El boxeo argentino hoy es una sinusoide con altos y bajos, según el momento y los rivales a los que cada cual enfrente, por lo que las figuras no terminan de consolidarse. El mejor ejemplo es que el último finde perdieron dos promesas como Alberto Palmetta y Juan Carrasco, ex Cóndores y de la Selección argentina, ante dos desconocidos.

Sucedieron cosas que no pasaron inadvertidas en el boxeo casero el último fin de semana.

Tanto el viernes como el sábado -en Punta del Este uno y en Villa Gobernador Gálvez, Sta. Fe, el otro-, perdieron dos de las máximas promesas del pugilismo nacional por proyección y madurez, en sendos festivales repletos de jóvenes valores, que son el claro recambio de la camada que se está yendo, o ya se fue.

Si bien en cualquier deporte ganar o perder está en el menú y no es patrimonio de nadie, lo curioso es que ambos cayeron por KO: el bonaerense Alberto “Beto” Palmetta por KO 5 en Punta del Este, y el mendocino Juan Carrasco por KOT 7en Gálvez.

Ambos ex Cóndores, y en el caso de Palmetta, ex representante olímpico en Río 2016.

Lo hicieron ante ignotos que fueron netamente de punto: el primero ante el cordobés Gonzalo Coria, de 20 años y 10-1-0, 4 KO, que dio el batacazo tras ir perdiendo todas las vueltas, estar cortado y haber caído en el 4º ante el Beto, que venía invicto en 6-0-0, 2 KO, manejado por el Team Maravillabox, promotor de la velada.

El segundo fue ante el local Miguel Acosta, de 26 años, casi un perdedor de 7-6-1, sin KO a favor, quien le cerró el ojo derecho a Carrasquito –manejado por Osvaldo Rivero, también promotor del evento-, hasta que el árbitro Adrián Maganini le paró la lucha en el 7º por recomendación del médico de turno.

La magnitud de la sorpresa habla del prestigio que mal o bien se ganaron Los Cóndores, integrantes del equipo argentino que intervino en la WSB de la AIBA, pese a que mayormente eran derrotados por enfrentarse a los máximos exponentes del boxeo mundial a nivel amateur, que en ciertos países es tan fuerte como el profesional, porque sus carreras son rentadas, bancadas por empresas o Estados en forma encubierta.

Se suponía entonces que púgiles que vienen de esa elite, en sus primeras peleas en el boxeo pago deberían arrasar.

Lo que extraña es que tanto uno como otro podían perder en AIBA ante cualquiera, pero siempre por puntos y en duelos parejos.

Y sin ir más lejos, en el caso de Palmetta, venció tres veces en terreno AIBA a uno de los top mundiales y olímpicos como el venezolano Gabriel Maestre, una de ellas en un pre-mundial y de visitante.

¿Qué sucedió entonces? ¿Están involucionando? ¿En AIBA hay menor nivel? ¿O es que en la FAB seleccionan mal y dejan afuera a los cracks?

Quien haya seguido las carreras de uno y otro, aún con la mirada más bondadosa advertiría que Palmetta al menos no evolucionó como rentado.

Y parecido suele pasarle a todos quienes pasan de un terreno a otro: el envión del amateurismo les sirve para sus primeras salidas profesionales, pero luego decaen poco a poco, ya sea por pelear más espaciadamente, o por aburguesarse pensando en que les alcanza con lo que traen, máxime con los accesibles rivales que les ponen. ¿Les hacen un bien o un mal?

Al Beto se lo ve grueso, retacón, rocoso, tipo tanque. Sin plasticidad para su boxeo cerebral y heterodoxo exento de pegada. Su físico actual atenta contra el estilo que lo llevó a los JJOO.

Distinto es el caso de Carrasco, que es un púgil de ataque. Pero se parecen en que ni uno ni otro evolucionó técnica ni físicamente, y eso tiene que ver más con lo de abajo que con lo de arriba del ring.

¿Cómo puede ser que Acosta –el vencedor de Carrasco-, en sus 14 peleas no había noqueado a nadie y lo hizo justo contra él, aunque fuese por KOT? Eso es lo alarmante.

¿Se podrá confiar en esta camada como se suponía? ¿Estará bien retenerlos tanto tiempo en el amateurismo y luego bajarles de golpe el nivel de oposición?

El sábado 16 de diciembre “debuta” en el profesionalismo convencional –más allá de sus 6 peleas en la APB de la AIBA- Alberto “Impacto” Melián en la FAB, quizás la estrella de la camada, en un exigente duelo contra el salteño Diego Santillán, de 23-2-0, 15 KO, ex retador mundialista. Veremos cómo le va y sacaremos conclusiones. Melián sí empezará alto.

No obstante, todo tiende a insinuar que la generación que le sigue -la de los “20”-, apunta mejor.

Sin ir más lejos, en la noche de Punta del Este donde perdió Palmetta, dejó buena impresión el fondista Matías Romero, un cordobés de 21 años que venció por puntos al mexicano Alexis Reyes.

Y en la que perdió Carrasco –la de Gálvez-, el fondo estuvo a cargo de la Cobrita Andrea Sánchez que a sus 27 años y sus escasos 8 combates profesionales, demostró que pese a su victoria ante la mexicana Nancy Franco, aún está verde para un título mundial como el que pretendía capturar vía FIB -donde marcha 1ª-, y que la FAB le denegó por una regla interna.

Discontinua, errática, imprecisa, endurecida, con piernas pesadas y movimientos torpes, la Cobrita sólo mostró evolución en la fuerza de sus golpes, que no poseen eficacia por la carencia de velocidad, técnica y exactitud.

En cambio, la local Evelyn Bermúdez, de 21 años, hermana de La Bonita –campeona mundial- con apenas 4 peleas mostró todo lo contrario.

Para ella es fácil todo lo que para la Cobrita parece difícil: entrar y salir pegando sin recibir sólo con movimientos de torso, afirmada en el piso. Bailotear para encontrar su mejor distancia, que depende de su antropometría y la de la rival, eligiendo los mejores ángulos de disparo según los blancos ofrecidos.

Plasticidad de movimientos, limpieza técnica, justeza y a la vez pegada con combinaciones, variedad y cantidad, a tal punto que pese a pegar seguramente menos fuerte que la Cobrita, venció por KOT 6 a su oponente, la pampeana Laura Salazar, dando una exhibición. Ella sí está para campeona mundial, pese a tener 5 peleas apenas.

Ambas son de la misma división (minimosca), y del mismo promotor (Rivero), quien seguramente jamás las enfrentará, como si les hiciera un bien. Y tienen tanto que aprender la una de la otra, tanto por crecer y emularse, que esquivarse suena ridículo y está lejos de sumar.

Con la mentalidad que impera en nuestro boxeo, a las pendientes se las quiere saltear rodando en vez de trepando. Y así, pensando en multiplicar, no se dan cuenta que dividen.

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