Décimo round. Un Sergio Martínez con el rostro ensangrentado y la rodilla izquierda dolorida apenas atina a levantarse del banco. Pablo Sarmiento le indica al árbitro que la pelea se terminó. El combate contra Miguel Ángel Cotto significó para el púgil argentino un momento bisagra y el comienzo de una etapa de reflexiones sobre su futuro.
Durante la madrugada argentina, agradeció a amigos, felicitó a Cotto y de inmediato aclaró: "Y ahora se viene un período en el que descansaré y reflexionaré con los míos sobre lo que se viene".
Martínez no quedó bien físicamente desde aquella épica pelea contra Julio César Chávez en la que ganó el título mediano del Consejo Mundial de Boxeo y muchos menos luego de vencer al británico Martin Murray, donde defendió ante 40.000 personas el cinturón. Sus manos y rodillas están maltrechas y en el Madison Square Garden le pasaron factura al púgil de 39 años.
"Dos o tres asaltos atrás venía viendo que no estaba bien y es mi decisión, yo se lo que he hecho, yo no voy a dejar golpear a Sergio. Él más que un boxeador es mi hermano, mi amigo, es todo... Tomé la decisión que tuve que tomar y me hago cargo de todo", contaba Pablo Sarmiento sobre la determinación que coronó al rival, quien lo volteó tres veces en el primer round.