La palabra Iberá está formada por dos vocablos de la lengua guaraní: I, que significa “agua” y “berá”, brillante. Es decir que en su traducción al castellano significa “agua que brilla”, nombre que le dieron sus primeros pobladores al asombrarse con el inmenso brillo que emana de la superficie, lo que es claramente visible durante la aurora o el anochecer.
Esteros del Iberá, al igual que el Delta del Paraná, fue considerado durante mucho tiempo como una zona inhóspita e inaccesible. Sin embargo, a partir de los trabajos del naturalista francés Alcides D’Orbigny, que se convirtió en el precursor de las exploraciones y estudio de su flora y fauna, comenzó a despertar el interés del turismo, primero nacional y después internacional, especialmente hacia fines del siglo pasado.