Ser vegano no es sólo una orientación culinaria. Es una filosofía de vida que parte de posicionarse en contra de la explotación animal. A diferencia del vegetariano, que no come carnes, el vegano tampoco consume derivados de origen animal como manteca, huevos, queso o yogur, y no utiliza ropa ni cosmética que en su elaboración contengan componentes animales.
Quien decide ser vegano, no lo hace por comer más saludable. Esto es, en todo caso, una consecuencia secundaria de cambio de hábitos, aunque muchos nutricionistas -en especial los más ortodoxos- insistan en que se trata de una dieta incompleta. Además del respeto hacia los animales, se respeta el medio ambiente. Por eso, se prefieren los productos libres de agrotóxicos y sustentables. También legumbres, cereales, frutas y verduras, azúcares y harinas integrales por sobre las refinadas, y alimentos naturales por sobre los industrializados. “El veganismo es un acto de libertad que anula la idea de que la vida de los animales nos pertenece”, señala Macarena Araujo, chef de “Estilo veggie”, espacio de cocina consciente ubicado en el barrio de Palermo.
“Hay mucho prejuicio con respecto al veganismo. Está el que piensa que es una alimentación incompleta y también existe un miedo social de que ser vegano es caro o difícil, o que tenés que estar todo el día cocinando. Y no es así. Con dedicarle una hora por día, ya está. En mi caso, tengo la posibilidad de cocinar en casa porque soy cocinera y me gusta cocinar. Pero mucha gente no ve como prioridad dedicarse una hora a cocinar, en ese caso hay un montón de emprendimientos que ya te venden la comida hecha y quizás te sale más barato que en el supermercado. Las almendras, por ejemplo, salen 50 pesos los 100 gramos y con esta cantidad obtuve 1 litro de leche vegetal”.
En esta nota, la cocinera nos comparte tres recetas veganas que forman parte de la carta del restaurante y que, más allá de la ideología de cada uno, están destinadas a todas las personas curiosas -veganas o no- que busquen alimentarse mejor y con mayor consciencia. Los hongos Portobello con crema de castañas son una preparación crudivegana. “Dentro del veganismo, hay distintas ramas, y una de ellas es el crudiveganismo. El crudivegano se alimenta a base de vegetales crudos. En esta receta, la base de la crema son las castañas de Cajú, fruta seca que contiene un alto contenido de aminoácidos”, explica Macarena. Puede ser una entrada original o un plato principal si se lo acompaña con una ensalada.
Existen también posturas divergentes entre los veganos. Están los que buscan crear platos totalmente originales, que no imiten recetas omnívoras. Y los que buscan la versión vegetal de clásicos como hamburguesas, lomitos, chorizos o salchichas. Un ejemplo es la receta de la salchicha tipo Viena que se elabora con féculas y tofu -alimento hecho a base de porotos de soja con alto contenido proteico-. Para darle el gustito ahumado característica, se utiliza un caldo apto vegano que se comercializa en los grandes supermercados.
De la torta vegana hay que destacar que su elaboración es completamente diferente de la elaboración de las tortas de la pastelería clásica. Acá no hay manteca, ni huevos, ni crema. Como resultado se obtiene un postre más saludable, con menor contenido calórico, más liviano y no menos delicioso. “Para la torta elegí productos cotidianos, pero si queremos hacer otra versión, se puede reemplazar la harina 0000 por harina integral extra fina, y el azúcar blanco refinado por azúcar integral o azúcar mascabo”, indica Araujo.
El veganismo es un movimiento que no permanece ajeno a las críticas y a la polémica. Días atrás, activistas veganos fueron noticia por golpear los vidrios de una conocida pizzería de la calle Corrientes y también de una parrilla, y de escribir consignas como “carne es muerte”.
