El autor reflexiona sobre los sentimientos humanos positvos y negativos y la necesidad de controlarlos para ser mejores personas.

Hay en la esencia humana un maravilloso instrumento de creatividad, desarrollo espiritual y armonía social que es el amor. Amor no es sólo una palabra conmovedora, ni una expresión de deseos, ni sinónimo de momentos lindos. Amor es compromiso existencial y trascendente, construcción perseverante y responsable que requiere de actividad permanente. Amar implica construir cada momento, lo que produce efectos sobre quien ama, en el amado y aún en todos aquellos sobre los que – de un modo u otro – se extiende el vínculo.

De la misma manera, cada uno de nosotros cuenta con tres terribles y destructivas herramientas. Se trata de los celos, la envidia y el odio. Es posible determinar el grado de evolución de una persona, conociendo si estas emociones están o no activas en su personalidad.

Cada una de ellas, según la intensidad que adquiera, puede constituir graves cuadros psicopatológicos que requieren –para su sanación– la intervención profesional de psicólogos o psiquiatras. Sin embargo, en la mayoría de los casos lo que se estima necesario es practicar un entrenamiento mental (reprogramar el psiquismo) que lleve a la persona a hacer desaparecer las causas por las que celos, envidia u odio, existentes en su vida cotidiana.

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Otelo es el personje creado por William Shakespeare que protagoniza el drama generado por los celos

Otelo es el personje creado por William Shakespeare que protagoniza el drama generado por los celos

Los celos

No hay celos sanos. Los celos implican inseguridad, lo que evidencia una baja autoestima. En el amor no hay celos. El sentimiento de amor no incluye la necesidad de apropiarse del otro; antes bien busca dar la más absoluta libertad de acción al ser amado. Donde prevalecen mentira, censura, represión o engaño, el amor se ha extinguido.

Hoy en día es común que a las relaciones sexuales se las llame ¨hacer el amor¨. Error. No porque tenga lugar un acto sexual esto asegura que existe relación amorosa. Más todavía: el amor requiere de una intensa y continua actividad racional –consciente– por parte de los involucrados, sin la cual la pasión es insuficiente como único sostén de la relación amorosa.

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En la mitología romana, la diosa de la Envidia, regía los celos y la venganza

En la mitología romana, la diosa de la Envidia, regía los celos y la venganza

La envidia

La envida es el deseo de que el otro pierda lo que ha obtenido así como la búsqueda de tener lo que el otro posee, pero sin hacer el esfuerzo que aquél necesitó para obtenerlo. La envidia es producto de personalidades miserables, consciencias cobardes y psiquismos inmaduros.

Tampoco hay envidia sana. Lo que sí puede haber sano es la búsqueda por emular las acciones de otro para tener iguales o mejores logros.

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Neonazismo: odio en su máxima expresión

Neonazismo: odio en su máxima expresión

El odio

El odio no es el opuesto del amor. El opuesto del amor es la indiferencia. El odio, en cambio, implica la existencia real y fuerte de un vínculo con el objeto odiado. Es una forma negativa o desarmónica –por llamarla de algún modo– del afecto. En quien odia hay sentimientos de impotencia para lograr los objetivos que se ha propuesto. Por ejemplo: alguien busca olvidar una mala experiencia de pareja, pero no consigue sacar de su cabeza al otro; entonces – sin proponérselo conscientemente, claro – surge el odio.

Seguramente, y por lo arraigados que estos sentimientos están en la especie humana, puede afirmarse que todos los hemos conocido en algún momento. Pero una cosa es una manifestación transitoria (que a fin de cuentas hasta puede ser una experiencia sana, como lo es un repentino enojo) y otra muy distinta una presencia permanente en la consciencia que tiñe cada una de las conductas del individuo.

Cuanto más diluidos se encuentren en nosotros los celos, la envidia y el odio, mejores personas seremos, más simple nos será alcanzar los objetivos positivos de vida y mejores serán los vínculos que habremos de establecer con nuestros seres queridos y la comunidad toda.

Antonio Las Heras es doctor en Psicología Social, magister en Psicoanálisis, filósofo y escritor. www.antoniolasheras.com

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