¿Las victorias del Canelo Álvarez son tal como se cuentan? Dudosas a veces, extrañas otras -como ante Saunders por KOT 9-, son potenciadas sin control.

Siempre queda un sabor amargo tras sus peleas. La credibilidad sobre el Canelo Álvarez, vaya a saberse por qué –teorías sobran- disminuye en forma directamente proporcional a su fama y a sus triunfos, como pocas veces se recuerde en la historia, aunque cada vez se lo confiese menos en voz alta.

Quizás él no lo sabe –o sí-, pero entró en una maquinaria que lo ha usado como conejillo de Indias.

Y aunque el último sábado unificó cinturones -tenía el supermediano AMB y CMB y le sumó el OMB al vencer por KOT 9 al británico Billy Joe Saunders-, las sospechas por las formas, los momentos, el acting, la puesta en escena y todo lo que rodeó a la velada en sí -incluyendo marketing, prensa, y varias etcéteras-, siembran dudas inocultables en el atónito espectador común, que no se atreve a oponerse a la apabullante avalancha discursiva que se unifica para envolver las mentes y los sentidos.

Por si fuera poco, fue ante más de 73.000 espectadores en el estadio AT&T de Arlington, Dallas, lo que estableció un récord de público histórico bajo techo para un evento deportivo, y millones de personas que lo siguieron por la plataforma de internet DAZN, que tiene contratado al Canelo como su principal caballito de batalla, por una fortuna.

Saunders no salió al 9º después de recibir un uppercut diestro del mexicano que impactó en su pómulo derecho. Una mano común y corriente, como tantas miles en la historia del deporte de los puños, que se ven más de una vez por pelea.

¿Estamos todos locos o chicatos, que nos perdimos todo lo que nos cuentan? Los efectos que dicen que produjo ese golpe sinceramente no lo hemos visto. Que repitan las imágenes (que se difunden a cuentagotas por redes, brevemente, y no son de dominio público ya que hay que contratar DAZN para tener acceso) a ver si ante gente neutra, honesta y sensata, pueden sostener tales fantasías sin ponerse colorados.

Las imágenes revelan un leve hematoma -lesión común y corriente en el boxeo- en un grado incipiente, y el ojo abierto de Saunders que lo cerraba voluntariamente al recibir la plancha anti inflamatoria. Nada más. Ni siquiera un cortecito.

Pero uno escucha y lee cosas como: “le cerró el ojo”, “tremenda herida”, “impactante”, “lesión catastrófica”, “brutal oleada de golpes” –entre otras exageraciones-, y se siente un idiota que no llegó a apreciar bien. Un salame que gastó plata y se perdió el final. Y ante la duda, lo acepta, a regañadientes consigo mismo.

Luego vienen las infos de fuentes extraoficiales, como páginas de internet: “fractura del hueso orbital”, “múltiples fracturas en la cara”, “deberán operarlo”, “ya lo operaron”, “no podrá volver a los rings por un largo tiempo”, sin el respaldo de ningún médico o cirujano que haya intervenido – algo también fraguable, si somos realistas-.

Empecemos por lo último: con los 5 palos verdes que ganó Saunders, a sus 31 años de edad, nadie lo extrañará si no vuelve, o tarda. Ni siquiera él mismo se apurará, ni extrañará los rings, eso es seguro. Si hubiese perdido por puntos y se hubiese ido a su casa, seguramente tardaría lo mismo en regresar –si lo hiciera-, no antes de 1 año, tiempo recontra suficiente

Fue al hospital, claro. Suele suceder por rutina. Es casi un rito cuando alguien pierde antes del límite. ¿Cuál es la novedad?

Saunders abandonó la pelea porque él quiso, no por consejo del rincón, ni del médico de turno, que ni se vio que haya subido a revisarlo siquiera. Visualmente nada hacía suponer una fractura.

Recordamos peleas como las de Chico Corrales y José Luis Castillo, rostros ensangrentados, mandíbulas rotas de Alí, de Frazier, los duelos Prada-Gatica con huesos partidos, Firpo que subió fracturado ante Dempsey, la batalla Yanni-Saldaño, El Cirujano Ortiz que ganó una pelea con el brazo izquierdo solo, Arturo Gatti con los ojos (ambos) en compota -en serio-, Leonard con desprendimiento de retina noqueando a Hearns, Galíndez con la ceja abierta 12 rounds ante Richie Kates, Coggi lo mismo ante Eder González, El Roña Castro desfigurado ante John David Jackson, miles, miles… Y Saunders retirándose del ring ante 73.000 personas porque le pegaron una piña en el ojo sin hacer un rouncito más.

Lo curioso es que últimamente la mayoría de las definiciones del Canelo vienen después de un buen momento de su partenaire, como sucedió ante Kovalev, por ejemplo, como para dejar conformes a todos.

“El rey va desnudo”, dijo un niño de corta edad en la fábula del Rey Desnudo, que cuenta cómo dos charlatanes que se hacían pasar por sastres habían convencido a todo el mundo de que fabricarían un vestido al rey con una tela especial que sólo los tontos no podían ver.

Por supuesto, el vestido no existía, por eso nadie lo veía. Pero por temor a las burlas, tampoco lo confesaban. Al contrario; lo elogiaban. Hasta que escucharon al niño, al que primero quisieron hacer callar. Mas prontamente el murmullo se convirtió en grito cuando por lo bajo todos coincidían con él.

DAZN posee un poder comunicacional, y por ende, de convicción mucho mayor que unos charlatanes. Abarca una masividad con penetración mundial. No es un diario, ni un canal de TV, cable, radio o satélite. Es una plataforma universal que tiene tantos abonados y potenciales clientes como hogares en la tierra. Y cero competencia, más que los sentidos de los que aún podemos ver y creer entender por nuestros propios medios.

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