Muchas personas creen que dejando de comer harinas van a bajar de peso y así se pierden muchos alimentos como una porción de pizza, un plato de pastas o una tostada en el desayuno. La nutricionista Laura Romano explica que no es todo tan así y que fundamentalmente el secreto está en la cantidad que consumimos o la combinación de harinas con otros ingredientes.

En los últimos tiempos es muy común escuchar a varias personas que nos dicen que dejaron de comer harinas para bajar de peso o sentirse mejor. No es que bajaron la proporción de consumo de harinas, directamente dejan de comer todo aquello que las contenga. Entonces, se niegan a una porción de pizza, a un plato de pastas, a una tostada en el desayuno y hasta a una porción de tarta.

¿Eso es bueno? ¿Hace bien a la salud? ¿Permite de verdad bajar de peso? Hay mucho mito alrededor de esta tendencia que se ensañó con el pan nuestro de cada día y que nos lleva a replantearnos nuestra alimentación. Porque si vamos a ponernos estrictos, gran parte de lo que comemos tiene algo de harina: las milanesas o los nuggets en el rebozado, las empanadas en su masa, los alfajores en su masa, etc. “Hay una confusión enorme porque hay gente que te dice que dejó las harinas y come galletas de arroz o panqueques de avena. A la avena, si la procesamos, es harina de avena. Y las galletas de arroz están hechas con harina de arroz. Entonces, se confunde a los carbohidratos en general con la harina blanca. Hoy se sabe que la harina blanca tiene un efecto similar al azúcar, que no es saludable porque genera picos de glucemia. Al no tener fibra, el cuerpo la absorbe rápido y eso hace que, si comés mucha cantidad, te puede hacer engordar”, explica Laura Romano, Licenciada en Nutrición.

Pero el mito no sólo tiene que ver con esa confusión sino con otras cuestiones como la cantidad que consumimos o la combinación de harinas con otros ingredientes: “Tanto con el azúcar como con la harina blanca, si comes moderadamente no pasa absolutamente nada -aclara Romano-. Después está el tema de la combinación de esas harinas, porque le echamos la culpa a la harina pero la harina es sólo el disfraz. Las cosas de panadería tienen harina blanca, azúcar, grasa y sal. Es la peor combinación posible. No son los carbohidratos, es la mezcla de carbohidratos con sal, grasa y azúcar, que es lo que tu cerebro quiere en un mismo alimento. Eso pasa con los snacks y con las galletitas, que tienen sal y azúcar para que te genere esas ganas de seguir comiendo”.

El problema no está entonces en la harina en sí sino en qué tipo de consumo hacemos de ella. “Si vos comés harina y hacés una pasta de harina blanca sin ponerle siquiera sal, no tiene gusto a nada. Hay estudios con ratas a las que les ponen azúcar, por un lado, y grasa, por el otro, y no engordan. Pero cuando se las combinan, engordan. La gente que dice que dejó las harinas, en realidad, se la pasaba comiendo galletitas, facturas, pan, bolitas de grasa y cosas del kiosco. Entonces, claro, dejaron las harinas y bajaron de peso porque dejaron de comer toda esa porquería”, revela.

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La calidad de las harinas es un aspecto fundamental a tener en cuenta. No es lo mismo la harina blanca que la harina integral. Y no es lo mismo la harina integral que se puede conseguir en las dietéticas que la harina integral del supermercado. “Las mejores harinas son las integrales. La blanca es la menos saludable. Dentro de la integral, también hay varias versiones. La del súper es harina blanca mezclada con salvado, entonces tiene menos fibra. La fibra retrasa la absorción de los hidratos, hace que el intestino los digiera mucho más lento, entonces pasa más lento el combustible a la sangre, te mantiene más tiempo lleno y hace que no llegue toda la energía de golpe”. Para saber si la harina es rica en fibra o no, hay que mirar la tabla nutricional en el ítem “fibra”. “Si dice 0 a 1, es muy poquito. Más de 3, 4, eso ya es harina integral”.

Finalmente, la cantidad de harina que comemos es el factor que marca el límite entre lo que nos hace o no engordar. “Banco a muerte un pan integral para el desayuno o la merienda pero no para acompañar la comida. Salvo que el pan sea parte de la comida. Si vos tenés una porción de pasta y la acompañás con pan, ahí tenés una doble porción de carbohidratos. Ahora, si tenés un sándwich de carne o de pollo, el pan es parte de tu plato. No es lo mismo, estás comiendo tu carbohidrato que es el pan, y la proteína que es la carne. Eso también pasa con la masa de la tarta o con las fajitas. Mi consejo es comer un poquito menos de lo que podés llegar a comer. Si comías 6, tenés que comer 5. Con este hábito, yo mantengo mi peso desde hace 10 años. En el 80 me cuido y me guardo los gustos para el 20”.

PIZZA DE POLENTA

Ingredientes:

1 paquete de polenta.

Salsa de tomate, a gusto.

Queso cremoso, por salut o mozzarella.

Tomates cherry.

Se necesitará:

Papel manteca o aceite.

1 pizzera.

Preparación:

Cocinar la polenta según indica el paquete. Luego, estirarla redonda o cuadrada en una pizzera cubierta con papel manteca o bien aceitada.

Dejarla descansar descubierta así se forma una capa seca por encima de la pizza. Darla vuelta, de manera que la parte seca quede del lado de abajo.

Armar la pizza a gusto (yo le puse salsa de tomate, queso y tomates cherry). Llevarla al horno fuerte hasta que esté crocante y se haya derretido el queso.

CANASTITAS

Recetas para las canastitas de puerro y champiñones:

Ingredientes:

400 g de puerro.

400 g de champiñones.

2 huevos.

3 cucharadas soperas de queso untable light.

100 g de jamón cocido natural (opcional).

6 discos de empanadas.

1 chorrito de aceite de oliva.

Preparación:

Saltear los puerros cortados en rodajas con un chorrito de oliva. Si se pegan, agregar un poco de agua o caldo. Cuando se ablanden, agregar los hongos cortados en láminas y cocinar unos 5 a 7 minutos, revolviendo. Condimentar con algún mix de hongos, pimienta, etc. ¡Para mí, son clave esos mix de condimentos que tienen todo! En un bowl grande, mezclar los huevos con el queso y el jamón. Agregar las verduras. Mezclar bien. Rellenar las canastitas y llevar al horno precalentado unos 30 minutos (pueden ser 25 o 40, dependiendo del horno).

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