Ante estos sucesos, la cocinera dice: “Fue en el marco del Día Internacional del Veganismo. Yo fui a la concentración, fue súper tranquila. Habrá sido un grupo de 5 ó 6 chicos que tuvieron algún tipo de inconveniente, pero en la mayoría de los reclamos sociales siempre hay una minoría que tiene otro tipo de pensar y se ve tapado el reclamo inicial con eso porque hay gente a la que no le gusta saber que hacemos este tipo de concentraciones más que nada para elevar la voz de los que no tienen voz que son los animales. Entonces, no juzgo pero tratemos de ver más allá”, concluye.
Ingredientes:
350 g de castañas de Cajú hidratadas.
1 pizca de sal.
1 pizca de cúrcuma (se puede obviar, es sólo para dar color).
1 pizca de pimienta de Cayena.
1 pizca de pimienta negra.
100 cc de aceite de coco (a temperatura ambiente).
200 cc de agua.
1 diente de ajo (sin brotes).
15 hongos Portobello.
Preparación:
Mixear todos los ingredientes en la licuadora hasta obtener una pasta cremosa. Colocar en un bowl y refrigerar 1 hora para que el aceite de coco solidifique. Rinde 400 gramos. Limpiar los hongos Portobello con un papel absorbente para eliminar restos de tierra. Retirarles el cabito y rellenar con la crema de castañas en el hueco que quedó donde se sacó el cabito. Acompañar con ensalada.
Ingredientes: 400 g de gluten puro, 40 g de pan rallado, 80 g de fécula de mandioca, 250 g de tofu, 1 cdita de sal, 1 cda de colorante vegetal rojo (ó 100 g de remolacha cruda sin cáscara), 2 sobres de caldos de sabor en polvo de panceta y hierbas apto vegano, 650 cc de agua. Preparación: en una licuadora, colocar 250 cc de agua junto con el tofu y el colorante, procurando que no queden grumos. En un recipiente, colocar todos los ingredientes secos e ir añadiendo la preparación líquida que realizamos en el inicio. Ir añadiendo el resto del agua hasta lograr que se haya integrado por completo. La mezcla debe tener una textura pastosa pero que permita manipularse. Colocar la mezcla en una manga. Colocar papel film en la mesada e ir disponiendo con la manga una tira de la mezcla. Enrollar y atar con hilos para dar forma de salchichas y cocinar en una olla con agua hirviendo por 40 minutos. En caso de hacer jamón, enrollar 500 gramos de la mezcla en papel film y cocinar por 1 hora igual que las salchichas.
Ingredientes:
Para un molde de 18/20 centímetros.
Para el bizcochuelo: 300 g de harina leudante, 300 cc de leche de cualquier leche vegetal (por ejemplo, de almendras o de castañas de Cajú), 200 g de azúcar integral (se puede reemplazar por azúcar blanca común), 150 cc de aceite de girasol, 100 g de cacao amargo.
Para la crema de chocolate: 300 cc de leche de almendras, 2 cdas de cacao en polvo, 2 cdas de almidón de maíz, 180 g de azúcar integral o azúcar blanco común.
Para decorar: Frutos secos a gusto.
Preparación:
Del bizcochuelo: en un bowl, colocar el azúcar con el aceite y mezclarlos con una espátula. Agregar el cacao y la harina a esta mezcla, tamizándolos previamente para que no se formen grumos. Mezclar nuevamente con la espátula hasta que quede formado un arenado. Luego, agregar la leche en dos partes para que no se formen grumos. Aceitar y enharinar el molde. Hornear durante 35-40 minutos.
De la crema de chocolate: en un bowl, colocar todos los ingredientes y mezclar hasta que se obtenga un líquido sin grumos. Llevarlo a cocción a fuego medio en una olla, revolviéndolo constantemente para que no se pegue durante 10 minutos.
Armado: una vez que tenemos el bizcochuelo frío, cortarlo en dos capas. Entre medio de las mismas, rellenarlo con la crema. También podemos cubrirlo con la misma. Para decorar queda bien cualquier fruto seco.