Entre las irregularidades cada vez más imparables de la FIB y su repentino romance con el boxeo argentino, más las rígidas leyes del boxeo, urge la necesidad de flexibilizar cosas para poder concretar peleas. ¿Mal necesario, abuso, o realidad inevitable?

Hasta hace unos años, e históricamente, Argentina no tenía trato boxístico –ni político- con la FIB.

La FIB era el organismo prohibido, el que sólo operaba con yanquis y aledaños. El organismo elitista que aplicaba las reglas a rajatabla, máxime después de haber sido intervenida judicialmente en 1999 por corrupción, por aceptar sobornos para manipular ránkings, tras lo cual renunció -y luego fue preso- su presidente Robert Lee, además de su hijo –el vicepresidente- y gran parte de su Comité Ejecutivo.

Aquí solo se mantenían relaciones primero con la AMB –en la época de Tito Lectoure-, luego, tras el cierre del Luna Park, con el CMB -no muy fructíferas-, y más tarde abiertamente con la OMB, por la afinidad existente entre sus dirigentes y la FAB, en especial con el presidente puertorriqueño, Francisco Paco Valcárcel.

Pero la FIB era el organismo "duro", presidido de 2001 a 2010 por una mujer -Marian Muhammad-, quien a su vez había sucedido a otra, la yanqui Hiawatha Knight, reemplazante de Bob Lee en 1999, condenado a 22 meses de cárcel, por ser encontrado culpable de los 32 delitos de corrupción que se le imputaron.

Sin embargo, tras un "golpe de estado" orquestado por el actual presidente FIB, Daryl Peoples, junto al actual director de Campeonatos Mundiales, Lindsey Tucker, Marian Muhammad fue relevada súbitamente de su cargo en una Convención en 2010, acusada de hacer pagos indebidos a familiares, que -ella explica-, fueron a su hijo y a su nieto, para limpiar las oficinas y otras tareas.

También "cayó" por considerarse "injustas" algunas designaciones de oficiales de ring.

Pero la razón central fue que estaba llevando a la FIB a la bancarrota, ya que había operado el último año con un déficit de 300.000 U$, cosa que ella reconoció.

Es que bajo su mando el organismo obligaba a cumplir la ley estricta, sin privilegios ni concesiones para nadie, con plazos y quita de títulos. Nada de pelear "a dedo", ni rankear por amiguismo, por nombre, o para cobrar un arancel.

El organismo no reconocía el boxeo femenino, ni contemplaba títulos regionales.

Pero a partir de 2010, curiosamente, con la nueva dirigencia y la llegada al Comité de Clasificaciones Mundiales del argentino radicado en USA, Aníbal Miramontes, no sólo se incluyó todo eso, sino que se flexibilizaron las reglas y mejoraron de pronto las relaciones con nuestro país.

A tal punto, que ahora todos los títulos en disputa aquí son casi exclusivamente de la FIB: latinos, Internacionales, Interamericanos, y hasta mundiales.

Y los rankings, es decir, el criterio de su confección, dejan bastante que desear -si es que se respetan-.

El pasado sábado, en Peyrano, Sta Fe, hubo un latino superligero FIB entre dos argentinos: Sergio Gil, un novel que sólo había llegado a pelear a 6 rounds hasta entonces, vs Alejandro "Pato" Gómez, de 13-22-5, que ni en el ránking argentino está, y llenó el hueco de apuro. Es más, en principio iba a estar en juego el ligero, pero el Pato gracias si daba 63,500 kg, lo que obligó al cambio.

La FIB igual aprobó todo y sancionó el latino superligero como algo natural. Es decir, la cosa volvió a ser parecida a la época de Lee, pero con más carpa por conveniencia mutua, y sin necesidad de sobornos.

En la misma reunión, la local y campeona ligero FIB, Victoria Bustos, peleó a 6 contra Natalia del Valle Aguirre –la escurridiza y virtuosa hija del Tommy Aguirre, ex triple rival de Marcelo Domínguez-.

Fue a 6 porque la FAB no permite que mujeres de menos de 15 peleas peleen por un título mundial –Aguirre tenía 8 peleas-, pero más que nada porque a la FIB se le escapó y no la tenía rankeada.

En ese caso, ¿la hubiesen sancionado como titular, al igual que cuando peleó la propia Bustos contra Ana Esteche, 2º y 3º del ránking, aunque ninguna habilitada por la FAB por poseer menos de 15 peleas?

Lo sorpresivo -o no tanto-, fue que la campeona perdió por puntos –también había perdido el año pasado contra Aguirre-. Es que la hija del Tommy es buena en serio y boxea suelta a lo Naseem Hamed.

El tema es que fue dentro de la categoría ligero, donde reina Bustos. El año pasado, a Yesica Bopp le dibujaron los pesos contra la azteca Jessica Chávez para que no diera minimosca, y así evitar que la AMB y la OMB le sacaran los títulos si perdía.

Anunciaron 100 gr de más para acusar mosca, aunque luego en el ring ni los leyeron -a propósito-. Bopp perdió, y la Chávez hoy es la campeona silver minimosca del CMB, título que estuvo en disputa esa noche. Una perla que se anotó el Consejo.

El promotor Osvaldo Rivero discutió afirmando que aunque no haya título en juego, si un púgil pierde una pelea en el peso donde es campeón mundial, pierde la corona. Y dijo que eso era así siempre y en todos los organismos. ¿La perderá entonces ahora Bustos?

Más allá de todo, ¿qué hará la FIB? ¿Rankeará a la Aguirre? –hay 4 puestos libres-. ¿Y qué hará la FAB si se hace una revancha por el título, siendo que Aguirre cuenta con apenas 9 peleas -con la del sábado-? ¿Su medida de las 15 peleas es efectiva, o le salió el tiro por la culata?

Lo que realmente se ve, es que respetando reglas el boxeo se muere. ¿No habrá llegado la  hora de flexibilizarlo? En la época de las despenalizaciones, lo que antes era pecado hoy es leche materna. ¿Será además un modo de combatir la corrupción el día en que pueda pelear cualquiera contra cualquiera? De ser así, habrá que ver a qué puerto lleva esta liberación.

 

 

 

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