ejecutivo deje en suspenso los horarios de toda la octava fecha y se le otorgaron 24 horas para intentar cambiar el horario. El ex presidente de Armenio y segundo de Moyano en el Rojo tenía todos los papeles sellados antes de que el Millonario empezara a patalear.
Para distinguir qué dirigentes tienen bien agarrado el mango de la sartén, hay que sentarse en el bar frente a la AFA y mirarlos entrar. Llegan a deshora, aunque nunca más de 20 minutos de la hora pautada para la reunión de Comité Ejecutivo, los que son más conocidos. Crespi aborda a los gritos y aminora la marcha para hablar con los periodistas y tribunear un rato. La camioneta de Angelici estaciona en la puerta y él baja por el portón lateral y, apurado como si le cerrara el banco, entra sin hablar un segundo.
Casi a la misma hora llegan Patanian o D´Onofrio, quienes todavía paran unos minutitos igual que Matías Lammens, aunque el clon de Tinelli tiene la particularidad de responder lo mismo: que está apurado y no tiene tiempo. Noray Nakis es una excepción, porque suele llegar temprano y hasta presencia el sorteo de árbitros.
El presidente de Racing, Víctor Blanco, da por lo general dos notas antes de entrar, aunque el horario corra. Ellos son los que invitan a terceros "un feca" mientras se sortean los árbitros, sin importar si ya se tomó lista en la reunión de comité.
En cambio, los que llegan entre las 18.30 y las 19 son los que probablemente sean únicamente reconocidos por los hinchas del club que presiden. "Acá te demorás en el ascensor y te duermen", admitió el presidente de un club del conurbano, que se presta al diálogo al término de las reuniones, nunca antes.
Un directivo de otro cuadro centenario de la misma región –el más antiguo en pie, según jactan- no se pierde nada: está antes que ninguno, siempre ofrece notas, rota de cafés según la ronda, escucha atento el árbitro que le toca a su equipo y cinco minutos antes de las 19 sube las escaleras para estar en la sala de reuniones a tiempo.
Sin mirar el reloj pero también a tiempo, entra una comitiva que encabeza un dirigente de un club del interior –el único en primera de su provincia, rica en fútbol-, siempre secundado por los titulares de dos que son clásico y dividen una ciudad que no es capital de provincia, junto al vice de un club metropolitano que ganó todo lo posible en los 90. No llegan temprano ni a destiempo, pero siempre juntos. Son los Federales que marcan territorio en AFA y quieren mover la sartén, aunque algunos dicen que sólo saben usar el filo: "porque rompen los huevos".