La cerveza helada como bebida elegida para consumir durante una tarde de verano o en una cena al aire libre en una noche calurosa son una imagen que se suele representar para describirla, aunque hay ciertas variedades de este producto que se pueden consumir con otras temperaturas y que resultan ideales para el invierno.
Aunque la cerveza nace en la antigüedad como alimento, aprovechando sus propiedades nutricionales y valor energético, se consolida como bebida comercial en los países del norte de Europa, principalmente en Bélgica, Alemania, Inglaterra e Irlanda.
Estos países se caracterizan por largos y crudos inviernos, y cortos y no tan calurosos veranos. Por lo tanto, como es de esperar, no todas las cervezas se beben heladas.
La cerveza que posee más cuerpo y estructura es ideal para beber en invierno a temperaturas de nueve a 18 grados centígrados, donde podrá expresar mejor sus aromas.
Al ingresarla en la boca a mayor temperatura, favorecerá la percepción de los sabores dulces. Este dulzor es necesario para lograr el balance con los amargos, aportados por el tostado de los granos y el lúpulo.
Estas cervezas normalmente son las negras como Porter o Stout, o cervezas más complejas y con más alcohol como la Barleywine.
Son elaboradas en su mayoría con cebada, que primero se maltea y luego se tuesta hasta obtener el sabor y estructura deseada.
Dichas cervezas, logran un gran cuerpo y untuosidad junto a una complejidad aromática que abarca desde notas a café, chocolate y especias, hasta caramelo y dulce de leche.
Además de ser ideales para beber “un poquito menos frías”, son excelentes para nutrir al cuerpo con sus cereales tostados y para mantener el calor del cuerpo en invierno.
En cuanto a su maridaje, las cervezas de invierno son acompañantes ideales para un carré de cerdo al horno con vegetales o un mil hojas de papas a la crema.
Uno de los ingredientes con los que maridan de maravillas son los woks de pollo, carne de cerdo o vacuna con salsa de soja o teriyaki donde se resaltarán las notas que poseen en común y le darán complejidad por los aromas y sabores propios de cada uno. Como maridaje ideal surgen los quesos semi-duros o duros, que le aportará una nota de sal que la hará destacar en boca.
En realidad, los diferentes sabores y aromas que brinda la cerveza permite encontrar una variedad ideal para cada plato de invierno, guisos de porotos, lentejas y chorizos, carne al horno con papas y porque no, en un exquisito postre de chocolate o una torta de café.
Sólo basta con equilibrar ambas partes de acuerdo a cada gusto y preferencia.