Del estudio se desprende que, de la otra mitad, al 23% no le gusta el fútbol, y el 22% restante no quiere que Brasil gane. A su vez, en febrero, la revista había publicado otra encuesta realizada a 4.350 brasileños, según la cual solo un 11% consideraba que la Copa del Mundo dejará una imagen positiva de su país.
"Hace cuatro años había mucho más ambiente", explicó a El País Pedro Trengrouse, asesor de Naciones Unidas y profesor de la Fundación Getulio Vargas. "El Gobierno no se ha preocupado por la inclusión del pueblo en la Copa. Primero, vendió como obras del Mundial infraestructuras de transporte que no tienen nada que ver con la Copa, generando muchas expectativas. En segundo lugar, los brasileños experimentan una privación relativa: muy pocos tienen entradas para los partidos, no participan de la fiesta. El Gobierno prometió de más y entregó de menos. La consecuencia es un clima de desánimo, de frustración".
El consumo tampoco parece haber arrancado y los comerciantes cariocas repiten que el movimiento económico es menor que hace cuatro años, a pesar de que esta vez la Copa se juegue en su propia casa.
La agencia de calificación de riesgos Moody's advirtió hace meses de que el Mundial de fútbol tendría un impacto "poco duradero" sobre la economía de Brasil. Según la consultora inglesa Capital Economics, el impacto del aumento de consumo sólo significará entre un 0,1% y un 0,2% del PIB nacional. Estos datos contrastan con un estudio publicado por la fundación Getulio Vargas y la consultora Ernst & Young en 2010, cuando Brasil rezumaba optimismo y euforia, a tenor de que el "impacto económico potencial" del campeonato llegaba a los 143.000 millones de reales (44.000 millones de euros) y resultaría en la creación de 3,6 millones de empleos directos e indirectos.
Edson Paulo Domingues, profesor de Economía de la Universidad Federal de Minas Gerais, afirma que el número total de empleos generados por el torneo es de 300.000, apenas un 10% de las cifras que también maneja el Gobierno. "Las estimaciones de los informes de consultoría encargados por el Gobierno utilizan metodología menos sofisticada, y además suelen estar inflados", señala Domingues: "Todos los países anuncian impactos muchos mayores que los observados".
Brasil es un país gigantesco, y en algunas ciudades (como Salvador de Bahía) el entusiasmo es más perceptible que en las metrópolis de Río de Janeiro y São Paulo. En regiones menos desarrolladas que albergarán partidos (como Natal, Manaos o Cuiabá) "la infraestructura era mucho peor y el Mundial dejará un legado más relevante", asegura Domingues.